sábado, 20 de noviembre de 2010

Númeroo 12. Lo que uno siembra es lo que recoge

En Las meriendas del Úrculo,  Evelyn  recuerda que su madre, allá en Ecuador, le decía: «Lo que uno siembra es lo que cosecha» y eso le sirvió a ella para seguir progresando en la vida y seguir estudiando.

Si algo caracteriza a los refranes frente a otros elementos léxicos, es que con frecuencia se recuerda también la circunstancia en la que se aprendieron, la primera vez que se oyeron, quién los dijo, el lugar, las circunstancias...; los refranes son tremendamente evocadores, y qué duda cabe de que cada vez que Evelyn oiga alguna de las variantes de este refrán, la figura de su madre volverá amorosamente a ella.

Antes que un refrán propiamente dicho, la frase que hoy nos ocupa fue un principio ampliamente aceptado, casi una tautología, una verdad de Perogrullo, cuyos antecedentes muchos encuentran en la Biblia:
Os digo esto: El que siembra escasamente, escasamente cosecha; y el que siembra a manos llenas, a manos llena cosecha (2 Corintios, 9.6). 
Nuestros clásicos, bajo el genérico y difícil Como sembraredes, cogeredes, nos dejaron algunas redacciones antológicas como estas del Guzmán de Alfarache: 
Mi hacienda hice; de balde compra quien compra lo que ha menester. A los más de la redonda también repartí algunos escudos por dejarlos a mi devoción y contentos a todos. Con lo cual, viéndome afable, franco y dadivoso, me acredité de manera que les compré los corazones, ganándoles los ánimos, que quien bien siembra, bien coge (Guzmán de Alfarache, II, libro II, cap. VII).
o esta otra:
Ganar amigos es dar dinero a logros y sembrar en regadío. La vida se puede asegurar para conservar u amigo y la hacienda se ha de dar para no cobrar un enemigo, porque es una atalaya quien que con cien ojos vela, como el dragón, sobre la torre de su malicia, para juzgar desde muy lejos nuestras obras. Mucho importa no tenerlo, y quien lo tuviere trátelo de manera como si en breve hubiera de ser su amigo. ¿Quieres conocer quién es? Mírale el nombre, que es el mismo del demonio, enemigo nuestro, y ambos son una misma cosa. Siembra buenas obras, cogerás fruto dellas, que el primero que hizo beneficios forjó cadenas con que aprisionar los corazones nobles (Guzmán de Alfarache, I, libro II, cap. V).
Empleado, normalmente, en sentido positivo  en sentido positivo, es decir para aconsejar la buena siembra, suele aparecer también con frecuencia en textos en los que se recoge el fruto de una mala acción, de una omisión, o simplemente de algo sin mayor importancia, pero que con el tiempo se ha vuelto en contra del causante. Veamos, como ejemplo, la manera en la que Carmen Sotillos, la protagonista de Cinco horas con Mario, reprocha a su marido el que no fuera partidario de llevar luto, resultando que su hijo mayor tampoco quiere ponerse el traje para el duelo:
por más que tu hijo tampoco parezca comprenderlo, que ahora te toca recoger lo que sembraste, buena agarrada tuvimos, que me saca de quicio ese chico con sus impertinencias, ya ves, su padre de cuerpo presente y él con su suéter de mezclilla, como si nada (Cinco horas con Mario, cap. VII).
 Donde siembras, recoges, pero ¿por qué será que hablando de sembrar y recoger casi todo el mundo recuerdo que quien siembra vientos recoge tempestades?

martes, 4 de mayo de 2010

Número 11. No hay dos sin tres

En principio, este refrán supersticioso se aplicaba mayormente a las desgracias. Se creía que si algo malo había ocurrido dos veces en un corto lapso de tiempo, era ineludible que ocurriera una tercera. Más tarde el refrán empezó a aplicarse a las cosas buenas de la vida y en este sentido es fácil encontrárnoslo hoy en día, como lo prueba el siguiente comentario festivo publicado en El País (07/03/2010) a cuenta de los prolegómenos de la ceremonia de entrega de los Oscar: 
Hoy hemos visto en acción a una perdedora y a una ganadora. La primera, Penélope Cruz, tiene pinta de disfrutar de esa categoría. Sabe que no va a rascar en los Oscar y por eso, asegura, está disfrutando más el momento. Mo'Nique es una rival muy grande para el resto de sus competidoras, y bien harían como Cruz: si no me toca, que me quiten lo bailado. Como además ya lo tiene, y no hay dos sin tres, allá va otro refrán: miel sobre hojuelas.
Sin embargo, el número tres no es intrinsicamente malo, al contrario. Exceptuando el uno, que uno no es ninguno, el primero de los números primos e impares constituye no solo un símbolo primordial en muchas culturas sino que además, según dice otro refrán, es el mejor de los números: Los números nones son los mejores, y el número tres el mejor de todos es.

Otro aspecto positivo del número tres lo encontramos en la frase de ánimo, también con sus tinte supersticioso, de A la tercera va la vencida, con la que solemos animar a otros cuando no a nosotros mismos.

Tres son los lados del triángulo, tres las personas de la Santísima Trinidad, tres los Reyes Magos, tres las pruebas que han de vencer los héroes de los cuentos, tres las hijas de Elena y tres hijos o tres hijas suelen ser los protagonistas de muchos cuentos...

Hablando de cuentos, cuando algo nos ha gustado mucho animamos al cuentacuentos a que nos cuente un tercero: «Venga que no hay dos sin tres», pero también es verdad que cuando algo no nos gusta nos pueden decir aquello de ¿No quieres caldo?, pues toma tres tazas. 

Bibliografía:

Sevilla Muñoz, Julia y María del Carmen Ugarte García (2008): «Supersticiones y fraseología en Castilla» en Supersticiones y fraseología. Coord. Julia Sevilla Muñoz y Antonella Sardelli. Madrid: Universidad Complutense, Grupo de Investigación UCM 930235 Fraseología y Paremiología. CD-ROM.

lunes, 26 de abril de 2010

Número 10. El que quiera azul celeste, que le cueste

Refrán relativamente reciente, pero que goza de gran popularidad, aparece recogido por Sbarbi en su libro póstumo Gran diccionario de refranes de la lengua española (1922). La Academia lo incluye en el Diccionario de 1925:
Frase figurada con que se da a entender que quien quiera obtener lo que desea, no debe quejarse si por ello se le originan gastos y molestias (DRAE, 1925)
Campos y Barella (2007 [1996]: 299), antes que el significado que le atribuye la Academia, recogen también otro significado complementario y si se quiere más general:
Da a entender que el que quiera darse un gusto debe hacer el sacrificio correspondiente.
Sin embargo, aunque hasta el siglo XX no entra a formar parte de los refraneros, estaba ya en circulación en la primera mitad del siglo XIX como muestra el siguiente fragmento correspondicente a la obra costumbrista Diario razonado de los acontecimientos que tuvieron lugar en Barcelona desde el 13 de noviembre al 14 de diciembre de 1842, obra de Antonio Van-Halen publicada en 1843 (Google Books). En cierto pasaje se habla de los comentarios entre amistades y conocidos que se desencadenan ante la próxima boda de una señorita bien con un muchacho de poca fortuna:
Clarita, que ocho días antes de que se formalizara el consorcio, se avenía sumisa al sueldo humilde, al pan y cebolla, ofrecía ya en la víspera indicios claros de no conformarse en lo sucesivo con la modesta fortuna del buen Tadeo.
El coro de antigüedades femeniles apoyaba esto maravillosamente.
—Señora: he tomado una mujer muy segura, que hará de todo.
—Y mi hija ¿tendrá que ir al brasero? Allá se lo haya Vd. con las flucsiones.
—Señora —replica Tadeo sonrojoado— Vd. ve la cortedad de mi sueldo...
Y mientras en un rincón oía de otro grupo salir los refranes: «El que quiera azul celeste, que le cueste». «Antes que te cases, mira lo que haces».
En suma, en un abrir y cerrar de ojos a Clarita todo le dañaba, el brasero hostilizaba sus muelas; la escoba, su cintura; la aguja [...]
 No hay razones para pensar que la elección del color celeste como arquetípico de algo costoso esté relacionado con la dificultad que tenían los pintores para obtener este color antiguamente. Más parece que este relacionado con el prestigio que ha tenido este color siempre hasta al punto de asociarlo a artículos de lujo como los mantos de las Vírgenes y  las bandas de ciertas condecoraciones y estamentos, amén del sabido sonsonete.
Para algunos, decir azul celeste, es redundancia pues azul es el cielo por antonomasia, antonomasia que algunos creen ver en la propia etimología de la palabra azul. Aunque hoy casi con unanimidad se hace derivar la palabra últimamente del sánscrito a través del persa y árabe (ver DRAE), Covarrubias (1993: 176) escribía en el siglo XVII:
Es el color que llamamos del cielo; esta es una clara y otra oscura, y la que media entre estos dos extremos. El nombre es arábigo, y según Urrea turquesco. Algunos creen ser latino, del nombre caeruleus, abreviado lazul, y una piedra que los griegos llaman κυκνεος, latine cyanus, cyaneus et caeruleos, los bárbaros la llaman lapis lazuli, tiene la dicha de color de cielo, y aun de cielo estrellado, porque está sembrada  de unos punticos de oro a manera de estrellas;  vide Dioscórides, lib. 5, cap. 65, et ibi Lagunam. El padre Guadix dize que azul, en arábigo, vale caeruleus, y con el artículo dezimos a-zul: el francés azur.


Bibliografía:

Campos, Juana G. y Ana Barella (2007 [1996]): Diccionario de refranes. Madrid: Espasa Calpe, 3.ª ed., 7.ª reimp.
Covarrubias, Sebastián (1993 [1611]): Tesoro de la lengua castellana. Ed. de Martín de Riquer. Barcelona: Editorial Alta Fulla, 3.ª ed.
Google Books. [En línea]: http://books.google.es/, [consulta: 25-04-2010]

lunes, 19 de abril de 2010

Número 9. A la larga, el galgo a la liebre alcanza

Mi amigo Delfín,  al que le gusta como a mí observar la forma de hablar y tantos y tantos refranes me ha enseñado, me dice que estando en un bar de Barcelona oyó el siguiente diálogo entre un señor que jugaba a la máquina tragaperras y otro que observaba:
—La máquina está buena, pronto dará el premio gordo —dijo el segundo cuando el primero sacó un premio pequeño.
A la larga la liebre siempre es del galgo —sentenció el primero, que sin duda jugaba con la esperanza de ganar un gran premio. 
Varias son las formas de este refrán que se han venido recogiendo en los refraneros desde antiguo:
A la luenga toma el galgo a la liebre (Santillana, 1454)
Mucho corre la liebre, y más el galgo pues la prende por el rabo (Pedro Vallés, 1549)
A la larga, el galgo a la liebre mata (Hernán Núñez, 1549)
Por mucho que corra la liebre, más corre el galgo pues la prende (Fernán Caballero, 1912)
A la larga, el galgo a la liebre alcanza (Bergua, 1998)
La mayoría de los estudiosos coinciden en que este refrán constata el natural devenir de las cosas, aunque por momentos pueda parecer todo lo contrario, así que hay que ser constantes y perseverar en el empeño: Poco a poco, y siempre en ello. Para Campos y Barella también puede significar que el más fuerte siempre saldrá vencedor.

Bibliografía
Bergua, J. B. (1998): Refranero español. Madrid: Ediciones Ibéricas.
Campos, Juana G. y Ana Barella (2007 [1996]): Diccionario de refranes. Madrid: Espasa Calpe, 3.ª ed., 7.ª reimp.

lunes, 22 de marzo de 2010

8. El esposo de María, hace la noche igual al día

El pasado 20 de marzo entró la primavera, los campos se nos han llenado de flores y los frutales nos presentan unos colores que solo mejorarán cuando lleguen sus frutos, los días son más largos y el mundo de este hemisferio empieza a desentumecerse.

Estamos ya en esa época en la que las tardes empiezan a cundir, y el sol nos da en la cama antes de lo que imaginamos y ya es pleno día de camino el trabajo.

El refrán que comentamos hoy es ralativamente moderno, registrado por Rodríguez Marín (1926)  viene a actualizar, por haberse quedado desfasado el más tradicional de San Matías iguala las noches y los días.

Como ya comentamos en su día al hablar de los refranes de San Antón, la reforma gregoriana efectuada en el calendario incide directamente en la interpretación de los refranes, ya que las estaciones, y por lo tanto los refranes anteriores a la reforma, llevaban una adelanto de diez días. Así, la festividad de San Matías, que se celebraba el 24 de febrero vendría a coincidir con nuestro 6 de marzo actual, fecha todavía adelantada, pero en la que en nuestra latitud  la sensación de mayor luminosidad es plena, completada además por otros signos que pueden observarse en la naturaleza como son la llegada de ciertas aves. Por San Matías, se igualan las noches con los días, pega el sol en las umbrías y cantan las gullerías, dice un refrán recogido en Quintana del Pidio (Ugarte García, 2008).

Gullería, en esta acepción de cierta ave, no es palabra que podamos encontrar fácilmente en un diccionario; tampoco lo es golloría, palabra que aparece en al variante San Matías iguala las noche con los días: entra el sol en las umbrías y cantan las gollorías (Rodríguez Marín, 1926). Ambas, pueden ser deformaciones populares por contaminación de la palabra  grullería, palabra que tampoco aparece en los diccionarios, pero que hace referencia al conjunto de grullas que como aves de paso en esta época pueblan nuestros cielos. De grullerías nos habla una informante de Quintana del Pidio que riza el rizo y forzada por la rima asegura:  Por San Matías, igualan las noches con los días, da el sol en las umbrías, cantan las grullerías y riñen los tíos con las tías. Otras versiones hablan de totovías o cotovías y otros refranes más racionales hablan de que cantan los pajaritos sus gallardías:  En cada pueblo y en cada hablante parece cantar un pájaro distinto.

Gullerías, gollorías, grullerías, totovías, gallardías... todo vale: la rima manda, y si no tenemos palabra adecuada la inventamos, que como iremos viendo en no pocas ocasiones los refranes inventan sus palabras.

Pero dejemos la festividad de San Matías, qur por cierto la Iglesia católica cambió al 14 de mayo, y volvamos a la festividad de San José en el refranero.

La llegada del equinoccio se lleva las velas de muchas tareas que las precisaron allá avanzado el otoño, como nos muestran los siguientes refranes recogidos por Rodríguez Marín: San Francisco (4 de octubre) trae la vela y San José se la lleva San Eugenio (13 de noviembre) trae la vela, y San José se la lleva ; San Andrés (30 de noviembre) trae la vela y San José se la lleva. 

Si hay dudas y un amplio margen a la hora de encender las velas, desde luego no parece haber duda a la hora de apagarla.


Las golondrinas son los animales característicos y más visibles de esta época, ya lo dice un conocido refrán De marzo a la mitad, la golondrina viene y el tordo se va (Ugarte García, 2008), pero también el cuco hace su aparición: Al cuco, San José le da el habla, y San Pedro (29 de junio) se la quita (BADARE, consulta: 22/03/2010), y otros animales más difíciles de ver que van asomándose poco a poco, como con timidez: En marzo, saca la cabeza el lagarto (BADARE, consulta: 22/03/2010);  En marzo, saca la cabeza el lagarto; en abril, hasta el cuadril; y en mayo, hasta el rabo (BADARE, consulta: 22/03/2010).

En defnitiva...
la primavera ha venido. 


Bibliografía

BADARE: base de datos sobre refranes del calendario y meteorológicos en la Romania. Universidad de Barcelona. [En línea]:  (http://stel.ub.edu/badare/).
Rodríguez Marín, Francisco (1926) Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del Maestro Gonzalo Correas: allególos de la tradición oral y de sus lecturas durante más de medio siglo: (1871-1926). Ed. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.
Ugarte García, María del Carmen (2008): «Refranero agrícola de Quintana del Pidio» en Cuadernos del Salegar, núm. 55-56.

viernes, 12 de marzo de 2010

7. Para morir y nacer, el amancer

En Valladolid, en su Vallodolid que gracias a él es un poco el de todos, ha muerto Miguel Delibes.
Ha muerto al amanecer, porque como bien saben las personas que cuidan enfermos y parturientas, para morir y nacer, el amanecer.
Seguramente habrá una razón para ello, puede que sea solo casualidad o mera creencia, pero lo cierto es que si bien es verdad que ahora somos capaces de regular los nacimientos y casi podemos elegir el día y hora en que han de nacer nuestros hijos, o elige el tocólogo que tanto da, la muerte nos sigue sorprendiendo, viene cuando se la espara y cuando no se la espera, y gusta de esas horas en las que el sol lucha por llevarse las sombras y el mundo se despereza. Buen momento para reencarnarse, sin duda.
Ha muerto rodeado de los suyos, de muerte natural, de viejo si se quiere, aunque como él mismo nos recordaba en La guerra de nuestros antepasados: «Vivir para morir, esa es la ley, doctor, el modo poco importa.»

Durante mucho tiempo llevé anotada en mi cuaderno una larga cita, que se me había quedado grabada casi a fuego. Con todo el respeto para el maestro que fue y que seguirá siendo mientras podamos seguirle leyendo, la recupero aquí y ahora a manera de modesto homenaje:
Y empecé a darme cuenta, entonces, de que ser de pueblo era un don de Dios y que ser de ciudad era un poco como ser inclusero y que los tesos y el nido de la cigüeña y los chopos y el riachuelo y el soto eran siempre los mismos, mientras las pilas de ladrillo y los bloques de cemento y las montañas de piedra de la ciudad cambiaban cada día y con los años no restaba allí un solo testigo del nacimiento de uno, porque mientras el pueblo permanecía, la ciudad se desintegraba por aquello del progreso y las perspectivas de futuro.

lunes, 8 de marzo de 2010

6. Quien hambre tiene, con pan sueña

La mayor parte de los refranes llevan una carga metafórica importante, no pueden ser leídos ni aplicados al pie de la letra, sino interpretados y acomodados a las circunstancias de cada cual.

Solemos aplicar burlonamente  lo de quien hambre tiene, con pan sueña, al que anda siempre hablando de lo que no tiene, con frecuencia también al plano amoroso o erótico de los sueños no alcanzados por ejemplo de tomarse un cafetito con George Clooney o  Pé Cruz,  pero ¿qué ocurre cuando el refrán responde a una realidad escalofriante?

La entrega de los cuerpos a sus familiares de quince presos que murieron en la prisión de Valdenoceda durante el franquismo nos deja un impagable testimonio del verdadero significado de este refrán:
«Mis mejores sueños eran siempre con pan. Soñaba con pan. ¿Cuánta hambre puede tener una persona para que sus mejores sueños sean un simple trozo de pan?».

viernes, 26 de febrero de 2010

Número 5. Quien regala bien vende, si quien lo compra lo entiende

Esta semana asistí a un interesante taller sobre creaciones bajo licencia Creative Commons. Allí había de todo, como en botica, desde proyectos de películas de cincia ficción, El cosmonauta, hasta música libre en directo. También me enteré de que es posible contribuir desde tu casita y poniendo tu ordenador al servicio de la ciencia observando los astros,  a un importante programa científico. En  fin,  está claro que un grano no hace granero, pero ayuda al compañero, siempre lo dijimos, de la misma manera que nuestras abuelas bien sabían que con muchos cabitos de vela se hace un cirio pascual.

Pero volvamos a nuestro refrán de cabecera, y tratemos de desentrañar su sentido a través de ese juego de palabras, de regalar, vender, comprar... ¿En qué quedamos?:  ¿se regala o se vende?

La mayoría de los paremiólogos incluyen este refrán entre los refranes interasados, cuya primera forma conocida es la que nos da Pedro Vallés (Zaragoza, 1549): Quien da, bien vende, si no es necio quien prende.

Rodríguez Marín (Martínez Kleiser, 1953: 626) en su afán por recoger todas las variantes por mínimas que fueran, nos deja algunas formas más:
Quien regala, su mira lleva
Todo regalo trae algo debajo
Nadie regala nada a humo de pajas
Quien te regala diez higos, ya cuenta para siempre contigo: ¡hombre triste, por diez higos tu libertad vendiste!
y así....

Sobre este último refrán, Pancracio Celdrán (2009: 166) nos recuerda que una cesta de higos era algo que en el mundo clásico se apreciaba mucho por atraer la buena suerte. Se considera que el olor del higo alejaba los malos espíritus y su miel es buena para curar las enfermedades de la piel. Parece ser que Plinio aconsejaba en el siglo I regalar higos de Ibiza a aquellos que tuviera el paladar refinado.

Este autor recuerda también que antes solo se regalaba lo hecho en casa o perteneciente a ella, nada de tirar de Visa cuando llegan las ocasiones especiales y queremos obsequiar a familiares y amigos.

Pese a la aparente reticencia del refranero ante los regalos y los regaladores, bien podríamos acercarnos a este refrán desde otra óptica y pensar que no siempre lo que se regala, lo que se da, no tiene recompensa. Ser generosos al principio con lo que tenemos puede abrirnos muchas puertas en el futuro, porque como por otra parte también dice la sentencia bien, porque por otro lado también dice el refranero: Manos que no dais, ¿qué esparáis?

Fuentes: 

Cantera Ortiz de Urbina, Jesús y Julia Sevilla Muñoz  (2003): Libro de refranes y sentencias de Mosén Pedro Vallés. Madrid: Guillermo Blázquez, Editor.
Celdrán Gomariz, Pancracio (2009): Refranes de nuestra vida. Madrid: Editorial Viceversa.
Martínez Kleiser, Luis (1953): Refranero general ideológico espalol. Madrid: Librería Editorial Hernando.

jueves, 18 de febrero de 2010

Número 4. Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente

No hay que relajarse, hay que estar siempre ojo avizor en esta vida, la pereza no suele llevar a buen puerto, porque ya se sabe que camarón que se duerme, se lo lleva la corriente, o lo que puede ser peor: termina en un cóctel..

Define el DRAE la palabra camarón como: 
2. m. Crustáceo decápodo, macruro, de tres a cuatro centímetros de largo, parecido a una gamba diminuta, de color pardusco. Es comestible y se conoce también con los nombres de quisquilla y esquila.
Refrán conocido en España, pero de uso más generalizado en los países americanos, es refrán relativamente nuevo, siendo uno de los primeros en registrarlo Rodríguez Marín, que ya lo incluía en sus Cincuenta cuentos anecdóticos (1919: 301): «No es usté un hombre práctico, y ya se sabe: camarón que se duerme...». Más tarde lo incluye  Martínez Kleiser (1953: 181) en su recopilación (núm. 16.388), pero no bajo el epígrafe Pereza, sino Descuido. El DRAE lo recoge en la edición de 1956, y dice que es «refrán con que se estimula la diligencia en la persona». Curiosamente, a partir de esta edición, la RAE decidió retirar los refranes de su Diccionario.
El refrán tiene su equivalencia prácticamente exacta en las lenguas galaico-portuguesas: Camarão que dorme, a onda o leva (PT) y  Camarón que se dorme vaino levando a corrente (GL), y es en esta lengua (de la Iglesia, 1886: 226) donde encontramos estos preciosos versos que contradicen el refrán
N' hai tal camaron dormido 
Nin taf corrente levalo, 
O camaron 'na sua cóva
Sempre vive preparado
s.
Como la cita es de 1886 bien podemos entender que era moneda corriente en lengua gallega por esas fechas. Somos capaces aún de encontrar una referencia un poco más antigua a él, y es en un cuento, una novela corta, Un alma en pena (1862), de un autor puertorriqueño del siglo XIX,  Alejandro Tapia y Rivera:
Con sólo hablar de ellas se volvió esto el puerto de arreba-capas y no quiero que cual camarón dormido me arrastre la corriente.
En los refraneros américanos encontramos múltiples referencias a este refrán: Refranero panameño: contribución a la paremiología hispanoamericana (Chile: 1955), Refrán viejo nunca muere (México: 1993), Dichos y refranes oídos en Colombia (Colombia: 1973), Los dichos en el habla chilena (Chile: 2002), y un largo etcétera.
Pero quizá no sea su popularidad la característica principal de este refrán, sino su facilidad para convertirse en un antirrefrán, es decir para jugar con él y conseguir así nuevas formas que van ganando terreno a la original. Ya lo hemos dicho. Camarón que se duerme amanece en un cóctel, pero también Al camarón que se duerme no lo contratan como velador, etcétera...
Aunque recientemente, la guinda la ha puesto inadvertidamente el príncipe Guillermo de Holanda, al decir que Camarón que se duerme, se lo lleva la chingada.


Fuentes:

De la IGLESIA, Antonio (1886): El idioma gallego, su antigüedad y vida. Vol 3. Consultado a través del Google Libros [18/02/2010]. 
Martínez Kleiser, Luis (1953): Refranero general ideológico espalol. Madrid: Librería Editorial Hernando.

Refranero multilingue: Centro Virtual Cervantes, [consulta: 18/02/2010].
RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco (1919): Cincuenta cuentos anecdóticos Revista de archivos, bibliotecas y museos. Consultado a través del Google Libros [18/02/2010]. 




 

domingo, 7 de febrero de 2010

Número 3. Por demás es la cítola, cuando el molinero es sordo

Hablamos hoy de un antiguo refrán, que ya recogió el Marqués de Santillana, en Refranes que dicen las viejas tras el fuego. 
 Define María Moliner la cítola como:
«Tarabilla». Tablilla que cuelga sobre la piedra del molino harinero, la cual al girar la piedra, tropieza contra la tolva y, además de hacer que se desprenda de las paredes de ésta la molienda, produce un ruido que, al cesar, avisa de que el molino se ha parado.
 Es decir, que cítola y tarabilla son la misma cosa y básicamente entre sus funciones, mediante el ruido que hacen, sirven para avisar al molinero, que de esta forma, mientras el molino muele puede estar en otras tareas. Ahora bien, si el molinero es sordo, de poco sirve este mecanismo; los medios siempre tienen que ser adecuados para los fines que presentan.


rueda de campanillas en alguna iglesia de Tierra de Lara
Pronto se superó este sentido más literal del refrán y pasó a significar que cuando no se quiere prestar atención a algo de poco sirve que se habiliten medios que en otro entorno podrían funcionar, algo así como  No hay más sordo que el que no quiere oír.

Este hacer oídos sordos a lo que nos dicen pasó muy pronto a las páginas de oro de nuestra literatura de la mano de Melibea, la protagonista femenina de La Celestina. La joven enamorada se expresa así  ante su criada Lucrecia, en un parlamento antológico en el que la joven vindica su libertad,  al decirle la criada que sus padres están tratando de su posible boda:
Calla, por Dios, que te oirán. Déjalos parlar, déjalos devaneen. Un mes ha que otra cosa no hacen ni en otra cosa entienden. No parece sino que les dice el corazón el gran amor que a Calisto tengo y todo lo que con él un mes ha he pasado. No sé si me han sentido, no sé qué se sea aquejarles más ahora este cuidado que nunca. Pues mándoles yo trabajar en vano, que por demás es la cítola en el molino. ¿Quién es el que me ha de quitar mi gloria? ¿Quién apartarme mis placeres? Calisto es mi ánima, mi vida, mi señor, en quien yo tengo toda mi esperanza. Conozco de él que no vivo engañada, pues él me ama, ¿con qué otra cosa le puedo pagar? Todas las deudas del mundo reciben compensación en diverso género; el amor no admite sino solo amor por paga. En pensar en él me alegro, en verlo me gozo, en oírlo me glorifico. Haga y ordene de mí a su voluntad. Si pasar quisiere la mar, con él iré; si rodear el mundo, lléveme consigo; si venderme en tierra de enemigos, no rehuiré su querer. Déjenme mis padres gozar de él si ellos quieren gozar de mí. No piensen en estas vanidades ni en estos casamientos, que más vale ser buena amiga que mala casada. Déjenme gozar mi mocedad alegre si quieren gozar su vejez cansada; si no, presto podrán aparejar mi perdición y su sepultura. No tengo otra lástima sino por el tiempo que perdí de no gozarlo, de no conocerlo, después que a mí me sé conocer.
Nótese que Melibea no cita el refrán completo, solo lo alude, lo cual nos da una idea  de lo popular que era este refrán ya en el siglo XV. 

Por su parte, el sinónimo tarabilla, término onomatopéyico que trata de reproducir el sonido del dispositivo, dio origen a una expresión muy popular para designar la verborrea y a las personas que la practica: Hablar como tarabilla o Ser una tarabilla. Escribía Galdós (1909) en El caballero encantado:
Lo que mayormente colmaba el asombro de Tarsis era que, hallándose Becerro en absoluto ayuno, tuviese la lengua tan destrabada y el cerebro tan listo para verbalizar las ideas. Hablaba como una tarabilla,  con dicción clara y aliento fácil.
Dejemos los textos clásicos y volvamos a la realidad cotidiana del siglo XXI, en el que abundan los mensajes sonoros, instrucciones que nos llegan muchas veces en ambientes excesivamente ruidosos, en el que todos, prácticamente todos, nos volvemos sordos. ¿Quién en una estación de tren, almacén o consulta del médico no ha tenido que pedir que le repitan o le aclaren uno de esos mensajes ininteligibles?, y es que de poco sirve la cítola, si el molinero es sordo.

sábado, 23 de enero de 2010

Número 2. Por San Antón, huevos a montón

El otro día hablábamos de que por San Antón a las seis todavía había sol, y hoy hablaremos del efecto que produce en los animales esta mayor luminosidad.

El meteorólogo Daniel Angulo Antón nos recordaba el domingo 17 de enero, festividad de San Antón, en el Diario de Burgos, que por estas fechas algunos animales salvaejes entraban en celo y que las primeras cigüeña s regresaban a los nidos que abandonaron en verano.

No hace falta irse tan lejos pare ver el efecto que la mayor luminosidad tiene sobre los animales, pues los labradores y granjeros saben bien que por estas fechas las gallinas empiezan a aumentar la puesta. Ya lo dice otro refrán: San Antón, gallinita pon (Cantera y Muñoz, 2001: 15), y si queremos ser más precisos: Por San Antón la buena gallina pon; y si es muy buena por Nochebuena (Cantera y Muñoz, 2001: 15).

En cualquier caso, sean buenas o sean malas, de la Candelaria (2 de febrero) ninguna pasa, pues ya se sabe que por las Candelas, las malas y las buenas.

Martínez Kleiser (1945: 165) recuerda en varios refranes la intensifcación de la postura de las aves de corral, aunque con matizaciones en algunos casos::
Por San Antón, toda ave pon.
Por San Antón, pone hasta el capón.
Por San Antón, los huevos a montón.
Por San Antón, cada ánsara pon; la que come, que la que non, non.
Ya al mediar enero, todas las gallinas ponen huevos.
En enero, cásate, compañero, y da vuelta al gallinero. 


El aumento de huevos se celebraba en el mundo rural de distintas formas, pero quizá convenga recordar que precisamente el mismo día de San Antón, en muchos pueblos de España, los chicos y mozos celebraban su día con una merienda especial. Debe entenderse aquí la palabra merienda en un sentido amplio de comida que acompaña a una celebración especialmente en el campo (Moliner,1980) y mejor aún en el sentido castellano de ' comida que por la tarde o noche celebran en comunidad un grupo de amigos'. Pues bien, para la merienda del día de San Antón, los chicos echaban mano del choricillo que se les había guardado de la reciente matanza y de los huevos que por esos días ponían las gallinas, como nos dice el refrán a montón.

Era costumbre también que estos huevos  se pidieran por las casas con fórmulas rituales en las que se alababa la generosidad de las amas de casa, si era el caso, o se denostara su racanería.

En el primer caso, en el de la generosidad, la fórmula de agradecimiento es casi uniforme en toda España:

Esta casa es un palacio,
la señora es una reina,
porque ha dado limosna
a los chicos de la escuela.

Por el contrario, los improperios variaban de un pueblo a otro llegando a fórmulas imaginativas como la de llamar cagamantas a la dueña de la casa, como en este testimonio  que encontramos en Araunzo de Torre
Esta casa es una cuadra,
la señora es una puerca,
que no nos ha dado limosna,
a los niños de la escuela.

Por un huevo escagurciao
cagamantas te has quedao.

Bibliografía
Cantera Ortiz de Urbina, Jesús y Julia Sevilla Muñoz (2001): El calendario en el refranero español. Madrid. Guillermo Blázquez, editor.
Martínez Kleiser, Luis (1945): El tiempo y los espacios de tiempo en los refranes. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez.
Moliner, María (1980): : Diccionario de uso del español. Madrid, Gredos, (reimpresión de la ed. 1966).