viernes, 23 de agosto de 2019

Núm. 212. Entre Madrid y el Mid West

No sé si el frío de Iowa es mucho mayor que el de Madrid, aunque a juzgar por el título de el primer poemario de Helena Mariño, este frío no es nuestro, intuyo que sí, que en Iowa hace mucho frío.
              el frío era un mito             la noche
                       un defecto del ojo             el pájaro  

La solapa del libro nos introduce en el currículum de Helena, varias carreras y un máster en escritura creativa, que, mire usted, ella se va a hacer nada menos que a Iowa, como si por aquí no se pudieran estudiar esas cosas. 
            no quedaba otra emigración
                     que el exilio hacia adentro      

Ella sin duda tendrá sus motivos, que intuyo van más allá de los que mueven a los jóvenes de la Marea Granate a coger las maletas en busca de un trabajo digno.

            despedazarse es un arte que
            requiere disciplina

Sean cualesquiera que sean esos motivos, los lectores de poesía hemos ganado, cuanto menos, un texto interesante.

indicadores en un aeropuerto cualquiera

Se me hace difícil poner etiquetas y más en este caso. ¿Poesía existencial?, ¿vivencial?, ¿vanguardista?, ¿poesía que rompe moldes?, ¿inesperada?...

        la estrella polar es una espiga
                      sigue el camino de baldosas amarillas

Desde luego si un adjetivo no puede adjudicársele es el de fácil.     
                                                
                                           terroris

                                                mo

                                            fonéti
       
                                            co                                     


Más que esfuerzo requiere voluntad para volver sobre las líneas e ir captando, poco a poco, lo que esas líneas nos están transmitiendo, pero la voluntad es cada vez menor, porque al final vuelves con gusto. A fin de cuentas, esa es la función de la poesía, engancharte, ir directa a los sentimientos sin plantearte mucho la sinrazón de aquello que lees.

                   este cuerpo {que 
                                 parecía} tan                           
                   frágil
Pasando sus páginas, volviendo una y otra vez sobre esos versos intencionadamente colocados en ellas en perfecto desorden, por momentos uno siente de estar ante poemas hechos con palabras, semifrases, escogidas al azar de un repositorio igualmente aleatorio. Ahí está su mérito, el orden del desorden, que nos lleva a entender por qué ese frío, a pesar de la globalización, nos resulta extraño.

                   las tierras cálidas eran

                                                una falacia.

Helena MARIÑO: ese frío no es nuestro. entropía ediciones, 2019

martes, 30 de julio de 2019

Núm.211. Grazia Deledda y sus Cuentos de Cerdeña

No conocía la existencia de Grazia Deledda, premio Nobel de Literatura en 1926. Fue mi descubrimiento de la última Feria del Libro de Madrid y no me pesa en absoluto.

Reeditados ahora por Bercimuel, me llevé a casa un ejemplar de Cuentos de Cerdeña, y desde las primeras páginas vi lo merecido de un premio tan prestigioso, pero sobre todo comprendí que hay autores que no deberíamos perdernos nunca. 

Deledda narra lo que conoce, su pueblo, su tierra, Cerdeña, tierra y dialecto que abandonó al casarse para instalarse en Roma. Los relatos que se incluyen en el volumen corresponden al primer periodo, antes de su marcha a la Ciudad Eterna, es decir se quedan en los últimos años del siglo XIX.

Deledda nos transporta a una Cerdaña rural, primitiva, donde la naturaleza se nos muestra a veces sin mácula y otras doblegada por la mano del hombre, pero solo lo imprescindible para sacar de la tierra el fruto que alimentará a hombres y animales. 

Los personajes, sus habitantes, también se nos presentan en estado puro, con sus ropas imposibles y con abundantes detalles sobre el traje femenino, especialmente los justillos, que dan información acerca de las que los llevan. Leyendo estas descripciones, nos encontramos ante estampas pintorescas de un cuadro de costumbres, porque en todos los relatos hay un fondo folklórico, muy del gusto de la época, por otro lado.

Más allá de lo pintoresco, Deledda es una excelente narradora, el pulso en sus historias es el justo, y sorprende, casi siempre nos sorprende, con los finales, incluso cuando son previsibles. 

Me quedo con las descripciones de los paisajes, unos paisajes en los que se recrea jugando con las palabras, sin ahorrar adjetivos y rozando peligrosamente el límite de lo tópico, pero a mi juicio sin rebasarlo. Aquí dos muestras casi elegidas al azar:

En el tibio mediodía de abril, las frescas hojas de los alcornocales tranquilos y silenciosos que cubrían la salvaje llanura, cuajada de jaras, madroños y espinos, parecían reflejar el cielo, de un azul perla. Los bosques se extendían hasta donde alcanzaba la vista, hasta las brumas del horizonte, delimitado por las montañas lejanas, de un azul más oscuro, pero más vaporoso (pág. 215).

paisaje de riber con cereal en primer plano, árboles de ribera en segundo y recortando el paisaje alcores blanquecinos bajo nubes


Empezaba a refrescar.  Una noche llovió, y el río creció , turbio, lívido. Pero, cuando volvió a salir el sol, una indecible dulzura se extendió por la tanca. El cielo apareció sereno, de un tierno azul perlado. El río adquirió una transparencia glauca de velo, de cristal; y sopló una brisa inefable, de fragancias y de cosas lejanas, anunciando las dulzuras otoñales. La adelfa había dejado caer todos sus pétalos sobre las aguas claras y se erguía con sus alargadas hojas lavadas por la lluvia brillando al sol; pero la hierbabuena seguía floreciendo, desprendiendo un fuerte olor a menta (pág. 435).
No quiero olvidarme en esta reseña de la labor de la traductora, Mercedes Corral, ni de la revisora Antonina Pobo. Dejando a salvo mi ignorancia absoluta acerca del original,  y con ello la posibilidad de equivocarme, creo que han hecho una buena labor y solo las palabras en sardo, salpicadas aquí y allá, nos recuerda que estos cuentos no han sido originalmente escritos en castellano.

DELEDDA, Grazia: Cuentos de Cerdeña y otros cuentos. Edición de Giovanna Cerina. Editorial Bercimuel, 2018.