viernes, 7 de junio de 2019

Mujeres silenciadas en la Edad Media

Sin lugar a dudas hay libros necesarios, y estamos ante uno de ellos.

Sandra Ferrer Valero, periodista especializada en la historia de las mujeres, ha reunido en un volumen un puñado de noticias, a veces demasiado sucintas, sobre una serie de mujeres que destacaron en distintas áreas durante un periodo oscuro de nuestra historia, la Edad Media europea.

Si a la Edad Media siempre nos hemos acercado con miedo, apartando velos y rompiendo armaduras que nos impedían llegar al sentir de los hombres y mujeres, estas últimas han sufrido especialmente de ese oscurantismo. Parecemos asumir sin más preguntas que la mujer medieval andaba siempre con la pata quebrada y en casa, cuando lo cierto es que tuvo un importante papel en la sociedad, que se nos ha venido ocultando sistemáticamente, porque la historia la hacen los hombres.

Al lado de la nómina de mujeres que, pese al silencio, destacaron, Ferrer ha sabido hacer un hueco a las mujeres del pueblo, personificadas en una artesana y una campesina, Marie y Jeanne, que codo con codo procuraron el sustento de su casa al lado de sus maridos, ya fuera en el pequeño taller o en las tierras de labrantío, mientras en el hogar les esperaban hijos, pucheros y abuelos.

A pesar de esa declaración de intenciones que encontramos en las primeras páginas del libro, lo cierto es que la historia se sigue escribiendo a base de nombres propios, así que en las páginas siguientes veremos aparecer a la inevitable, y no por ello conocida en todas sus facetas, Hildegarda de Bingen, o a Christine de Pizan, que vivió de su oficio de escritora antes de que la imprenta hiciera del libro un producto asequible a algunos más que el puñado de nobles que podían pagárselos. 

Son distintas las ramas y las facetas que la autora explora de esas mujeres medievales, desde las médicas, como Trótula, a las poetisas andalusíes, como Hassana At Tamimiyya, mujeres de las que nada sabíamos y sobre las que la lectura de este libro nos deja las ganas de saber más y más. 



Estata de una beguina en el jardín del beguinato de Amsterdam
Beguina en Amsterdam
Un capítulo interesante es sin duda el dedicado a las beguinas, mujeres muy activas, que eligieron vivir en comunidad sin entrar propiamente en religión, conservando en todo momento su libertad. Más conocidas fuera de España que dentro, donde se las conocía como beatas —denominación sin duda confusa—
son unas auténticas desconocidas, y este libro nos pone en la senda de saber algo más sobre ellas. 

No profundiza Ferrer en ninguno de los nombres propios; si queremos saber realmente sobre estas mujeres, lo que hicieron y lo que significaron deberemos acudir a fuentes más sesudas, y con toda seguridad a varias de ellas, pero este libro es un buen aperitivo, un libro divulgativo imprescindible para empezar el camino del conocimiento hacia lo que nuestras antepasadas hicieron en aquellos años por lo general tan poco conocidos. 

Autora: Sandra Ferrer Valero
Título: Mujeres silenciadas en la Edad Media
Editorial: Punto de Vista Editores. 
Edición: segunda, abril de 2019

miércoles, 1 de mayo de 2019

Número 208. Releyendo Tea Rooms (y III). La Red de San Luis

En el edificio que en la Red de San Luis ocupa hoy un McDonald's, en otro tiempo hubo una joyería. Muy probablemente las empleadas de este establecimiento de comida rápida se enfrenten en la actualidad a parecidas apreturas que las empleadas de aquel salón de té de los años 30. 

Parasol modernista de McDonald's en la Red de San Luis

Marta ha sido la última chica en entrar en la pastelería. El «ogro», que a veces presenta rasgos humanos y no quiere cargos de conciencia, ha tenido a bien atender sus súplicas: 
Venga usted mañana. Hala. 

A Marta, Antonia le guarda cada mañana un botellín de leche y algo de la mercancía deteriorada del día anterior, para que desayune; pero aun así, Marta pasa hambre y llega al trabajo cansada. Marta vive lejos, en la calle Cartagena, allá en La Guindalera, cinco céntimos cuesta el billete de tranvía que la acerca a la Red de San Luis desde su barrio, pero Marta no puede permitírselo. Tan solo cinco céntimos de ida, y otros cinco de vuelta, pero los cinco, los diez céntimos son necesarios en casa. 

Hoy hay quien considera a La Guindalera un barrio de ricos, no en vano es vecino del distinguido barrio de Salamanca, pero donde hoy podemos ver bloques de viviendas de clase media, en otro tiempo se levantaron modestas casas de ladrillo donde los obreros, en el límite de la ciudad, vivían con sus numerosas familias. El barrio de Marta y el de Matilde, más allá de los Cuatro Caminos, son barrios muy similares. Las chicas intercambian experiencias. Hay señoras que ayudan a las jóvenes descarriadas que han tenido la mala suerte de traer a este mundo hijos sin padre, pero se lo retiran en cuanto ven cualquier desviación de la práctica religiosa. ¡Ay!

Un día, Marta no puede resistir la tentación de guardarse disimuladamente una peseta que se ha encontrado al limpiar: Una peseta, diez viajes Red de San Luis-La Guindalera asegurados, y otros diez de vuelta:
Una peseta se extravía muy fácilmente. También puede ocurrir que se dé por equivocación a algún cliente en el cambio. Hay muchas maneras de justificar una peseta.
Y tras una peseta viene otra:
Primero hubo para viajes en tranvía; después, para medias; en lo sucesivo habrá para vestidos, y con paciencia, hasta para un bolsillo «moderno».
 Marta justifica su acción de una forma básica:
Más nos roban «ellos» a nosotras. Ya que una trabaja, al menos tiene derecho a ir vestida, Con lo que se gana ni para alpargatas.
Sin embargo, los pequeños hurtos de Marta no han pasado tan desapercibidos como ella creía y termina en la calle.
Después de salir de aquí por lo que salió, ¿cómo iba a encontrar dónde trabajar, según está todo y sin un certificado de buena conducta? Son cosas que se ven todos los días; pero que, viéndolas tan de cerca, siempre la sorprenden a una un poco.  
Cosas que se ven todos los días. Tea Rooms nos deja un buen broche de situaciones, de personajes, de problemas cotidianos, vistos desde el mostrador e una pastelería. Cada compañeroa y su circunstancia, y cada cliente con la suya, esta más adivinada que expuesta, pero ninguna escapa a la observación de Matilde-Luisa que va reflexionando sobre ellas y sacando sus propias conclusiones.

Marta ha terminado de entretenida de un ingeniero alemán. Aparentemente le va bien, ha engordado, va bien vestida, no le faltan veinte duros en el bolsillo, sin embargo, Matilde no la envidia. Matilde tiene otros planes, tampoco quiere caer en un matrimonio anodino, aunque cómodo, tal como le aconseja Antonia: 
Ahora ante la mujer se abre un nuevo camino...
Este camino nuevo dentro del hambre y del caos actuales, es la lucha consciente por la emancipación proletaria mundial.
Pintada "Te quiero libre" y el símbolo femenino. Al pie de la pared unas florecillas rojas en parterre contrastan con el blanco del muro.emenino !ng

Matilde-Luisa está convencida de que la emancipación de la mujer nueva vendrá de la mano de la cultura y la fraternidad; pero mientras tanto...
 
Diez horas, cansancio, tres pesetas.
Tres pesetas al día, diez céntimos en el bolso y la decisión de coger el tranvía de vuelta a casa o comprarse un buñuelo para compensar las patatas viudas del mediodía. 

Comentario para el club de lectura La Acequia