miércoles, 19 de octubre de 2011

Número 19: Viejos lemas para una tarde de otoño (15-O)

Burgos se despereza de la siesta. El calor, inusual en esta época del año y más en Burgos, hace que los grupos de visitantes se desplacen sin prisa hacia los autobuses, que paseen otra vez por sus calles, y que propios y ajenos disfruten de las terrazas. 
En la plaza Mayor se ve poca gente, y algo de inquietud se nota:  «A ver si vamos a ser pocos». Una voz por megafonía recuerda que faltan pocos minutos para comenzar, sobre el suelo de la plaza una pancarta, que parece abandonada, espera su turno: 
a
De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste

De norte a sur, de este a oeste, 
la lucha sigue
cueste lo que cueste 
 ¡La llamada es a nivel mundial! Desde Australia y Japón ya han llegado de mañana algunas noticias...  y aquí, en Burgos, en la vieja ciudad castellana, una voz segura confirma lo sabido: Burgos también está por el  #cambioglobal. 
Son las seis de la tarde y la gente empieza a llegar, dos pancartas abren la marcha:

Indignación, reflexión, acción
15-O Revolución
... y salimos al Espolón en orden, como si fuéramos a dar un paseo más de fin de semana, solo que esta vez, además de pasearnos gritamos, damos palmas, coreamos, en definitiva, 
¡Nos manifestamos!
Los reclamos de una entidad bancaria, de sobra conocida, nos saludan a los pocos metros, pero no lo dudamos y les devolvemos el saludo:
Ahí está, la cueva Alí Babá
 
Alí Babá y sus cuarenta ladrones, que como recuerda alguna otra leyenda, ¡ojalá tuviéramos solo cuarenta! 
El ambiente es festivo, el nivel de adrenalina empieza a subir, ya no se ve el final de la manifestación cuando llegamos al Arco de Santa María, todo el Espolón es un río de gente, y se alzan las manos y nos damos la vuelta porque 
 
Con este sistema, vamos de culo
 
y así marchamos un rato, y llegamos frente a la catedral: 
 
¡Todos al suelo! ¡Esto es un atraco! 
 
porque atraco es cobrar 600 euros y que todavía te sobre mucho mes al final del sueldo. 
 
Manifestantes sentados frente a la puerta del Sarmental
 «¿Qué son esos gritos?», se pregunta uno de los presbíteros en la soledad de su despacho catedralicio, y sale a la terraza a ver qué ocurre. Se sorprende, o quizá no tanto, y un compañero se le une:
 
¡No nos mires, unete!
¡No nos mires, unete!  
 
 Ni todos son jóvenes, ni todos despeina rastas, se ven canas, grupos de amigas que han cambiado la merienda en El Espolón por un paseito con pancarta por el casco viejo. Las tiendas de la calle de la Paloma y de Laín Calvo están todas abiertas, lucen sus novedades otoñales, escaparates que son un reclamo para los ojos y los bolsillos, pero todo Burgos parece estar fuera, en la calle, gritando a los cuatro vientos que 
 
La calle de Burgos, no Burgos de Lacalle 
 
 No sabemos dónde estará el alcalde, si mirando lo que pasa tras cualquier ventana o informándose a través de las fuerzas del orden de si la mani se desarrolla sin altercados. La policía, todo hay que decirlo, cumple con su deber: abre paso, regula el tráfico y vigila que todo vaya en orden: 
 
¡Manos arriba, esto es un atraco! 
 
Un atraco no, señores, no se equivoquen:
 
¡Manos arriba, esto es un contrato! 
 
 La policía, decíamos, mira y pone orden, pero una pancarta insignificante nos recuerda una preocupante ecuación:
 
un madero =  mil lapiceros
 
Debajo del arco de San Juan, ahí donde los peregrinos saben que están entrando en el Burgos más legendario, los gritos de los manifestantes parece que quieren incrustrarse en sus piedras para toda la eternidad:
No hay pan para tanto chorizo 
 
Manifestantes pasan por el arco de San Juan
 
En paralelo al río Vena, el nivel de las peticiones sube y se vuelve a lo clásico:
 
¡Botín, cabrón, trabaja de peón!  
 
y porque por pedir que no quede:
 
Queremos un pisito, como el del principito
 
pero más allá de veleidades festivas,  la realidad se impone:
 
Ellos comen canapés, yo no llego a fin de mes
 
Los parroquianos tardíos de uno de los restaurantes salen a la puerta, y hay quien levanta su copa por el éxito, por el cambio, pero los manifestantes son implacables:
 
A ti que estás mirando, también te están robando
 
Gente de orden, burgaleses que esta tarde han dejado sus ocios habituales para unirse a la demanda de un cambio global llenan la calle Vitoria, calle de desfiles, de militares y de festivas peñas por los Sampedros, hoy toca otro tipo de desfile. 
 
No se ven ni curas ni militares en la manifestación, pero sí gentes de mediana edad y más, gente que se apoya en un bastón y gente que acude en silla de ruedas... madres con sus hijos, niños a hombros de sus padres... Ellos son el futuro, pero el futuro empieza en el presente y está en nuestras manos.
 
El pueblo unido, jamás será vencido 
 
y somos pueblo... y 
 
Esta democracia es una falacia

El pueblo unido funciona sin partidos
 
También hay curiosos, pero yo diría que menos, que por supuesto son más los que están en la carretera que en la acera (Los de la acera, a la carretera), porque quien más y quien menos mira de reojo a las entidades bancarias que nos rodean: 
 
Esos de ahí enfrente, roban a la gente
 
La manifestación entra en su tramo final. El Cid quiere bajarse del caballo y unirse a sus paisanos, su naturaleza —es de bronce— se lo impide, pero él sabe que ellos saben que también quiere estar allí, y por eso se deja abrazar y que le hagan compañía un buen rato.
 
La manifestación rodea la estatua del Cid
Sigue el ambiente festivo y hay quien se deja llevar por el aire de Guantanamera:
 
Estamos hasta los huevos, estamos hasta los huevos... 
... hasta las tetas, estamos hasta las tetas. 
 
La plaza Mayor nos acoge de nuevo, se hacen recuentos, se aplaude y la gente reemprende la vida normal de un sábado por la tarde...
Manifestantes en la calle Vitoria
 
Sin duda, una tarde diferente 

sábado, 25 de junio de 2011

Número 18: Refranes sobre molinos en tiempos de don Quijote (y III): A la luz del cigarro voy al molino...

Llegamos a la última parte de este repaso por los refranes molinares en tiempos de don Quijote y comenzamos recordando que pueden repasar las dos entregas anteriores: El agua va al molino y Molinero maquilandero.
A la luz del cigarro,
voy al molino,
si el cigarro se apaga, morena, 
me voy al río.
Esta copla que casi todos los leoneses se saben, y cantan en cuanto tienen ocasión, representa una buena entradilla para hablar del molino como espacio lúdico y social. Como hemos visto más arriba, el molino y la espera en él, constituian el ambiente ideal para charlar, contar cuentos y también, ¿por qué no?, para encontrarse los jóvenes y no tan jóvenes: Asna con pollino no va derecha al molino (Seniloquium). 
Molino en Tubilla del Lago a la vera del Gromejón

El molino como espacio de pecado, en el que el molinero buscaba los favores de las mozas y la molinera prestaba esos mismos favores a los galanes a cambio de maquila de más o de menos, viene de antiguo y ha llegado hasta nuestros días: 
Fue la vieja al molino, tal vengáis cual ella vino, sentenció el maestro Correas dando a entender con ello cuál era la suerte de las mujeres que se adentraban por ese camino: Las dos hermanas que al molino van, como son bonitas luego las molerán.
La voz moler, eufemismo del acto sexual, fue ganando terreno tanto en la lírica como en otros géneros populares, y por supuesto en los refranes. Y ya que hablamos de eufemismos diremos que por parecidas razones, la voz harina, designaba con frecuencia al semen. 

En cualquier caso, la vuelta a las buenas costumbres promovida por el concilio de Trento hizo mella en la literatura popular, al menos en lo que toca al lenguaje. Veamos, si no, este refrán que nos dejó también el maestro Correas, de cuyo verdadero sentido algunos autores dudan: A la ahijada, molérselo y maquilalla; y a la madrina, sin maquila, al que Correas añade una explicación que nos deja hoy en día si cabe más estupefactos: «En lugar de "hacérselo" se puso "molérselo", porque sonaba deshonesto». Cejador nos da la clave para la interpretación de este curioso refrán: «Cobrarle el servicio a la ahijada, que no hay que esperar nada de ella; a la madrina, sin cobrárselo, porque de ella se espera siempre.» Es decir, se esperaba que la madrina fuera proporcionando otras ahijadas que tuvieran que pasar por la piedra del molinero. Y sobre esta expresión, deberemos decir que aunque en origen, sobre todo en su significado de 'humillar', hay que buscarlo en los castigos bélicos de la antigüedad, con el tiempo se han ido mezclando las piedras de los afiladores y las piedras de los molineros, llegando a ser posible hoy el siguiente fragmento extraido de la novela Paralelo 40 de Castillo-Puche:
—Eso lo hacen siempre con todos, por moler nada más.
—¿Moler qué quiere decir? —preguntó uno de los chicos que andaba en la barra del bar fregando vasos.
—Moler quiere decir joder, muchacho —contestó Genaro.
—Moler quiere decir pasar por la piedra —añadió el camarero.
—¿Pasar por la piedra? 
—Sí, sí, pasar por la piedra, moler, joder, todo es lo mismo —y el camarero hizo un gesto obsceno.
No te amuela, decía mi abuela, en expresión claramente eufemística que el DRAE recoge con el significado de 'fastidiarse', es decir de 'joderse'.
Quedémonos todavía en Corrreas para comentar aún otro refrán que es a la vez adivinanza pues dice: El abad y su vecino, el cura y el sacristán, todos muelen en un molino; ¡qué buena harina harán!,  para explicar a continuación que en realidad donde parecen cuatro hombres, en realidad pueden ser solo dos pues el abad es el cura y su vecino el sacristán, pero esto poco importa.
No nos resistimos a abandonar los molinos sin recordar algunas sabrosas coplas que nos hablan de estos encuentros amorosos en los molinos, como esta:
Tengo de ir al molino,
al molino de las mozas,
y tengo de maquilar,
una de las más hermosas.
Si vienes a mi molino,
solita te moleré,
si vienes a mi molino,
yo no te maquilaré.
Y es que ya decían que Cuando había dos molinos el uno muele con la cibera, y el otro con la molinera
Ahora bien, es la jota El molino la que quizá resume mejor la necesidad y el odio que despertaban a la vez molinos y molineros. 
Oigamos la música mientras atendemos a la letra:
El molino que está en las afueras
va dando mucho que hablar
que las mozas están descontentas
y los mozos mucho más.
 
No vayas, niña, al molino
que te puede coger el molinero,
y con los mozos muy mal andarás,
y solterona después te quedarás.

Aseguran que si al molino
una moza va a moler
la dejan en un estado
que luego no la pueden pretender.

No vayas nunca al molino a moler
porque te puede costar cara la harina.
Del trigo limpio que tú lleves
el molinero te hará muy mala harina.

Han querido cerrar el molino,
cosa que no puede ser,
porque ha dicho el señor alcalde,
que hace falta pa moler.  

En un bando se culpa a las mozas,
que se atreven a subir,
y moliendo moliendo retozan,
dando luego qué decir. 

No vayas nunca al molino a moler  
porque te puede coger el molinero,
y con el trigo que lleves verás,
como con él perderás, trigo y dinero. 
No vayas nunca al molino a moler,
porque te puede salir cara la harina,
y con los mozos muy mal andarás,
y solterona después te quedarás.

En fin, la culpa de las mujeres, ¡qué le vamos a hacer!

Bibliografía complementaria
  • Los 494 refranes del Seniloquium. Jesús Cantera y Julia Sevilla (ed.) Madrid: Guillermo Blázquez, Editor, 2002.

lunes, 20 de junio de 2011

Número 17: Refranes sobre molinos en tiempos de don Quijote (II): Molinero maquilandero

En la entrega anterior, habíamos visto cómo el agua terminó yendo al molino, ahora el molino ya está en marcha...

... y ha de parar lo menos posible porque El molino y el castillo, quien lo quiere, vélelo de contino (Correas),  ya que El molinero velando gana, que no estándose en la cama (Correas). 

Tampoco suele tener el molinero mucho tiempo para la diversión, ni siquiera para la charla, siguiendo siempre al maestro Correas: Quien tiene molino y pie de altar, no te sientes con él a solazar y Con quien tiene molino que andar, no te pongas a solejar.

En la Edad Media ya comparaban, en comparación que hoy calificaríamos claramente com machista, las fatigas que hacían pasar tanto molinos como mujeres: Siempre requieren uso, mujer, molino y huerta encontramos en el Libro de buen amor, que resumió Correas en Al molino y la mujer, andar sobre él. Fuera o no fueran comparables mujeres y molinos, lo cierto es que la molinera tampoco estaba ociosa.  
En lo tocante a la molienda, el molinero no contaba con amigos:  Más vale aceña parada que amigo molinero, recordaba Hernán Núñez,  y Correas insistía en la necesidad de madrugar para ir al molino y estar allí en el momento del turno: Quien va al molino y no madruga, los otros muelen y él se espulga, reformulado en el siglo XX por Rodríguez Marín en Quien al molino ha de andar, cúmplele madrugar. Una vez en el molino había que tener paciencia: El que está en la aceña muele, que el otro va y viene (Correas), mientras que por parte del molinero, no siempre sobrado de clientes ni de agua para mover la rueda, su actitud no podía ser más clara: Sea mi enemigo, y vaya a mi molino (Correas). En definitiva, Que muela el molino, sea salvado, sea trigo (refrán sefardí). 
Víctor Pàmies prefiere una interpretación diferente del refrán catalán Qui matina fa farina, y deja libertad al individuo para distribuir su tiempo a lo largo de la jornada (actualización: 30-04-2014).

Las maquilas 
No le quiero molinero,
y porque le llaman
el maquilandero.
Que le quiero labrador,
que coja los bueyes
y se vaya a arar,
y la medianoche 
me venga a rondar...
cantan por tierras de Burgos, pregonando la mala fama de los molineros siempre ávidos de maquilas y dispuestos a maquilar más veces de las necesarias, otra vez labradores y molineros enfrentados, ahora por el beneficio de la molienda:
Bendígote, saco, y un celemín te saco; vuélvote a bendecir, y sácote otro celemín; cuanto te molieres pagarás lo que debieres (Correas).


Distintas medidas para el trigo



El molinero cobraba su trabajo en especie, quedándose con una parte, maquila, del trigo que debía moler. No había una cantidad fija, el porcentaje en verano era mayor que en invierno y la maquila se hacía a ojo, de ahí que la gente sospechara que el molinero se quedaba frecuentemente con más de lo debido:
No fíes en maquila de molinero ni en ración de despensero
recogió el maestro Correas.


La práctica de la maquila, con o sin sisa, dejó en la lengua algunas curiosidades, como Hecho de maquilas, es decir poco a poco, porque muchos pocos hacen un mucho, tacita a tacita, que diríamos hoy.

Y hablando de tazas hasta hace bien poco existía en muchos pueblos de España la costumbre de los garbanzos torraos, garbanzos tostados con a los que se les añadía yeso, y que servían de aperitivo en los días festivos: «Garbanzos torraos, raídos por colmaos», voceaban sus vendodores estando la ganancia en entregar una taza colmada y recibirla raída, es decir al ras, sin colmatar, estando la ganancia en el aumento de volumen que experimentaba el garbanzo y en esa pequeña cantidad que iba engrosando la ganancia del torraero.

Volvamos a nuestra maquilas: De maquilas se hicieron estas pilas, y de maquilones estos mesones, se hizo eco Rodríguez Marín ya en el siglo XX, y abundó sin dejar a dudas: Quien dijo maquilar dijo robar. La poca honradez atribuida a los molineros como a otras profesiones viene de antiguo: Cien sastres y cien molineros y cien tejedores son trescientos ladrones (Correas). 


Numerosas son las variantes que encontramos del refrán De molinero cambiarás, pero de ladrón no saldrás, refrán que ha ido adaptándose a los nuevos tiempos y hoy día es fácil encontrarlo aplicado a los políticos.

Corría el año 2006 y se celebraba la fiesta de Las Mondas en Talavera de la Reina: Desfilaban las carrozas cargadas de los primeros frutos que iban a ofrecer a la Virgen, como desde tiempo inmemorial habían sido ofrecidas a la diosa Ceres. Los representantes de los municipios de la zona pasaban provistos de la vara de mando a ocupar su sitio en las gradas que tenían reservadas, los espectadores de a pie comentaban: 
Carroza Las Mondas. Talavera de la Reina (2006)
—Mira, ¡qué orgullosos van algunos!
—No puede ser que haya tantos, serán los titulares más los chupones.
—Algunos no han quitado ni la etiqueta a la vara, por si acaso.
—¡Ay, amigo! Cambiarás de molinero, pero no de ladrón.
Mientras tanto, más o menos por las mismas fechas,  en el foro de la sede virtual de un pueblecito de la provincia de Burgos, un forista recordaba: 
Juanjo, decían nuestros abuelos: «Cambiarás de molinero, pero no de maquilador». Lo realmente importante es que el pueblo sea dueño del molino y que sepa moler. Mientras arrendemos el molino con nuestro voto y dejemos que nos muelan el grano, las cosas seguirán igual, sea quien sea el molinero (Tubilla del Lago  / ¿Qué opinan los pancarteros del « no a la guerra» de la victoria de Bush?)
Vamos, la versión clásica del No hay pan pa tanto chorizo que  estamos viendo estos días en nuestras calles.
Cartelas reinvindicativas de la Asamblea Popular de Tetuán
Aún más, las operadoras telefónicas tampoco se salvan de este Quien te maquila te esquilma (Rodríguez Marín), como podemos ver en este intercambio reciente en Facebook (15/04/2011):
Eso, eso, a comunicarnos con tan tan y adiós Facebook :-)
Al menos haríamos música y eliminaríamos a unos cuantos ladrones.
Recuerda: de molinero cambiarás pero de ladrón no saldrás. Mal por mal, Telefónica funciona en Tubilla.
—Pero hay que hacer algo para que no maquilen tanto.  

lunes, 13 de junio de 2011

Número 16: La primera romería que Dios envía...

Hace tiempo y en otro blog, ya le dediqué unas líneas a San Antonio de la Florida, la primera romería que Dios envía. Terminaba entonces diciendo que algún día volvería de mañana, y hoy lo he hecho:
Largas colas rodean la ermita para recibir el par de panecillos que la tradición manda. El primero es para comer y el segundo es para guardar durante todo el año, porque de esa manera no faltará el pan en tu casa. Hasta aquí todo el mundo parece estar de acuerdo, y hay quien al recogerlos besa los panes con devoción. 



—¿Qué se hace con el pan viejo?
—Pues tirarlo, porque después de un año a ver cómo va a estar...
Aunque hay quien afirma que lo mejor es dárselo a los pájaros, y una señora que está sentada en un banco intentar recordar la canción de Los pajaritos, pero definitivamente no le sale.
Otros aseguran que no vale guardarlo en cualquier sitio, sino que ha de ser en una bolsa blanca, pero las colas por recoger el pan siguen y siguen...

Dan a besar también reliquias, y se reparten estampitas con el Responsorio de San Antonio, sí esa oración cantable que empieza Si buscas milagros, mira...; pero sin duda los alfileres es otro de los atractivos populares de la fiesta. 

Antes, la pila en la que se echaban los alfileres, trece pero uno doblado estaba dentro de la iglesia, pero debido al revuelo que se organizaba, hace bastantes años que la sacaron al jardín. Hoy está en la acera, por donde pasa la gente, y una señora protesta de que a este paso la van a poner en la acera de enfrente. 



Los alfileres se compran, los venden en los puestecillos de recuerdos religiosos y unas chicas al pie de la pila:
—Alfileres, alfileres, a cincuenta céntimos. 

Un señor, vestido de chulapo, ejerce guardia para explicar a los que se acercan, prácticamente todas mujeres aunque la tradición sirve tanto para hombres como para mujeres, el rito:

Hay que echar los alfileres, luego hay que moverlos un poco y finalmente hay que meter con fueraz la palma de la mano y apretar: «Apreta, apreta», no se cansa de repetir, para a renglón seguido, cuando los alfileres han quedado prendidos en la piel sentenciar: «Dos novios, guarda los alfileres de recuerdo». Luego, ante los micrófonos de la tele despliega toda su sabiduría acerca de esta costumbre:

—Lo tradicional es comprarlos —se oyen voces de protesta al fondo y hay quien no duda en llevárselos de casa—, se echan, se revuelven, así..., así, y luego se mete la palma con fuerza. Si no ha se ha enganchado ninguno se puede repetir hasta tres veces. 

Fuera de micrófono, una devota que dice venir desde Hortaleza porque tiene gran devoción y todos los años repite, completa junto a una chica de las que venden los alfileres, que hay que prenderlos en un sitio en el que se puedan perder, porque a medida que se van perdiendo van saliendo los novios y es que San Antonio da novio, y San José matrimonio. 

La moza que a san Antonio besa el pie, casará bien, aunque lo de los alfileres parece que sirve tanto para ellas como para ellos, lo mismo que sirve el hacer un nudo en el pañuelo, acordándose del santo, para que inmediatamente aparezca un objeto perdido. Me asegura una señora que es verdad y que no hace falta ni tan siquiera rezar el consabido padrenuestro.

—Sí, que es verdad, sí —afirma una mujer de mediana edad—, que a mí me salió novio después de que se me clavaran tres alfileres, y ya han pasado cinco años.

—Lo importante es que sea bueno, porque novios sobran —dice resuelta una señora de las que hacen cola para recoger los panecillos. Y a la mente me vienen los deseos de las chicas leonesas:
San Antonio, bendito,
dame un marido,
que no fume ni beba,
y duerma conmigo.
Otro señor, impecablemente vestido de chulapo, nos da otro destino para los alfileres: «hay que prenderlos en una de las estampas», y saca del bolsillo una que dice llevar con él muchísimos años, puede que tantos como lleva su mujer, también impecablemente vestida a la madrileña.
Se ven bastantes mantones y alguna que otra parpusa, pero menos. Luego, al acercarnos apreciamos que la parpusa (gorra) suele ir acompañada del safo (pañuelo blanco), mañosagabriel (chaleco), babosa (chaqueta de pata de gallo), (camisa)... un clavel en la solapa y algunas insignias de devoción al santo. Hay mantones, ya lo hemos dicho, y vestidos de chiné, aunque también goyescas con redecillas amadroñadas y sombrillas para protegerse del sol. Pañuelos blancos a la cabeza y claveles asomando por debajo el pañuelo.


Cuenta Iribarren, siguiendo a otros autores, que la expresión Ser más chulo que un ocho, proviene del número del tranvía que comunicaba el centro con la Bombi, es decir la Bomibilla, allí mismito donde a orilla del Manzanares se expansionaban los chisperos en figones y merenderos.
Ha llegado el buen tiempo, los más madrugadores han tomado posesión en Casa Mingo, a esperar tranquilos tomando un tentempié a que pase la procesión.
El santo espera tranquilo, con el Niño en brazos, a la puerta de su ermita, los devotos pasan  a su lado santiguándose: San Antonio de Padua tiene un niñito, que ni come ni bebe y está gordito.


Actualización (09-07-2014): Según leo en un curioso artículo publicado en Estampa (1932), robar un San Antonio, tenía que ser robado, y rezarle hasta el día de su festividad aseguraba matrimonio: Un San Antonio robado, es el matrimonio asegurado. Además, si se juntaban trece monedas de dos céntimos, pidiéndoselas a los amigos, tampoco valía ir a una casa de cambios, y se echaban en el cepillo, el éxito estaba asegurado. 


Bibliografía
Cantera Ortiz de Urbina,  Jesús y Julia Sevilla Muñoz (2001): El calendario en el refranero español. Madrid: Guillermo Blázquez, Editor. 138 pp.
G. de L., L (1932): «Señorita, ¿quiere usted casarse?», Estampa, 11-06-1932, p. 28.
Iribarren,  José María (1994): El porqué de los dichos. Pamplona: Diputación Provincial, 6.ª ed. 422 pp. 

domingo, 29 de mayo de 2011

Número 15: Refranes sobre molinos en tiempos de don Quijote: (I) El agua va al molino

En esta y en sucesivas entregas, se publica mi ponencia «Refranes sobre molinos en tiempos de don Quijote» dentro del seminario Molinos y refranes en El Quijote, que tuvo lugar en la Universidad Complutense, facultad de Filología, durante los días 12 y 13 de mayo del 2011, dirigido y coordinado por la doctora Sevilla Muñoz.

Los molinos, todo un mundo

A la puerta de un molino,
me puse a considerar,
las vueltas que da la piedra
para moler un costal.
Con esta copla queremos resumir la importancia que el molino adquirió durante toda la Edad Media y el Renacimiento como espacio simbólico donde todo ocurría.
El molino, necesario pero a la vez espacio de conflictos y tensiones —Ni horno ni molino tengas por vecino—, era fiel reflejo de la vida humana, y como tal pasó a nuestra literatura,  tanto culta como popular, siempre con una segunda lectura, un segundo significado que es preciso tener en cuenta.
El investigador Joaquín Díaz, hablando de su Revista de Folklore nos dice respecto a los molinos:
... el molino representa, desde nuestra perspectiva, los avances del ser humano en el campo de la técnica aplicada a la naturaleza y, al mismo tiempo, su propensión a retroceder, a volver a incurrir en errores pasados cuando la sangre habla y calla la razón. Tampoco creo que Cervantes eligiera esos especiales gigantes transformados en molinos por el sabio Frestón, como un capricho o un artificio exclusivamente literario con el que complicar la vida a Don Quijote; toda la obra cervantina está nimbada de ejemplaridad y este arquetipo no podía ser menos. Quién sabe si la imagen circular de las ruedas molinares no es sino la representación más perfecta de los anhelos humanos, siempre girando alrededor del mismo eje y siempre volviendo a triturar los mismos granos (RDTP).
Algunos de los refranes que tuvieron su auge en tiempos de don Quijote se han quedado por el camino, otros han llegado hasta nuestros días cargados de significado, a veces nuevos, a veces viejos. Trataremos de prestar atención a aquellos, sin olvidar, llevando el agua a nuestro molino, los nuevos usos, Y lo haremos desde tres perspectivas: la tecnológica (El agua va al molino), la de la actividad molinar y finalmente la del molino como espacio lúdico y de encuentro.

El agua va al molino

Dios da el trigo y el molinero la harina. Todo un mundo nuevo se le abrió al hombre del Neolítico el día que pasó de cazador y recolector a agricultor. La posibilidad de dominar hasta cierto punto la naturaleza le hizo feliz por un tiempo, podía cultivar los campos, podía obtener su propio alimento y almacenarlo, pero pronto aprendió que los granos que le daban las espigas necesitaban cierta transformación para hacerlos más digestibles, para que sus ancianos y niños pudieran alimentarse sin sufrir por ello daños irreparables en sus organismos, y el hombre del Neolítico puso a sus hijas más jóvenes a moler aquellos granos entre dos piedras durante horas y horas... luego utilizó sus animales, cuando no sus esclavos, para mover primitivos ingenios, y así durante muchos siglos, al hombre se le concedió el pan gracias a los llamados molinos de sangre.

Piedras de molino
Entre dos piedras se muele el trigo o Que entre dos piedras se muela el trigo, que decía Fernán Caballero para hablar del justo castigo que deben llevar los culpables de alguna falta. Refrán actual y plenamente vigente como lo demuestra el siguiente fragmento acerca de la corrpución sacado del foro de Alhahuín el Grande (Málaga) [consulta: 09/05/2011]:
P: son mas de 4000 alhaurinos que permanecen en silencio, ¿que pasará el dia que rompan el silencio? ¿que pasará el dia que griten contra la corrupción?
R: Somos más, muchos más. Lo único es que nos callamos porque no podemos plantar cara a vecinos de toda la vida que ahora están exaltados por culpa de quien ya sabéis. Dicen que entre dos piedras se muele el trigo, bien, pues somos la piedra que no da a moler. No creo que salgamos a la calle, es una cuestión de tener o no tener vergüenza.
Boca sin muelas, molino sin piedra: Oigamos a don Quijote hablando con Sancho tras haber sido apaleado  al confundir un rebaño de ovejas con un ejército:
—¡Sin ventura yo! —dijo don Quijote, oyendo las tristes nuevas que su escudero le daba—, que más quisiera que me hubieran derribado un brazo, como no fuera el de la espada. Porque te hago saber, Sancho, que la boca sin muelas es como molino sin piedra, y en mucho más se ha de estimar un diente que un diamante (Quijote cap. XVIII, primera parte).
Estas piedras reciben los nombres de solera y volandera, pero también otros más curiosos registrados por Covarrubias, coetáneo de Cervantes, en su Tesoro de la lengua castellana o española, bajo la voz moler:
Y advierte que de las dos muelas, la inferior se llama mola asinaria, propter eius tarditatem, o se llama asinaria la muela que es traída por el jumento. De donde los latinos hazen diferencia de la muela asinaria y la manuaria, que ésta era más pequeña se traía a la redonda con la mano.
El movimiento de la rueda es el símbolo del trabajo, y no solo en el molino sino también en otras actividades. Dice Correas: «En cuanto la piedra va y vien, Dios dará del su bien: la rueda del molino y la del barbero; que mientras hay salud, y se trabaja al oficio, hay provecho.»

Piedras de molino en el que pueden verse las picadas
Vente conmigo al molino,
y serás mi molinera,
echarás trigo a la tolva,
mientras yo pico la piedra. 
Picar la piedra, labor que el molinero tenía que realizar con cierta frecuencia para que las ruedas molieran bien el trigo, de ahí Estar el molino picado significaba estar algo a punto. Llegar a molino picado, recogió Cejador en la provincia de Segovia. Volvamos otra vez a don Quijote y su escudero:
Sancho respondió que hiciese su gusto, pero que él quisiera concluir con brevedad aquel negocio, a sangre caliente y cuando estaba picado el molino, porque en la tardanza suele estar muchas veces el peligro, y a Dios rogando y con el mazo dando, y que más valía un toma que dos te daré, y el pájaro en la mano que el buitre volando (Quijote cap. LXXI, segunda parte).
Y de las piedras a las ruedas.
¿Quién no ha oído lo de Comulgar con ruedas de molino? La rueda es pieza fundamental en la maquinaria molinar, toma la fuerza del agua y la propaga arriba y abajo hasta hacer que las piedras se muevan.
Rueda de un molino
Aunque comulgar con una rueda de estas tampoco debe ser fácil, no son estas ruedas a las que se refiere la expresión, sino a las otras, a las que hemos visto anteriormente, las piedras ya que volvemos a Covarrubias que nos vuelve a aclarar bajo la voz moler: «Es quebrantar y bolver en polvo la cibera, principalmente en la rueda del molino, que por esa razón se dixo muela».
Comulgar con ruedas de molino, Tragárselas como ruedas de molino, Comulgar con piedras de molino; de las tres formas puede encontrarse esta expresión en los corpus, lo que viene a corroborar lo que nos aclaraba Covarrubias.
Sin duda sí se refiere a esta rueda el dicho recogido en Morata de Tajuña, pueblo que cuenta con un interesante molino restaurado y convertido en museo: Trajina más Marcelino que la rueda de un molino.
También relacionada con los molinos y sus ruedas es la locución Corriente y moliente, que se aplica a las cosas que funcionan como deben y suelen. 
De lo que no cabía duda, es que aunque fuera ruidoso el molino, El molino no ha menester ruido, pero no puede vivir sin él,  el molino no podía pagarse, porque Andando gana la aceña, que no quedándose quieta, refrán recogido por Correas, pero al que Cejador da una interpretación peculiar: 
Para los que han de irse fuera a ganarse el pan. Buena falta hace en Castilla, donde el inmenso ambieta aplasta y no los deja salir del pueblo. Loa aventureros de América más fueron del litoral que de la meseta. donde se ven pocos indianos o peruleros.
El molino debía andar, por activa y por pasiva, y de distintas formas nos lo dejó dicho Correas, recogiendo lo que sin duda oía en las calles de Salamanca: El molino, andando gana, que no estando la rueda parada, El molino mientras anda gana,  Molino que no anda, no gana,  y más aún, haciendo extensiva la ganancia a la familia del molinero: Dinero tenía el niño, cuando molía el molino.

Rueda de carro y rueda de molino, intereses contrapuestos, como lo señala el refrán recogido por Correas con su correspodiente explicación: «No venga a la vega lo que desea la rueda: entiéndase la rueda de la carreta, que desea seco el camino; y en bajíos y tierras húmedas se entenderá la rueda del molino, que quiere agua para andar, y no la vega». Puesto que la rueda necesitaba agua, no nos extrañe que se aproveche en los ríos caudalosos, el agua corriente que baja por los ríos caudalosos, moviendo directamente las ruedas de las llamadas aceñas, como por ejemplo puede apreciarse en el plano de Aranda de 1503 en el que pueden verse señaladas claramente dos ruedas sobre el Duero.

Plano de Aranda de 1503
A pesar de la abundancia de agua en los ríos principales, las aceñas presentaban serios problemas, pues las avenidas eran frecuentes y producían grandes destrozos en la maquinaria molinar, Lo que el agua trae, el agua lleva (Correas), cuando no la muerte o la integridad física de los molineros: ¡Guay de la molinera que al molinero el agua le lleva!, y explica Correas que al ser las molineras por lo general más débiles, es más probable que se las lleve antes la avenida. Ya que el agua no vaya al molino, vaya el molino al agua o mejor empezemos a Llevar el agua al molino:  Por san Martín bebe el buen vino y deja el agua para el molino, confórmemonos con lo aparentemente más seguro, aunque no siempre más fácil, como veremos enseguida: Heredad por heredad, molino de pan, en arroyo que no en caudal, nos dice una vez más el maestro Correas.
Para llevar el agua al molino, en las corrientes de poco caudal, el agua se desvía del curso principal y se represa en lo que se llama el caz, hasta que consigue un volumen suficiente capaz de mover la rueda. La lucha por el agua es constante en las zonas de secano, de ahí que mucho molinos trabajaran solo en invierno cuando el agua era más abundante.
Caz del molino de Montejo de la Vega de la Serrezuela (Segovia)
Los problemas entre los labradores y los molineros —Molinico ¿por qué no mueles? Porque me beben el agua los bueyes—, incluso entre los propios molineros son continuos ya que Cada uno quiere llevar el agua a su molino y dejar seco el de su vecino. Y así llegamos a la fusión de refranes y adivinanzas, algo my del gusto de los siglos de oro y de lo que veremos algún ejemplo más: Como no tengo agua, agua bebo; si agua tengo, vino bebo, estando la respuesta en el propio refranero: Con agua muele el molino y el molinero con vino. En defnitiva, Pide agua todo molino, y todo molinero su vino. Ya hemos visto que la familia del molinero medraba cuando el molino andaba, porque como bien dice el refrán asturiano: Col agua del molín, la molinera engorda´l gochu, lógicamente no con el agua del molino, pero sí con los rendimientos que esta deja.

Al final, vistos los problemas que representaban los molinos, ya en la Edad Media se aconsejaba: Haz molinillo en tu corral, y no te dirán no hay pan.

Agua pasada no mueve molino, sin duda, pero algo se movía aguas abajo de los molinos porque:
No muíño fan cantigas,
no muíño fan concellos,
no muíño fanse amores
e contan contos os vellos.

Antes de dedicarle unas líneas a los molinos de viento, excusa última de esta charla, recordemos una pequeña pieza del molino a la que ya le dedicamos unas líneas: Por demás es la cítola, cuando el molinero es sordo, algo que no me cansaré de repetir.

Y bien llegamos a los gigantes que hasta aquí nos han traído 

Molinos de Campo de Criptana
 Vistas las dificultades que tenían los molinos de agua, viendo las grandes inversiones que tenían que hacer los dueños de los molinos, generalmente grandes señores, monasterios o villas, viendo los altos costes de mantenimiento que tenían que soportar los explotadores, es decir los molineros, se decidió aprovechar la fuerza del viento, y así poco antes de que don Quijote empezara a recorrer los campos de la Mancha, estas siluetas de gigantescos brazos empezaron a girar, para confundir así a nuestro hidalgo.

Pocos son los refranes y expresiones que nos han dejado los molinos de viento, de hecho el maestro Correas, no lo olvidemos coetáneo de Cervantes, solo nos ha dejado uno Molinero de viento, poco trabajo y mucho dinero, lo que indicaba que en aquella época el molino de viento era productivo, aunque con el tiempo perdiera su prestigio como nos indican los dos refranes recogidos por Rodríguez Marín ya en el siglo XX: Pescador de caña y molinero de viento, sin notario hacen su testamento y  Pescador de río y molinero de viento, mala olla y peor testamento.

Bibliografía 
  • Calvo Pérez, Juan José (2004) : «El río Gromejón (2): Molinos tradicionales en torno a sus riberas. El molino de Revilla», Cuadernos del Salegar, 40-41. [En línea] (http://mimosa.pntic.mec.es/~jcalvo10/Textos-CdS/40-41molinos.pdf), [consulta: 09/05/2011].
  • Correas, Gonzalo (1627 = 2001): Vocabulario de refranes y frases proverbiales, ed. Louis Combet, revisada por R. Jammes y M. Mir, Madrid: Castalia. Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica, 19.
  • Forné José y Maïté Mir-Andreu (2002): «Meuniers et moulins au XVIIe siècle en Espagne d'apres le Vocabulario de refranes de Gonzalo Correas (1627» en Moulins et meuniers dans les Campagnes européennes (IXe-XVIIIe siècles) ed. M. Mousnier. Toulouse: Presses Universitaires du Mirail. [Google Books, 11/05/2011].
  • Redondo, Agustín (1989): «De molinos, molineros y molineras: Tradiciones folklóricas y literatura en la España del Siglo de Oro», Revista de Folklore, n.º 102, pp. 183-186.
  • Rodríguez Marín, Francisco (1926) Más de 21.000 refranes castellanos no contenidos en la copiosa colección del Maestro Gonzalo Correas: allególos de la tradición oral y de sus lecturas durante más de medio siglo: (1871-1926). Ed. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos.

[1]  Todas las imágenes son propias, con la misma licencia de esta página, menos la de los molinos de Campo de Criptana que pertenece a Wikimedia Commons.

sábado, 28 de mayo de 2011

Número 14: En medio la plaza...

En medio la plaza estoy,
nadie me puede echar fuera,
aquí cantamos nosotros,
salga el SOL por donde quiera.
No son muchos los refranes que hacen referencia a las plazas, a lo mejor porque ya se sabe que las plazas son como ese cuarto de estar común en el que todo ocurre, y ¿quién se molesta en reflexionar sobre el espacio ideal para discutir, intercambiar, vivir...?

No me busque en casa quien me puede hallar en la plaza, dijo don Juan de Iriarte en el siglo XVIII, en un precioso libro en el que se dedicó a poner algunos refranes comunes en latín.

SolRíe: el Mundo te mira

El hombre debe salir a la plaza, debe ir a ella para ocuparse de la res púbilica, mientras que siguiendo la mentalidad de la época, que venía de lejos, la casa debe quedar para la mujer: La mujer en casa, y el hombre en la plaza, o El tocino hace la olla, el hombre la plaza, y la mujer la casa.

Ollas, hombres y mujeres se han juntado estos días en nuestras plazas, en las que no han faltado las caceroladas, las flores, las manos en alto...

Las plazas, ese espacio privilegiado que apetecen comerciantes, ricoshombres y mesoneros,  porque como dice el proverbio español No todos pueden vivir en la plaza, es sin lugar a dudas de todos, de todos los hombres y mujeres que quieran disfrutarlas, porque como mejor sentencian los italinos Si todos no pueden vivir en la plaza pública, todos deben gozar dela luz del sol.

En esto de las plazas, los españoles hemos sido siempre más rotundos:

En la plaza de mi pueblo,
dijo el jornalero al amo:
«Nuestros hijos nacerán,
con el puño levantado.»


Nuevos tiempos traen nuevas costumbres y ahora las revoluciones se hacen de otra manera, seguimos tomando las plazas pero el aire y la noche se llenan de gritos mudos y de manos levantadas.

Sé prudente y no te importen demasiado las críticas porque ya en tiempos latinos se decía  Qui struit in callem, multos habet ille magistros, sentencia que nuestros tatarabuelos labradores supieron trasladar al romance: Quien en la plaza a labrar se mete, muchos adestradores tiene.

Las plazas, sin duda, enseñan y de ellas se sale fortalecidos:

En medio la plaza estoy,
y a ninguno tengo miedo,
salga uno, salgan dos,
salgan tres, que a cuatro espero.

Ahora, nucna olvides lo que nuestros abuelos aconsejaban: No estés mucho en la plaza, ni te rías de quien pasa.

domingo, 17 de abril de 2011

Número 13. Nunca falta un roto para un descosido

Hablamos hoy de rotos, porque el muy conocido refrán Nunca falta un roto para un descosido bien merece unas líneas.

¿Por qué rotos y por qué descosidos?

En la Edad Media, época en la que las telas no abundaban y eran caras, el que la ropa tuviera desgarrones era un auténtico problema, y las damas zurcían y zurcían sus vestidos una y otra vez para no tener que adquirir uno nuevo, y con ello poner en riesgo la economía familiar. El Marqués de Santillana, en cuyo ajuar por cierto, figuraban nobles telas entre otros objetos de valor, recogió entres sus refranes: Peor es el roto que el descosido, lo cual, ciertamente no es decir mucho, aunque bien pudiéramos considerar que se utilizaba ya para consolar a aquel que le había ocurrido alguna desgracia haciéndole ver que podía haber sido aún peor.

El profesor Cantera nos recuerda el refrán sefardí Lo roto por lo descozido, con equivalente en francés:  C'est qui est dechirée par ce qui est simplement découssu.

Hernán Núñez en el XVI nos da un nuevo refrán: :Si fuera el roto como lo descosido, no habría nada perdido. Es decir, las cosas pueden ir a peor, y en aquel tiempo ya se utilizaría con una clara intención metafórica.

Correas, un siglo después, recoge ya nuestro Nunca falta un roto para un descosido y dcie aplicarse a la mujer poco agraciadas (en cualquier sentido) para darle esperanzas de encontrar marido.

La Real Academia Española, en su Diccionario de Autoridades (1732) le da un sentido más general:
«Nunca falta un roto para un descosido. Refrán que enseña que los que son de unas mismas costumbres y modo de vida, se buscan y fácilmente se hallan, se aunan, hacen amistad y se corresponde. Lat. Egeno facile iungitur rudis pauper.(*)»
Finalmente hay que advertir que suele suceder no solo se emplea el refrán para consolar a las mujeres que no encuentran novio sino también para describir situaciones en las que algo empeora, como puede verse en el Refranero de Catámarca (Google Books, [consulta: 12/04/2011]): «Se aplica este refrán cuando alguien descompone una fiesta o interviene en una discusión con frases disonantes.» Y curiosamente añade lo de los pretendientes pero aplicado a los hombres: «Además se dice cuando un pretendiente no esperaba en ninguna forma, por su fealdad u otros motivos, que ninguna mujer lo acepte, es correspondido.» Este libro lo da como equivalente a otro refrán muy popular en América (México) Nunca falta una media (sucia) para una pierna podrida/llagada.

Cejador, lingüista español de principios del XX, proporciona otro sinónimo jugoso: Nunca falta un tiesto para una mierda", auqnue algunos más finos dicen:  
Nunca falta un tiesto para una maceta :-).

(*) Fácilmente se juntan los pobres rudos con los necesitados.

Bibliografía
Cantera Ortiz de Urbina, Jesús (2004): Refranero sefardí. Madrid: Akal.
Correas, Gonzalo (1627-2000): Vocabulario de refranes y frases proverbiales; edición de Louis Combet revisada por Robert Jammes y Maïte Mir-Andreu. Madrid: Castalia.
Cejador y Frauca, Julio (1928-1929): Refranero castellano. Madrid: Editorial Hernando. 2 vols.
Hernán Núñez (1555 = 2001): Refranes y proverbios.Edición crítica de Louis Combet, Julia Sevilla Muñoz, Germán Conde Tarrío y Josep Guia. Madrid: Ediciones Guillermo Blázquez..
López de Mendoza, Iñigo, Marqués de Santillana, (1980): Refranes que dicen las viejas tras el fuego. Ed. María Josefa Canellada. Madrid: Editorial Magisterio español.
Martínez Kleiser, Luis (1953): Refranero general ideológico español. Madrid: Editorial Hernando.