viernes, 26 de febrero de 2010

Número 5. Quien regala bien vende, si quien lo compra lo entiende

Esta semana asistí a un interesante taller sobre creaciones bajo licencia Creative Commons. Allí había de todo, como en botica, desde proyectos de películas de cincia ficción, El cosmonauta, hasta música libre en directo. También me enteré de que es posible contribuir desde tu casita y poniendo tu ordenador al servicio de la ciencia observando los astros,  a un importante programa científico. En  fin,  está claro que un grano no hace granero, pero ayuda al compañero, siempre lo dijimos, de la misma manera que nuestras abuelas bien sabían que con muchos cabitos de vela se hace un cirio pascual.

Pero volvamos a nuestro refrán de cabecera, y tratemos de desentrañar su sentido a través de ese juego de palabras, de regalar, vender, comprar... ¿En qué quedamos?:  ¿se regala o se vende?

La mayoría de los paremiólogos incluyen este refrán entre los refranes interasados, cuya primera forma conocida es la que nos da Pedro Vallés (Zaragoza, 1549): Quien da, bien vende, si no es necio quien prende.

Rodríguez Marín (Martínez Kleiser, 1953: 626) en su afán por recoger todas las variantes por mínimas que fueran, nos deja algunas formas más:
Quien regala, su mira lleva
Todo regalo trae algo debajo
Nadie regala nada a humo de pajas
Quien te regala diez higos, ya cuenta para siempre contigo: ¡hombre triste, por diez higos tu libertad vendiste!
y así....

Sobre este último refrán, Pancracio Celdrán (2009: 166) nos recuerda que una cesta de higos era algo que en el mundo clásico se apreciaba mucho por atraer la buena suerte. Se considera que el olor del higo alejaba los malos espíritus y su miel es buena para curar las enfermedades de la piel. Parece ser que Plinio aconsejaba en el siglo I regalar higos de Ibiza a aquellos que tuviera el paladar refinado.

Este autor recuerda también que antes solo se regalaba lo hecho en casa o perteneciente a ella, nada de tirar de Visa cuando llegan las ocasiones especiales y queremos obsequiar a familiares y amigos.

Pese a la aparente reticencia del refranero ante los regalos y los regaladores, bien podríamos acercarnos a este refrán desde otra óptica y pensar que no siempre lo que se regala, lo que se da, no tiene recompensa. Ser generosos al principio con lo que tenemos puede abrirnos muchas puertas en el futuro, porque como por otra parte también dice la sentencia bien, porque por otro lado también dice el refranero: Manos que no dais, ¿qué esparáis?

Fuentes: 

Cantera Ortiz de Urbina, Jesús y Julia Sevilla Muñoz  (2003): Libro de refranes y sentencias de Mosén Pedro Vallés. Madrid: Guillermo Blázquez, Editor.
Celdrán Gomariz, Pancracio (2009): Refranes de nuestra vida. Madrid: Editorial Viceversa.
Martínez Kleiser, Luis (1953): Refranero general ideológico espalol. Madrid: Librería Editorial Hernando.

jueves, 18 de febrero de 2010

Número 4. Camarón que se duerme, se lo lleva la corriente

No hay que relajarse, hay que estar siempre ojo avizor en esta vida, la pereza no suele llevar a buen puerto, porque ya se sabe que camarón que se duerme, se lo lleva la corriente, o lo que puede ser peor: termina en un cóctel..

Define el DRAE la palabra camarón como: 
2. m. Crustáceo decápodo, macruro, de tres a cuatro centímetros de largo, parecido a una gamba diminuta, de color pardusco. Es comestible y se conoce también con los nombres de quisquilla y esquila.
Refrán conocido en España, pero de uso más generalizado en los países americanos, es refrán relativamente nuevo, siendo uno de los primeros en registrarlo Rodríguez Marín, que ya lo incluía en sus Cincuenta cuentos anecdóticos (1919: 301): «No es usté un hombre práctico, y ya se sabe: camarón que se duerme...». Más tarde lo incluye  Martínez Kleiser (1953: 181) en su recopilación (núm. 16.388), pero no bajo el epígrafe Pereza, sino Descuido. El DRAE lo recoge en la edición de 1956, y dice que es «refrán con que se estimula la diligencia en la persona». Curiosamente, a partir de esta edición, la RAE decidió retirar los refranes de su Diccionario.
El refrán tiene su equivalencia prácticamente exacta en las lenguas galaico-portuguesas: Camarão que dorme, a onda o leva (PT) y  Camarón que se dorme vaino levando a corrente (GL), y es en esta lengua (de la Iglesia, 1886: 226) donde encontramos estos preciosos versos que contradicen el refrán
N' hai tal camaron dormido 
Nin taf corrente levalo, 
O camaron 'na sua cóva
Sempre vive preparado
s.
Como la cita es de 1886 bien podemos entender que era moneda corriente en lengua gallega por esas fechas. Somos capaces aún de encontrar una referencia un poco más antigua a él, y es en un cuento, una novela corta, Un alma en pena (1862), de un autor puertorriqueño del siglo XIX,  Alejandro Tapia y Rivera:
Con sólo hablar de ellas se volvió esto el puerto de arreba-capas y no quiero que cual camarón dormido me arrastre la corriente.
En los refraneros américanos encontramos múltiples referencias a este refrán: Refranero panameño: contribución a la paremiología hispanoamericana (Chile: 1955), Refrán viejo nunca muere (México: 1993), Dichos y refranes oídos en Colombia (Colombia: 1973), Los dichos en el habla chilena (Chile: 2002), y un largo etcétera.
Pero quizá no sea su popularidad la característica principal de este refrán, sino su facilidad para convertirse en un antirrefrán, es decir para jugar con él y conseguir así nuevas formas que van ganando terreno a la original. Ya lo hemos dicho. Camarón que se duerme amanece en un cóctel, pero también Al camarón que se duerme no lo contratan como velador, etcétera...
Aunque recientemente, la guinda la ha puesto inadvertidamente el príncipe Guillermo de Holanda, al decir que Camarón que se duerme, se lo lleva la chingada.


Fuentes:

De la IGLESIA, Antonio (1886): El idioma gallego, su antigüedad y vida. Vol 3. Consultado a través del Google Libros [18/02/2010]. 
Martínez Kleiser, Luis (1953): Refranero general ideológico espalol. Madrid: Librería Editorial Hernando.

Refranero multilingue: Centro Virtual Cervantes, [consulta: 18/02/2010].
RODRÍGUEZ MARÍN, Francisco (1919): Cincuenta cuentos anecdóticos Revista de archivos, bibliotecas y museos. Consultado a través del Google Libros [18/02/2010]. 




 

domingo, 7 de febrero de 2010

Número 3. Por demás es la cítola, cuando el molinero es sordo

Hablamos hoy de un antiguo refrán, que ya recogió el Marqués de Santillana, en Refranes que dicen las viejas tras el fuego. 
 Define María Moliner la cítola como:
«Tarabilla». Tablilla que cuelga sobre la piedra del molino harinero, la cual al girar la piedra, tropieza contra la tolva y, además de hacer que se desprenda de las paredes de ésta la molienda, produce un ruido que, al cesar, avisa de que el molino se ha parado.
 Es decir, que cítola y tarabilla son la misma cosa y básicamente entre sus funciones, mediante el ruido que hacen, sirven para avisar al molinero, que de esta forma, mientras el molino muele puede estar en otras tareas. Ahora bien, si el molinero es sordo, de poco sirve este mecanismo; los medios siempre tienen que ser adecuados para los fines que presentan.


rueda de campanillas en alguna iglesia de Tierra de Lara
Pronto se superó este sentido más literal del refrán y pasó a significar que cuando no se quiere prestar atención a algo de poco sirve que se habiliten medios que en otro entorno podrían funcionar, algo así como  No hay más sordo que el que no quiere oír.

Este hacer oídos sordos a lo que nos dicen pasó muy pronto a las páginas de oro de nuestra literatura de la mano de Melibea, la protagonista femenina de La Celestina. La joven enamorada se expresa así  ante su criada Lucrecia, en un parlamento antológico en el que la joven vindica su libertad,  al decirle la criada que sus padres están tratando de su posible boda:
Calla, por Dios, que te oirán. Déjalos parlar, déjalos devaneen. Un mes ha que otra cosa no hacen ni en otra cosa entienden. No parece sino que les dice el corazón el gran amor que a Calisto tengo y todo lo que con él un mes ha he pasado. No sé si me han sentido, no sé qué se sea aquejarles más ahora este cuidado que nunca. Pues mándoles yo trabajar en vano, que por demás es la cítola en el molino. ¿Quién es el que me ha de quitar mi gloria? ¿Quién apartarme mis placeres? Calisto es mi ánima, mi vida, mi señor, en quien yo tengo toda mi esperanza. Conozco de él que no vivo engañada, pues él me ama, ¿con qué otra cosa le puedo pagar? Todas las deudas del mundo reciben compensación en diverso género; el amor no admite sino solo amor por paga. En pensar en él me alegro, en verlo me gozo, en oírlo me glorifico. Haga y ordene de mí a su voluntad. Si pasar quisiere la mar, con él iré; si rodear el mundo, lléveme consigo; si venderme en tierra de enemigos, no rehuiré su querer. Déjenme mis padres gozar de él si ellos quieren gozar de mí. No piensen en estas vanidades ni en estos casamientos, que más vale ser buena amiga que mala casada. Déjenme gozar mi mocedad alegre si quieren gozar su vejez cansada; si no, presto podrán aparejar mi perdición y su sepultura. No tengo otra lástima sino por el tiempo que perdí de no gozarlo, de no conocerlo, después que a mí me sé conocer.
Nótese que Melibea no cita el refrán completo, solo lo alude, lo cual nos da una idea  de lo popular que era este refrán ya en el siglo XV. 

Por su parte, el sinónimo tarabilla, término onomatopéyico que trata de reproducir el sonido del dispositivo, dio origen a una expresión muy popular para designar la verborrea y a las personas que la practica: Hablar como tarabilla o Ser una tarabilla. Escribía Galdós (1909) en El caballero encantado:
Lo que mayormente colmaba el asombro de Tarsis era que, hallándose Becerro en absoluto ayuno, tuviese la lengua tan destrabada y el cerebro tan listo para verbalizar las ideas. Hablaba como una tarabilla,  con dicción clara y aliento fácil.
Dejemos los textos clásicos y volvamos a la realidad cotidiana del siglo XXI, en el que abundan los mensajes sonoros, instrucciones que nos llegan muchas veces en ambientes excesivamente ruidosos, en el que todos, prácticamente todos, nos volvemos sordos. ¿Quién en una estación de tren, almacén o consulta del médico no ha tenido que pedir que le repitan o le aclaren uno de esos mensajes ininteligibles?, y es que de poco sirve la cítola, si el molinero es sordo.