martes, 6 de octubre de 2026

Núm. 325. Flores de papel

En la contraportada de Flores de papel podemos leer el siguiente comentario del periodista Alfonso Armada:

España no ha asumido nunca la culpa por haber traicionado a los saharahuis, la provincia invisible.

Esa vergüenza histórica solo se puede curar políticamente, pero una forma de expiación es beberse toda la arena de este libro lleno de luz, sombras, fuego, memoria y lágrimas. 

Recuerdo bien aquel otoño del 75 y su Marcha Verde con todas las incógnitas, miedos e incertidumbres que, en aquel franquismo, con Franco en sus últimos alientos, nos dejó a los españoles penínsulares. Las noticias más fiables, pero siempre con sordina, procedían de los familiares y conocidos que habían tenido que abandonar con precipitación aquella provincia, en la que no pocos de nuestros mozos habían hecho hasta entonces la mili.

Luego, en la transición, cuando empezamos a salir un poco a la libertad de aquellos conciertos reivindicativos al aire libre, vimos ondear alguna bandera del Polisario... y luego nada. El Sahara desapareció de nuestras vidas para solo reaparecer tímidamente en ocasiones muy excepcionales. Una jugada maestra de Marruecos y de posiblemente los políticos españoles, que nunca supieron muy bien, tal como dice Armada, manejar aquella situación tan incómoda para cualquiera. 

Flores de papel, en la voz y pluma magistral de Ebabba Hameida, nos viene a contar esa parte de la historia, lo que pasó entonces, y lo que vino después, pero visto, vivido, desde el otro lado. Y solo bebiéndonos —hermosa imagen—hasta el último grano de arena, como dice Armada, podremos atisbar tan siquiera un átomo de lo que aquello supuso para tres generaciones, tres generaciones que habrán entrado ya en una cuarta, de exilio y dolor alejadas de su tierra.

A este libro de ¿autoficción? da título una insignificante anécdota dentro de la narracción, que, sin embargo, es muy significativa de lo que era aquel vivir de dos mundos antes de que la ambición excesiva de las naciones irrumpiera abruptamente en aquella zona.

Alí es un saharahui que ha dejado el desierto para afincarse en una pequeña localidad cerca de Villa Cisneros, donde con sus manos y las de su mujer, una de las tres protagonistas del libro, ha construido su casa de adobe. Juan es un militar español destinado allí, es amigo de Alí y hacen buenas migas y se ayudan en lo que pueden. Laila, la mujer de Alí, va a dar a luz a la que va a ser la segunda protagonista, Naima. Alejada de las mujeres que la habían protegido en los partos anteriores, Laila siente miedo, pero Juan y Alí no dudan en trasladarla al hospital donde será atendida. Tras el parto, en la habitación la esperan su marido y Juan, y en la mesita de al lado de la cama, Laila ve una caja de bombones y un jarrón con flores de papel. Juan justifica el detalle asesgurando que es la costumbre de la tierra llevar flores a las recién paridas, pero como allí no hay flores, la mujer de Juan, que luego sabremos que lleva el nombre de Julia, ha confeccionado ese ramo. 

Alí, por su parte, ha adquirido una cabra con su chivillo para que a su nueva hija no le falte leche. Laila, cuidando de estos animales a la par que de sus hija, se sentirá un poco más ligada a su vida nómada anterior. Tras el nacimiento de Naima pasarán pocos años en aquella paz, pues enseguida se producirá esa Marcha Verde, que los saharahuis rebautizarán como Negra, y los ataques marroquíes sobre la población civil y la guerra llevarán a la familia de Alí a los campos de Tinduf, en Argelia. 

Tinduf nos suena algo, pero salvo que hayamos sentido una enorme curiosidad por esta parte de la historia, será eso, solo un nombre que suena. Naima crecerá allí, pero doy un salto en el tiempo para ver cómo la tercera protagonista, Aisha, la nieta de Laila e hija de Naima, descubre viviendo ya en Mérida, acogida por una familia española, esa parte de la historia de su pueblo, que no deja de ser la nuestra. Animada por su profesor, se lo cuenta a sus compañeros, para luego contárnoslo a nosotros en una prosa impecable.

Hermoso libro imprescindible para todos nosotros.

Jarrón con orquídeas de papel blancas apoyado en el suelo

 

Nota final: Si a la vez que lees el libro, quieres poner rostro y paisaje a sus protagonistas, no dejes de hojear el libro de fotografía de Mario Pascucci  Un pueblo bajo el sol, construido con las fotografías tomadas en los campos de refugiados durante el 2005 y 2006. 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Núm. 324. La muy catastrófica visita al zoo

En las bibliotecas, al menos en las de Madrid, suele estar siempre prestado; de hecho me tocó esperar algunos meses en la biblioteca de mi barrio para que me llegara el turno. También me lo habían recomendado algunas amigas: «Es divertido, te arranca sonrisas». Lo de divertirse y sonreír nunca está de más, así que vamos a ello.

Ha sido el primer libro que he leído de este autor, Joël Dicker, del que dicen que sus libros anteriores presentan tramas complicadas. No es el caso de este, que en palabras de su autor, ha sido escrito para que lo puedan «leer y compartir todos los lectores, sean como sean y estén donde estén, de los siete a los ciento veinte años».

Algunas voces dicen que este deseo universal le ha llevado a escribir un libro para niños, un libro para niños que pueden leer los adultos, al estilo de otras obras universales. Desde luego no es el caso y omitiremos las comparaciones, sean o no sean odiosas.

Dicker, supuestamente, ha tomado prestada la voz de unos niños autistas, en distinto grado y con distintas características, para hacer una especie de crítica social del mundo de los adultos, los padres y profesores, principalmente, pero no solo estos. Los niños quieren, en sus características poco comunes -«especiales», según el lenguaje políticamente correcto y «rarunos», según los demás niños-, representar, de alguna forma, a los niños con discapacidad e incluso a todo el universo infantil, cada uno con sus peculiaridades, todos diversos, todos diferentes.

El propósito puede ser loable, pero el resultado resulta un poco simplón, me resisto a calificarlo como infantil, por mucho que el autor haya querido infantilizar el libro a través de las preguntas que se hacen los niños. 

El libro encierra una pequeña trama policiaca, ¿quién ha sido el que ha inundado la escuela especial de los niños? Los niños, naturalmente, son los encargados de descubrirla, y ese punto, el resultado de la investigación, quizá sea de lo más decepcionante del libro, aunque hay que reconocer que sabe mantener la intriga a través de las sucesivas catástrofes, hasta llegar a la anunciada en el título.

¿Y si no te ha gustado mucho el libro, para qué lo comentas en el blog?, se preguntará alguno de mis pacientes seguidores.

Pues, paciente lector de mi blog, si he llegado hasta aquí es para hablar de las traductoras, María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego, que han sabido mantener en castellano ese reto que le presentaba el lenguaje coloquial del original francés.

Solo tengo testimonios indirectos de esos logros, así que no pondré ninguno de mi cosecha, pues no tengo el original francés, pero uno de los méritos de este libro es que se lee como si hubiera sido originalmente escrito en nuestra lengua. Y esto, que no se note que es una traducción, es de lo mejor que se puede decir de un traductor.

Muy de agradecer que sus nombres figuren también en la portada del libro. 

 

Jielbeaumadier gorilla gorilla gorilla femelle madrid 2014

Título: La muy catastrófica visita al zoo

Autor: Joël Dicker

Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego

Editorial: Anagrama

Año: 2025