martes, 14 de julio de 2026

Núm. 322. La masacre olvidada


En 1984, después de bastantes años dedicado profesionalmente a las artes escénicas, Andrea Camilleri (1925-2019) publica La strage dimenticata. Previamente, la misma editorial, Sellerio, le había publicado un par de novelas sin demasiado éxito. 

Ha tardado décadas en llegar una traducción al español, siendo la editorial Destino la encargada de publicarla en 2024. La traducción es de Juan Carlos Gentile Vitale. Título en español: La masacre olvidada

Porto Empedocle - Torre di Carlo V

Aunque en algunos lugares aparece etiquetada como «novela», se trata de un ensayo histórico sobre un episodio vergonzosamente silenciado por la historiografía «oficial», y por ende, por la historia: En 1848 los sicilianos se revelan contra los Borbones. Son masacrados algunos campesinos, pero sobre todo son asesinados 114 prisioneros, aunque la muerte se debió más a una negligencia que a un acto voluntario. Ante las revueltas, y para evitar problemas internos, el alcaide de la torre que servía de cárcel, los encerró en un lugar que resultó no tener ventilación, por lo que murieron axfixiados todos ellos..

El episodio, al parecer, había sido totalmente olvidado, pues ninguna fuente histórica se había encargado de rescatarlo; sin embargo, permanecía en la memoria del pueblo, y así se lo hace llegar la abuela paterna de Camilleri, Carolina Camilleri. Esos recuerdos le llevan a investigar lo ocurrido con más detalle, adentrándose ya en una investigación histórica en toda regla.

Para ello el autor se detiene  en hablarnos del escenario: una torre imponente, «alta, oscura y cuadrada» en el pueblo de Borgata Molo, actual Puerto Empedocle, cuna del autor. Con detalle, Camilleri nos describe la fortaleza, en la que la mano femenina de ninguna castellana había puesto su granito de arena para hacerla más amable, según nos dice. De fortaleza enseguida pasó a cárcel, para, tras otros avatares y destinos, terminar siendo en la actualidad, al menos en la actulidad del relato, biblioteca y centro cultural. 

En los hechos y en el relato tiene una importancia decisiva un cilindro de reducido diámetro, que albergaba una escalera, y que comunicaba la fosa, que en algún momento sirvió de almacén de vituallas, con la terraza. El problema es que ese cinlindro podía cerrarse con dos pesadas escotillas, acción que impedía la llegada del aire a la fosa, donde en su momento fueron encerrados los prisioneros.

Y eso fue lo que ocurrió, los prisioneros murieron allí por falta de aire, cuando la guarnición, tras subir a la terraza, trataba de protegerse de un ataque por la espalda.

Algún crítico ha señalado que Camilleri en este ensayo presenta los hechos de forma confusa;  puede ser, la lectura resulta difícil y no es fácil seguir la argumentación, pero ese Camilleri social se deja ver también aquí, como por ejemplo cuando describe lo que ocurre después de la rebelión, después de que todo, aparentemente, haya vuelto a la calma.

El 5 de febrero de 1948, Ruggero Settimo, desde Palermo, proclama, presa del entusiasmo, que una era de felicidad ha comenzado para Sicilia y para los sicilianos liberados por fin del yugo borbónico y que, en consecuencia, se pueden considerar terminados los horrores de la guerra. Lo que significa, en palabras sencillas, el inicio de un duro trabajo para todos aquellos que, del muerto asesinado a la vaca degollada, de la casa quemada a la cosecha destruida, están por oficio destinados a conocer los horrores de la guerra. 

Las guerras, pequeñas o grandes, justas o injustas, siempre las termina pagando el pueblo, pero rara vez la historia oficial desciende a estos niveles. Más bien se queda en las altas esferas, en aquellos que mandan, y que suelen salir indemnes, como le ocurre al tal Sarzana, comandante de la guarnición, y responsable, por tanto, de la masacre de  114 inocentes, del que la historia no dice si fue castigado por la acción, si se salvó, si... El pueblo y la tradición oral tuvieron que rellenar alguna de esas lagunas de la memoria oficial.

Autor: Andrea Camilleri.

Título: La masacre olvidada.

Año: 2014.

Editorial: Destino.

Título original: La strage dimenticata (1984).

Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale. 

 

sábado, 30 de mayo de 2026

Num. 321. El encaje roto

El encaje roto toma el título del último de los relatos reunidos por Cristina Patiño Eirín. El volúmen lleva por subtítulo: Antología de cuentos de violencia contra las mujeres. Todos ellos fueron escritos por Emilia Pardo Bazán entre 1883 y 1920. La editora los ha espigado (sic) entre más de seiscientos que la autora publicó a lo largo de su vida.


Woman's Two-piece Dress (Wedding) LACMA M.70.90a-b

La violencia contra la mujer parece que ocurre desde que el mundo es mundo, o al mens así nos lo hacen creer.  La viñeta del cavernícola que arrastra con una mano a su mujer por el moño, mientras en el otro hombro lleva orgulloso el arma, un basto que no rechazaría ningún rey de baraja, la hemos visto demasiadas veces incluida en todo tipo de literatura y artes. Algo de esto hay también en alguno de los relatos seleccionados:

¡Quisome coger ese condenado! ¡Agarrome del pelo!

grita una rapaciña.

Pero hay violencias más sutiles, violencias que solo entienden y ven las que las sufren, como esa mirada capaz de suspender una boda al pie mismísimo del altar, ¡y gracias a Dios que no llegó a realizarse el matrimonio!

En ocasiones las mujeres, víctimas del maltrato varonil, salen airosas de los trances, bien por sus propias manos o con la ayuda de algún varón que es testigo de los crímenes y quiere remediarlos. A veces las protagonistas dejan con un palmo de narices a sus parejas y les dicen: ¡Ahí te quedas, que me las piro!», pero hay que reconocer que son las menos. La violencia está presente y bajo muchos matices.   

Y en esto de no quedarse en la violencia física, ir también a la psicológica, se nos muestra doña Emilia no tanto como una anticipada a su tiempo, algo que se ha dicho, sino como una gran conocedora de la realidad femenina. Hay muchas formas de maltrato, y la autora nos ha dejado en estos relatos, magníficamente bordados, una buena muestra de ello. ¿Qué podemos decir de un revólver que amenaza, que hiere sin estar cargado, solo con su presencia?  

La mayoría de los relatos tienen un claro sabor costumbrista, volvemos una vez más a Galicia de la mano de la autora y sus excelentes descripciones, que crean el ambiente ideal para encajar las escenas. Tomamos casi al azar una de esas descripciones:   

Al paso tardo de los bueyes, que mugían de nostalgia conforme se acercaban al establo, adelantaba el tío Pedro por el caminito estrecho y escabroso que limitaba de una parte el monte y el río Miño de otra. Apuraba al ganado, porque sin explicarse la razón, aquel día deseaba verse en su hogar despachando su cena, y la noche se había entrado muy pronto, como que corría entonces el solsticio de invierno. El carretero aguijaba a la yunta con la misma vara que le había servido para medir el costillaje de su esposa el día anterior. La luna, asomando entre negros nubarrones, alumbraba medrosamente el paisaje, el agua triste del río, el monte próximo, los árboles decalvados por la estación invernal. Un estremecimiento de pavor heló el espíritu del carretero al acercarse al puente y ver blanquear las tapias de la tejera en la falda de la colina.

Una antología que es un regalo, no solo por el contenido, también por el continente.

Título: El encaje roto.

Autora: Emilia Pardo Bazán. 

Editora: Cristina Patiño Eirín.

Editorial: Contraseña.

Año: 2018. 

 

domingo, 12 de abril de 2026

Núm. 320. El café mañanero

 «Que no me lo quite», digo yo.

«Muy saludable por las mañanas», dijo mi médica en la última consulta. 

Delante de la panapastelería de mi barrio, suelen poner un letrero con patas -nunca supimos si este cosu tenía su nombre-, en el que suelen colocar algún tipo de reclamo. El actual me llamó especialmente la atención.

EL CAFÉ
NO ES UNA
BEBIDA,
ES UN
MOMENTO


 (Me permito corregir, naturalmente, ortografía y puntuación.)

Pocos reclamos de este tipo le hacen falta al establecimiento, pues su mostrador-cafetería y sus mesas están siempre llenas, sobre todo a esas horas de la mañana, o de la tarde, en que uno se toma ese momento para sí mismo, o para sí y para otros: amigos, familiares...

Durante el juicio del Procès, el juez Marchena recriminó a la filósofa Marina Garcés, que dijera tener pendiente un café con uno de los acusados, el señor Cuixart.

¡Ay, esos cafés pendientes con los amigos y conocidos que posponemos y posponemos!

Hace algunos años, un conocido y tradicional café de Madrid puso en práctica otro tipo de cafés pendientes; se trataba de dejar pagado un café para el que no lo pudiera pagar. Ignoro cuánto duró aquella sana costumbre o si todavía sigue. Creo que duró poco tiempo, pero fue bonito mientras duró.

Reconozco tener muchos cafés pendientes con algunos de mis amigos, muchos momentos con ellos, algún día espero poder tomarme ese café tranquilamente.

Y sí, no nos vamos a olvidar de mencionar a esos amigos que acostumbran darte los buenos días virtuales con una estampita, que con frecuencia trae su café incorporado.

Bodegón con una cafetera italiana que sirve café en tazas de porceslana. Lleva la leyenda Buenos Días!!! Hay también un cruasán y flores en un jarrónave sz

 

A mis amigos

Y a los pocos días cambiaron el cartel y yo tuve mi momento, casualidades, con una amiga en esa panapastelería. 

 

  
 
 
RESPIRA
PROFUNDO
Y TOMA
UN
               CAFÉ.

 

 

sábado, 4 de abril de 2026

Núm. 319. Galíndez

La biblioteca de mi barrio está dedicada a Manuel Vázquez Montalbán, y en ella puede encontrarse una sección dedicada exclusivamente al autor.  Reconozco que es un autor que me gusta.

De Galíndez había oído hablar, pero no había llegado a tenerlo en mis manos hasta que salió a mi encuentro en una de esas librerías solidarias, que son un buen sitio para «deshacerse» de los libros que ya no caben en casa.  En esta ocasión no aligeré mis estanterías, al contrario. Pagué el óbolo correspondiente y me traje el viejo ejemplar a casa.

He tardado casi dos meses en leerlo. No solo las circunstancias personales me han impedido leer y leer, también el propio libro de estructura difícil y prosa densa, de esas que se saborean una y otra vez y te hacen volver páginas hacia atrás. 

Jesús Galíndez Suárez (1915-1956)

Basado en hechos reales, como las películas antiguas, trata de recrear el secuestro y asesinato de Jesús Galíndez, político vasco, exiliado, delegado del PNV en los Estados Unidos y perseguido por el régimen del dictador Trujillo. Como en toda historia recreada, los hechos principales se conocen -secuestro, desaparición, asesinato-, pero siempre faltan los detalles, detalles que el escritor trata de recuperar desde la lógica, lo conocido y la propia inventiva. Si no ocurrió así, bien pudo suceder...

Para adentrarnos en los detalles, el autor crea la figura de Muriel Colbert, una estadounidense, mormoma y pecosa, que ha elegido investigar sobre Galíndez para su tesis doctoral. La novela arranca en el País Vasco, donde en un caserío de Amurrio viven todavía familiares o conocidos de Galíndez. Allí  sus fieles le ha hecho un monumento y un homenaje, que, sin embargo, pasa totalmente desapercibido para la mayoría de la gente. A Muriel la conduce a aquel lugar Ricardo, su pareja, un joven abogado que trabaja en el Ministerio de Cultura y pariente del propio Galíndez. 

Solo el primer capítulo y la inmejorable descripción y captación de la atmósfera de ese País Vasco de interior merecería la lectura de la novela, pero las más de trescientas páginas nos reservan mucho más.

Mundo de espías, de agentes federales, de intrigas, de falsos nombres, de torturas, descritas con crueldad hasta en sus últimos detalles se suceden...

También nos asomamos a ese Nueva York de novela negra, con sus oscuros apartamentos y sus garitos más oscuros aún. Y al Caribe, o al menos a ese Santo Domingo actual de olores fuertes y vivos colores naturales.  A Vázquez Montalbán se le nota el oficio, el haber recorrido mundo y por supuesto la amplia cultura. La minuciosidad con la que se recrea en las calles de Santo Domingo solo puede haber salido de alguien que las conoce de primera mano.   Y Miami con su colonia de cubanos a través de un personaje, que es todo un acierto, el viejo y diminuto Voltaire, amante de los gatos, que lleva allí «desde antes que pusieran las calles», locución que el viejo repite y repite.

La novela tiene algo de circular y de final abierto a la vez... La historia se vuelve a repetir sin que sus protagonistas puedan escapar de los verdaderos todopoderosos.

Y moviendo los hilos de la trama está el enigmático y solitario Robert Robards, nombre imposible, sesentón, «hombre cúbico, rubio pero calvo», que va acumulando carpetas en la caja fuerte situada detrás de un espejo de su apartamento neoyorquino.

 

Portada de la edición de Seix Barral

Título: Galíndez

Autor: Manuel Vázquez Montalbán

Editorial: Seix Barral

Año: 1990

Séptima edición

 


 

jueves, 29 de enero de 2026

Núm. 318. Un viaje al Barroco: Navidades de Madrid. Noches entretenidas

 A los clásicos, y al Barroco, siempre hay que volver. 

¿Por qué?

Porque nadie como ellos para ahondar en lo que la palabra literatura significa para los sentidos. Nadie como ellos para sacarle todo el deleite a las palabras y a sus posibles combinaciones.  


1887, Madrid viejo, Fiestas ante la casa de los Lasos de Castilla el 3 de abril de 1614, Comba

En este caso lo hacemos de la mano de doña Mariana de Carvajal, una de esas autoras que no suele incluirse en los libros de texto, y de su única obra conocida, Navidades de Madrid. Noches entretenidas (1663).

En este caso lo hacemos de la mano de doña Mariana de Carvajal, una de esas autoras que no suele incluirse en los libros de texto, y de su única obra conocida, Navidades de Madrid. Noches entretenidas (1663).

La edición en papel que manejo viene ilustrada por Inés Vilpi, editada por Ana Rossetti y publicada por Malas Compañías. Un libro con bonita tipografía, agradable de leer. Sin embargo, hay una buena edición digital comentada, publicada por la Junta de Andalucía. 

Vayamos al grano.

Siguiendo la tradición de reunirse a contar cuentos para entretenerse, los habitantes de una casa de malicia (seguir el enlace para saber sobre ellas) se disponen a pasar juntos las Navidades. Aparte de compartir por turnos ricas viandas,  por turnos también van divirtiéndose compartiendo relatos, canciones y bailes, pues entre ellos están presentes estas gracias, ahora diríamos habilidades

Fachada con varias ventanas a distintos niveles
Fachada lateral de casa de malicia en la calle de los Mancebos

Los relatos son ocho novelas cortas sazonadas con abundantes composiciones líricas. Relatos de amor y enamoramiento que terminan felizmente en boda. Ellas son bellas sin excepción, discretas las más de las veces, y solo en pocas ocasiones se antepone la gracia intelectual a la física. Aunque luego cambia bastante el cuento, sorprende la presentación que se nos hace de la heroína del último relato: 

Ludovico, rey de Escocia, tenía una hija llamada Lisena. Su florida y hermosa juventud no pasaba de los dieciséis años. Era tan clara y aguda de entendimiento, que ponía en admiración a quien la escuchaba. Era poco inclinada al casamiento cuanto afectuosa a la caza, pues era su continuo ejercicio penetrar los montes y fatigar los valles y, aparte de esto, tan recatada y virtuosa, que pidió a su padre por merced que no se copiaran retratos de su belleza.

Joven de dieciséis años, aguda de entendimiento, que gustaba de la caza. Realmente original, pero era bella, no lo olvidemos. Como se suele señalar por la crítica, el principal valor de las mujeres en los Siglos de Oro era su belleza. Todas sin excepción lo eran.

Ellos también, no nos engañemos, apuestos y de buen talle, además de valientes y nobles. Como además eran ricos, el conjunto no podía fallar, pero no hagamos crítica social desde la perspectiva del siglo XXI, los valores de estos relatos están sin duda en el empleo del lenguaje. 

Se podría decir que la mayor parte de los sustantivos llevan antepuesto su correspondiente adjetivo, no solo para describir a las personas, sino también a las cosas y hasta a las accione. Veamos parte de la descripción del jardín de la casa donde transcurre la acción, como hemos dicho una casa de malicia en las proximidades de El Prado: 

Tenía dos copiosas fuentes, que lisonjeaban las matizadas flores y menudas yerbas con sus cristalinos raudales. En la una estaba una ninfa de bruñido y cándido alabastro, arrojando por ojos, boca y oídos, rizados despeñaderos de sus gigantes, que, trepando con impetuosa violencia hasta las vides, volvían a la anchurosa vasa desparcidos en menudas hebras de escarchada plata. La otra se adornaba de un hermoso peñasco de remendados jaspes, poblados de conchas y caracoles, mariscos embutidos de atanores sutiles de lata, arrojando en trabada escaramuza hermosa tropelía de menudo aljófar.

Las imágenes empleadas en la descripción de las damas no pueden ser más acorde con los versos de los poetas de aquellos tiempos. Son tan abundantes los ejemplos que pondremos solo uno, una personificación de la mismísima luna, que se nos muestra escondida entre metáforas.

descubrió la hermosa Cintia su plateado rostro, y a los confusos rayos de su breve luz

En cuanto a las composiciones líricas, la mayoría imitando la poesía popular en octosílabos, son también una buena muestra de poesía barroca de todos los géneros, dignos sus versos de figurar en alguna antología.

Dime, amor, qué puedo hacer,
pues yo me dejo obligar
con el favor.
Amar, morir y callar.

The vihuela player

 

 

Autor: Mariana de Carvajal y Saavedra

Título: Navidades de Madrid (Noches entretenidas)

Edición: Ana Rossetti

Ilustraciones: Inés Vilpi

Editorial: Libros de las Malas Compañías

Año 2021

 

sábado, 24 de enero de 2026

Núm. 317. De la Larousse al ChatGPT

 -¿Y para qué quieres la Larousse ahí, ocupando espacio y acumulando polvo, si no la vas a volver a consultar?

Lomos de la Larousse en estantería, algunos deteriorados por el uso
 

La juventud, ya completamente digitalizada, cuestionando aquellos volúmenes que de tanto nos sirvieron a la generación anterior.

La respuesta en este caso es fácil:

-Como adorno. En vez de comprar unos metros de libros falsos como elemento decorativo, conservo los verdaderos.

En aquel tiempo, adquirir una enciclopedia como la Larousse no era cuestión baladí. Costaba una pasta y además, que yo recuerde, no te la vendían «en cómodos plazos», como sí hacían otras editoriales, que enviaban a sus vendedores casa por casa. No, la Larousse había que encargarla directamente a la editorial o en una librería de confianza. Yo recuerdo haberla adquirido a través del club de mi trabajo, que de acuerdo con algunas librerías, te ofrecía un descuento que era de agradecer.

Así llegó la Larousse a mi casa y durante bastantes años fue esa enciclopedia que te resolvía las dudas por raras que parecieran, la Larousse te proporcionaba una información, ni extensa ni exigua, suficiente para desasnarte.

Nunca estuve tentada de comprarme los muchivolúmenes de la Espasa, la más extensa, que venían con mueble incorporado. Los que poseían aquella mítica enciclopedia confesaban, mayormente, haberla heredado de sus mayores. 

Recuerdo que sí anduve tanteando comprar la Enciclopedia Británica, que entonces era lo más de lo más, pero cuando pude dedicarle ese dinero dentro de mi economía familiar, resultó que ya estaba en el mercado el cederrón (hágamosle caso a la RAE, je, je, je), y en la caseta correspondiente de la Feria del Libro el vendedor de turno se deshacía en mostrarte sus ventajas. No me llegó a convencer, porque ya había tenido la mala experiencia de haber adquirido un libro en formato digital y antes de llegar a casa haberse quedado anticuado el software necesario para leerlo. La ventaja del papel es que por muy viejo que se quede, vas a poder seguir leyéndolo.

En años posteriores me hablaron de recibir actualizaciones vía web, incluso de una suscripción en línea, pero creo que para entonces ya había nacido la Wikipedia, así que ¿¡quién necesita una enciclopedia en papel, cederrón, etc., si ahí está casi todo y lo que no está, si tienes las fuentes pertinentes, lo metes y ya está!?

 
Me confieso sin ambages wikipedista pasiva y alguna vez activa. Contribuyamos a extender el conocimiento.
 
Así que sí, tiene razón la juventud, ¿para qué quiero la Larousse criando polvo y ocupando espacio?
 
Sigamos. 
 
-¿Y cuántas veces has consultado la Summa Artis? Si algún volumen hasta conserva el celofán.
 
Sí, tiene razón la juventud, he consultado la Summa Artis menos de lo que pensaba cuando la adquirí, también con ahorro y pequeños descuentos, pero sí, me rebelo, en su día me sirvió bastante cuando fuimos con la caravana a Italia, porque descubrí a Palladio y pude admirar alguno de sus edificios. No, no cargué con el tomo en el reducido espacio de nuestra casa temporal, pero había tomado mis notas. También recuerdo mis frecuentes visitas al arte antiguo, y por supuesto al románico, y alguna incursión en el arte oriental. Sí, la Summa Artis era el sumo entonces, y yo la tenía, provocando la envidia de algún estudiante de arte amigo de mis hijos.
 
Lomos de la Summa Artis nuevecitos

 
¿Cuánto tiempo hace que no alcanzo uno de sus volúmenes? He perdido la cuenta, otros intereses y obligaciones han llegado a mi vida.
 
Y lo cierto es que ya ni enciclopedias en papel ni en cederrón, que a ver qué ordenador viene ahora con lector, ni tan siquiera en la Web... ¿Para qué están esas IAs que nos encontramos hasta en las sopas, y por supuesto se nos cuelan las primeras en don Google?

Para finalizar una curiosidad. Por alguna razón guardaba una fotocopia de una página de El País del 9 de diciembre de 1999.  
 
Página de El País

En ella, probablemente un estudiante o escritor vaguete pedía la ayuda con el siguient texto:
 
Para escribir
Estoy detrás de un programa que me ayude a escribir. Que yo le dé cuatro ideas y él me haga una o varias redacciones y que yo elija lo que más me guste. ¿Sabéis algo de esto? El programa para ayudarme a escribir es lo que más me urge. Alberto (mercola@latinmail.com) 

Espero que a estas altura Alberto haya dado con el ChatGPT y esté haciendo escritos sin parar.... y ¿por qué no?, presentándolos a algún concurso.