domingo, 9 de agosto de 2026

Núm. 323. La clase de griego


 Houghton TypW 520.96.241 - Alphabetvm Græcv, de Bry, 1596 

 

Algo tiene el agua cuando la bendicen. 

Cuando dieron el premio Nobel de literatura a la coreana Han Kang en 2024, por algo sería.

La clase de griego me la recomendó una amiga: «Es una novela para filólogos». Bueno, es cierto que las explicaciones lingüísticas acerca del griego antiguo pueden atreaerte algo, pero sobre todo es un libro atractivo para los amantes de la buena literatura, para los que buscan el placer de pasear los ojos por párrafos sorprendentes. Las páginas se llenan de frases bien estructuradas -una reconocida mención a la traductora, Summe Yoon-, metáforas, imágenes, que nos transportan a otros mundos.

Era una noche de domingo en que la luna llena se escondía tras los racimos de nubes negras para asomarse cada tanto. 

 No se quedan atrás las imágenes realistas de un pequeño apartamento en Seúl. ¿Vivir al lado de un bosque frondoso puede ser un inconveniente?

Aparte de estar en la planta baja del edificio, el salón daba a un bosque frondoso. Se había decidido a alquilarlo precisamente porque le gustó que se pudieran contemplar los troncos de los enormes árboles, pero no pensó en las sombras que proyectaban en el salón incluso en pleno día.

La protagonista femenina, víctima de una crisis familiar, que la ha privado del hijo y del habla, decide apuntarse a lecciones de griego antiguo en una academia privada en Seúl, donde reside. 

Nada sorprendente para mí. Tuve un compañero japonés, que había aprendido latín, y estaba empeñado en que todos los que hablábamos una lengua romance, franceses, italianos y españoles, lo entendiéramos cuando nos soltaba esas frases en lengua muerta. Nos costó convencerlo de que nuestras respectivas lenguas maternas, aun herederas del latín, se habían separado lo bastante como para no entender ni papa de lo que nos decía, a menos que alguien hubiera estudiado, como él, esa lengua.

Ella trata de no perderse nada de lo que él dice, pero es incapaz de concentrarse en cada una de las palabras. Las frases se le clavan en los oídos, como un largo pescado cortado en rodajas, sus sufijos y desinencias aún sin desescamar.  

El protagonista masculino es el profesor. Había crecido en Alemania, a donde su familia se había trasladado siendo él muy joven, allí había estudiado y ahora volvía al Seúl natal en un momento complicado de su vida, se estaba quedando ciego. 

Resplandor.

Penumbra.

Sombra.

No solo eso, el anuncio de la muerte de un amigo, que pudo ser algo más, le da un empujón hacia ese final: 

¿Qué tiene de malo? Aprende braille y ya está. Escribe poemas haciéndole agujeritos a un papel. Aprende a convivir con un magnífico perro labrador.

Pronto el interés por la lengua de las primeras páginas de la novela se vuelca en el interés por los personajes protagonistas. Hay unos personajes secundarios, los otros alumnos, que se limitan a ser un mero «decorado», quizás el único fallo de la novela. Ya que están habría que haberles dado un poquito más papel.

Un accidente junta las vidas de profesor y alumna fuera del aula, una calurosa tarde de julio. El resto y el día y buena parte del día siguiente la emplean en descubrirse, en «conocerse», como dirían en la prensa rosa. 

Amor contenido, que va creciendo lentamente.

Algo se despertó entre nosotros.

Los capítulos finales nos llegan en un formato algo distinto y hasta cierto punto sorprendente: frases cortas, algo parecido a versos rotos..., esa forma entrecortada en la que ella se comunica con él escribiéndole en la palma de la mano, como si fuera sordociega. 

En la palma

temblorosa,

un punto

tibio, 

Ella no puede hablar, él no puede leer lo que ella podría escribir, pero encuentran la forma de expresar sus sentimientos. 

La metáfora de los dos en el fondo del mar, donde ninguno ve, y la forma en la que emergen, no puede resultar literariamente más lograda.

Y al final el lenguaje.

Cuando por fin pronuncio la primera sílaba, cierro con fuerza

los ojos,

convencida de que cuando los abra todo habrá terminado.  

  

Pinus densiflora forest in Seoul, Korea

 

Título: La clase de griego

Autora: Han Kang

Traductora: Sunme Yoon

Random House

2023 

 

 

 

martes, 14 de julio de 2026

Núm. 322. La masacre olvidada


En 1984, después de bastantes años dedicado profesionalmente a las artes escénicas, Andrea Camilleri (1925-2019) publica La strage dimenticata. Previamente, la misma editorial, Sellerio, le había publicado un par de novelas sin demasiado éxito. 

Ha tardado décadas en llegar una traducción al español, siendo la editorial Destino la encargada de publicarla en 2024. La traducción es de Juan Carlos Gentile Vitale. Título en español: La masacre olvidada

Porto Empedocle - Torre di Carlo V

Aunque en algunos lugares aparece etiquetada como «novela», se trata de un ensayo histórico sobre un episodio vergonzosamente silenciado por la historiografía «oficial», y por ende, por la historia: En 1848 los sicilianos se revelan contra los Borbones. Son masacrados algunos campesinos, pero sobre todo son asesinados 114 prisioneros, aunque la muerte se debió más a una negligencia que a un acto voluntario. Ante las revueltas, y para evitar problemas internos, el alcaide de la torre que servía de cárcel, los encerró en un lugar que resultó no tener ventilación, por lo que murieron axfixiados todos ellos..

El episodio, al parecer, había sido totalmente olvidado, pues ninguna fuente histórica se había encargado de rescatarlo; sin embargo, permanecía en la memoria del pueblo, y así se lo hace llegar la abuela paterna de Camilleri, Carolina Camilleri. Esos recuerdos le llevan a investigar lo ocurrido con más detalle, adentrándose ya en una investigación histórica en toda regla.

Para ello el autor se detiene  en hablarnos del escenario: una torre imponente, «alta, oscura y cuadrada» en el pueblo de Borgata Molo, actual Puerto Empedocle, cuna del autor. Con detalle, Camilleri nos describe la fortaleza, en la que la mano femenina de ninguna castellana había puesto su granito de arena para hacerla más amable, según nos dice. De fortaleza enseguida pasó a cárcel, para, tras otros avatares y destinos, terminar siendo en la actualidad, al menos en la actulidad del relato, biblioteca y centro cultural. 

En los hechos y en el relato tiene una importancia decisiva un cilindro de reducido diámetro, que albergaba una escalera, y que comunicaba la fosa, que en algún momento sirvió de almacén de vituallas, con la terraza. El problema es que ese cinlindro podía cerrarse con dos pesadas escotillas, acción que impedía la llegada del aire a la fosa, donde en su momento fueron encerrados los prisioneros.

Y eso fue lo que ocurrió, los prisioneros murieron allí por falta de aire, cuando la guarnición, tras subir a la terraza, trataba de protegerse de un ataque por la espalda.

Algún crítico ha señalado que Camilleri en este ensayo presenta los hechos de forma confusa;  puede ser, la lectura resulta difícil y no es fácil seguir la argumentación, pero ese Camilleri social se deja ver también aquí, como por ejemplo cuando describe lo que ocurre después de la rebelión, después de que todo, aparentemente, haya vuelto a la calma.

El 5 de febrero de 1948, Ruggero Settimo, desde Palermo, proclama, presa del entusiasmo, que una era de felicidad ha comenzado para Sicilia y para los sicilianos liberados por fin del yugo borbónico y que, en consecuencia, se pueden considerar terminados los horrores de la guerra. Lo que significa, en palabras sencillas, el inicio de un duro trabajo para todos aquellos que, del muerto asesinado a la vaca degollada, de la casa quemada a la cosecha destruida, están por oficio destinados a conocer los horrores de la guerra. 

Las guerras, pequeñas o grandes, justas o injustas, siempre las termina pagando el pueblo, pero rara vez la historia oficial desciende a estos niveles. Más bien se queda en las altas esferas, en aquellos que mandan, y que suelen salir indemnes, como le ocurre al tal Sarzana, comandante de la guarnición, y responsable, por tanto, de la masacre de  114 inocentes, del que la historia no dice si fue castigado por la acción, si se salvó, si... El pueblo y la tradición oral tuvieron que rellenar alguna de esas lagunas de la memoria oficial.

Autor: Andrea Camilleri.

Título: La masacre olvidada.

Año: 2014.

Editorial: Destino.

Título original: La strage dimenticata (1984).

Traductor: Juan Carlos Gentile Vitale. 

 

sábado, 30 de mayo de 2026

Num. 321. El encaje roto

El encaje roto toma el título del último de los relatos reunidos por Cristina Patiño Eirín. El volúmen lleva por subtítulo: Antología de cuentos de violencia contra las mujeres. Todos ellos fueron escritos por Emilia Pardo Bazán entre 1883 y 1920. La editora los ha espigado (sic) entre más de seiscientos que la autora publicó a lo largo de su vida.


Woman's Two-piece Dress (Wedding) LACMA M.70.90a-b

La violencia contra la mujer parece que ocurre desde que el mundo es mundo, o al mens así nos lo hacen creer.  La viñeta del cavernícola que arrastra con una mano a su mujer por el moño, mientras en el otro hombro lleva orgulloso el arma, un basto que no rechazaría ningún rey de baraja, la hemos visto demasiadas veces incluida en todo tipo de literatura y artes. Algo de esto hay también en alguno de los relatos seleccionados:

¡Quisome coger ese condenado! ¡Agarrome del pelo!

grita una rapaciña.

Pero hay violencias más sutiles, violencias que solo entienden y ven las que las sufren, como esa mirada capaz de suspender una boda al pie mismísimo del altar, ¡y gracias a Dios que no llegó a realizarse el matrimonio!

En ocasiones las mujeres, víctimas del maltrato varonil, salen airosas de los trances, bien por sus propias manos o con la ayuda de algún varón que es testigo de los crímenes y quiere remediarlos. A veces las protagonistas dejan con un palmo de narices a sus parejas y les dicen: ¡Ahí te quedas, que me las piro!», pero hay que reconocer que son las menos. La violencia está presente y bajo muchos matices.   

Y en esto de no quedarse en la violencia física, ir también a la psicológica, se nos muestra doña Emilia no tanto como una anticipada a su tiempo, algo que se ha dicho, sino como una gran conocedora de la realidad femenina. Hay muchas formas de maltrato, y la autora nos ha dejado en estos relatos, magníficamente bordados, una buena muestra de ello. ¿Qué podemos decir de un revólver que amenaza, que hiere sin estar cargado, solo con su presencia?  

La mayoría de los relatos tienen un claro sabor costumbrista, volvemos una vez más a Galicia de la mano de la autora y sus excelentes descripciones, que crean el ambiente ideal para encajar las escenas. Tomamos casi al azar una de esas descripciones:   

Al paso tardo de los bueyes, que mugían de nostalgia conforme se acercaban al establo, adelantaba el tío Pedro por el caminito estrecho y escabroso que limitaba de una parte el monte y el río Miño de otra. Apuraba al ganado, porque sin explicarse la razón, aquel día deseaba verse en su hogar despachando su cena, y la noche se había entrado muy pronto, como que corría entonces el solsticio de invierno. El carretero aguijaba a la yunta con la misma vara que le había servido para medir el costillaje de su esposa el día anterior. La luna, asomando entre negros nubarrones, alumbraba medrosamente el paisaje, el agua triste del río, el monte próximo, los árboles decalvados por la estación invernal. Un estremecimiento de pavor heló el espíritu del carretero al acercarse al puente y ver blanquear las tapias de la tejera en la falda de la colina.

Una antología que es un regalo, no solo por el contenido, también por el continente.

Título: El encaje roto.

Autora: Emilia Pardo Bazán. 

Editora: Cristina Patiño Eirín.

Editorial: Contraseña.

Año: 2018. 

 

domingo, 12 de abril de 2026

Núm. 320. El café mañanero

 «Que no me lo quite», digo yo.

«Muy saludable por las mañanas», dijo mi médica en la última consulta. 

Delante de la panapastelería de mi barrio, suelen poner un letrero con patas -nunca supimos si este cosu tenía su nombre-, en el que suelen colocar algún tipo de reclamo. El actual me llamó especialmente la atención.

EL CAFÉ
NO ES UNA
BEBIDA,
ES UN
MOMENTO


 (Me permito corregir, naturalmente, ortografía y puntuación.)

Pocos reclamos de este tipo le hacen falta al establecimiento, pues su mostrador-cafetería y sus mesas están siempre llenas, sobre todo a esas horas de la mañana, o de la tarde, en que uno se toma ese momento para sí mismo, o para sí y para otros: amigos, familiares...

Durante el juicio del Procès, el juez Marchena recriminó a la filósofa Marina Garcés, que dijera tener pendiente un café con uno de los acusados, el señor Cuixart.

¡Ay, esos cafés pendientes con los amigos y conocidos que posponemos y posponemos!

Hace algunos años, un conocido y tradicional café de Madrid puso en práctica otro tipo de cafés pendientes; se trataba de dejar pagado un café para el que no lo pudiera pagar. Ignoro cuánto duró aquella sana costumbre o si todavía sigue. Creo que duró poco tiempo, pero fue bonito mientras duró.

Reconozco tener muchos cafés pendientes con algunos de mis amigos, muchos momentos con ellos, algún día espero poder tomarme ese café tranquilamente.

Y sí, no nos vamos a olvidar de mencionar a esos amigos que acostumbran darte los buenos días virtuales con una estampita, que con frecuencia trae su café incorporado.

Bodegón con una cafetera italiana que sirve café en tazas de porceslana. Lleva la leyenda Buenos Días!!! Hay también un cruasán y flores en un jarrónave sz

 

A mis amigos

Y a los pocos días cambiaron el cartel y yo tuve mi momento, casualidades, con una amiga en esa panapastelería. 

 

  
 
 
RESPIRA
PROFUNDO
Y TOMA
UN
               CAFÉ.

 

 

sábado, 4 de abril de 2026

Núm. 319. Galíndez

La biblioteca de mi barrio está dedicada a Manuel Vázquez Montalbán, y en ella puede encontrarse una sección dedicada exclusivamente al autor.  Reconozco que es un autor que me gusta.

De Galíndez había oído hablar, pero no había llegado a tenerlo en mis manos hasta que salió a mi encuentro en una de esas librerías solidarias, que son un buen sitio para «deshacerse» de los libros que ya no caben en casa.  En esta ocasión no aligeré mis estanterías, al contrario. Pagué el óbolo correspondiente y me traje el viejo ejemplar a casa.

He tardado casi dos meses en leerlo. No solo las circunstancias personales me han impedido leer y leer, también el propio libro de estructura difícil y prosa densa, de esas que se saborean una y otra vez y te hacen volver páginas hacia atrás. 

Jesús Galíndez Suárez (1915-1956)

Basado en hechos reales, como las películas antiguas, trata de recrear el secuestro y asesinato de Jesús Galíndez, político vasco, exiliado, delegado del PNV en los Estados Unidos y perseguido por el régimen del dictador Trujillo. Como en toda historia recreada, los hechos principales se conocen -secuestro, desaparición, asesinato-, pero siempre faltan los detalles, detalles que el escritor trata de recuperar desde la lógica, lo conocido y la propia inventiva. Si no ocurrió así, bien pudo suceder...

Para adentrarnos en los detalles, el autor crea la figura de Muriel Colbert, una estadounidense, mormoma y pecosa, que ha elegido investigar sobre Galíndez para su tesis doctoral. La novela arranca en el País Vasco, donde en un caserío de Amurrio viven todavía familiares o conocidos de Galíndez. Allí  sus fieles le ha hecho un monumento y un homenaje, que, sin embargo, pasa totalmente desapercibido para la mayoría de la gente. A Muriel la conduce a aquel lugar Ricardo, su pareja, un joven abogado que trabaja en el Ministerio de Cultura y pariente del propio Galíndez. 

Solo el primer capítulo y la inmejorable descripción y captación de la atmósfera de ese País Vasco de interior merecería la lectura de la novela, pero las más de trescientas páginas nos reservan mucho más.

Mundo de espías, de agentes federales, de intrigas, de falsos nombres, de torturas, descritas con crueldad hasta en sus últimos detalles se suceden...

También nos asomamos a ese Nueva York de novela negra, con sus oscuros apartamentos y sus garitos más oscuros aún. Y al Caribe, o al menos a ese Santo Domingo actual de olores fuertes y vivos colores naturales.  A Vázquez Montalbán se le nota el oficio, el haber recorrido mundo y por supuesto la amplia cultura. La minuciosidad con la que se recrea en las calles de Santo Domingo solo puede haber salido de alguien que las conoce de primera mano.   Y Miami con su colonia de cubanos a través de un personaje, que es todo un acierto, el viejo y diminuto Voltaire, amante de los gatos, que lleva allí «desde antes que pusieran las calles», locución que el viejo repite y repite.

La novela tiene algo de circular y de final abierto a la vez... La historia se vuelve a repetir sin que sus protagonistas puedan escapar de los verdaderos todopoderosos.

Y moviendo los hilos de la trama está el enigmático y solitario Robert Robards, nombre imposible, sesentón, «hombre cúbico, rubio pero calvo», que va acumulando carpetas en la caja fuerte situada detrás de un espejo de su apartamento neoyorquino.

 

Portada de la edición de Seix Barral

Título: Galíndez

Autor: Manuel Vázquez Montalbán

Editorial: Seix Barral

Año: 1990

Séptima edición

 


 

jueves, 29 de enero de 2026

Núm. 318. Un viaje al Barroco: Navidades de Madrid. Noches entretenidas

 A los clásicos, y al Barroco, siempre hay que volver. 

¿Por qué?

Porque nadie como ellos para ahondar en lo que la palabra literatura significa para los sentidos. Nadie como ellos para sacarle todo el deleite a las palabras y a sus posibles combinaciones.  


1887, Madrid viejo, Fiestas ante la casa de los Lasos de Castilla el 3 de abril de 1614, Comba

En este caso lo hacemos de la mano de doña Mariana de Carvajal, una de esas autoras que no suele incluirse en los libros de texto, y de su única obra conocida, Navidades de Madrid. Noches entretenidas (1663).

En este caso lo hacemos de la mano de doña Mariana de Carvajal, una de esas autoras que no suele incluirse en los libros de texto, y de su única obra conocida, Navidades de Madrid. Noches entretenidas (1663).

La edición en papel que manejo viene ilustrada por Inés Vilpi, editada por Ana Rossetti y publicada por Malas Compañías. Un libro con bonita tipografía, agradable de leer. Sin embargo, hay una buena edición digital comentada, publicada por la Junta de Andalucía. 

Vayamos al grano.

Siguiendo la tradición de reunirse a contar cuentos para entretenerse, los habitantes de una casa de malicia (seguir el enlace para saber sobre ellas) se disponen a pasar juntos las Navidades. Aparte de compartir por turnos ricas viandas,  por turnos también van divirtiéndose compartiendo relatos, canciones y bailes, pues entre ellos están presentes estas gracias, ahora diríamos habilidades

Fachada con varias ventanas a distintos niveles
Fachada lateral de casa de malicia en la calle de los Mancebos

Los relatos son ocho novelas cortas sazonadas con abundantes composiciones líricas. Relatos de amor y enamoramiento que terminan felizmente en boda. Ellas son bellas sin excepción, discretas las más de las veces, y solo en pocas ocasiones se antepone la gracia intelectual a la física. Aunque luego cambia bastante el cuento, sorprende la presentación que se nos hace de la heroína del último relato: 

Ludovico, rey de Escocia, tenía una hija llamada Lisena. Su florida y hermosa juventud no pasaba de los dieciséis años. Era tan clara y aguda de entendimiento, que ponía en admiración a quien la escuchaba. Era poco inclinada al casamiento cuanto afectuosa a la caza, pues era su continuo ejercicio penetrar los montes y fatigar los valles y, aparte de esto, tan recatada y virtuosa, que pidió a su padre por merced que no se copiaran retratos de su belleza.

Joven de dieciséis años, aguda de entendimiento, que gustaba de la caza. Realmente original, pero era bella, no lo olvidemos. Como se suele señalar por la crítica, el principal valor de las mujeres en los Siglos de Oro era su belleza. Todas sin excepción lo eran.

Ellos también, no nos engañemos, apuestos y de buen talle, además de valientes y nobles. Como además eran ricos, el conjunto no podía fallar, pero no hagamos crítica social desde la perspectiva del siglo XXI, los valores de estos relatos están sin duda en el empleo del lenguaje. 

Se podría decir que la mayor parte de los sustantivos llevan antepuesto su correspondiente adjetivo, no solo para describir a las personas, sino también a las cosas y hasta a las accione. Veamos parte de la descripción del jardín de la casa donde transcurre la acción, como hemos dicho una casa de malicia en las proximidades de El Prado: 

Tenía dos copiosas fuentes, que lisonjeaban las matizadas flores y menudas yerbas con sus cristalinos raudales. En la una estaba una ninfa de bruñido y cándido alabastro, arrojando por ojos, boca y oídos, rizados despeñaderos de sus gigantes, que, trepando con impetuosa violencia hasta las vides, volvían a la anchurosa vasa desparcidos en menudas hebras de escarchada plata. La otra se adornaba de un hermoso peñasco de remendados jaspes, poblados de conchas y caracoles, mariscos embutidos de atanores sutiles de lata, arrojando en trabada escaramuza hermosa tropelía de menudo aljófar.

Las imágenes empleadas en la descripción de las damas no pueden ser más acorde con los versos de los poetas de aquellos tiempos. Son tan abundantes los ejemplos que pondremos solo uno, una personificación de la mismísima luna, que se nos muestra escondida entre metáforas.

descubrió la hermosa Cintia su plateado rostro, y a los confusos rayos de su breve luz

En cuanto a las composiciones líricas, la mayoría imitando la poesía popular en octosílabos, son también una buena muestra de poesía barroca de todos los géneros, dignos sus versos de figurar en alguna antología.

Dime, amor, qué puedo hacer,
pues yo me dejo obligar
con el favor.
Amar, morir y callar.

The vihuela player

 

 

Autor: Mariana de Carvajal y Saavedra

Título: Navidades de Madrid (Noches entretenidas)

Edición: Ana Rossetti

Ilustraciones: Inés Vilpi

Editorial: Libros de las Malas Compañías

Año 2021

 

sábado, 24 de enero de 2026

Núm. 317. De la Larousse al ChatGPT

 -¿Y para qué quieres la Larousse ahí, ocupando espacio y acumulando polvo, si no la vas a volver a consultar?

Lomos de la Larousse en estantería, algunos deteriorados por el uso
 

La juventud, ya completamente digitalizada, cuestionando aquellos volúmenes que de tanto nos sirvieron a la generación anterior.

La respuesta en este caso es fácil:

-Como adorno. En vez de comprar unos metros de libros falsos como elemento decorativo, conservo los verdaderos.

En aquel tiempo, adquirir una enciclopedia como la Larousse no era cuestión baladí. Costaba una pasta y además, que yo recuerde, no te la vendían «en cómodos plazos», como sí hacían otras editoriales, que enviaban a sus vendedores casa por casa. No, la Larousse había que encargarla directamente a la editorial o en una librería de confianza. Yo recuerdo haberla adquirido a través del club de mi trabajo, que de acuerdo con algunas librerías, te ofrecía un descuento que era de agradecer.

Así llegó la Larousse a mi casa y durante bastantes años fue esa enciclopedia que te resolvía las dudas por raras que parecieran, la Larousse te proporcionaba una información, ni extensa ni exigua, suficiente para desasnarte.

Nunca estuve tentada de comprarme los muchivolúmenes de la Espasa, la más extensa, que venían con mueble incorporado. Los que poseían aquella mítica enciclopedia confesaban, mayormente, haberla heredado de sus mayores. 

Recuerdo que sí anduve tanteando comprar la Enciclopedia Británica, que entonces era lo más de lo más, pero cuando pude dedicarle ese dinero dentro de mi economía familiar, resultó que ya estaba en el mercado el cederrón (hágamosle caso a la RAE, je, je, je), y en la caseta correspondiente de la Feria del Libro el vendedor de turno se deshacía en mostrarte sus ventajas. No me llegó a convencer, porque ya había tenido la mala experiencia de haber adquirido un libro en formato digital y antes de llegar a casa haberse quedado anticuado el software necesario para leerlo. La ventaja del papel es que por muy viejo que se quede, vas a poder seguir leyéndolo.

En años posteriores me hablaron de recibir actualizaciones vía web, incluso de una suscripción en línea, pero creo que para entonces ya había nacido la Wikipedia, así que ¿¡quién necesita una enciclopedia en papel, cederrón, etc., si ahí está casi todo y lo que no está, si tienes las fuentes pertinentes, lo metes y ya está!?

 
Me confieso sin ambages wikipedista pasiva y alguna vez activa. Contribuyamos a extender el conocimiento.
 
Así que sí, tiene razón la juventud, ¿para qué quiero la Larousse criando polvo y ocupando espacio?
 
Sigamos. 
 
-¿Y cuántas veces has consultado la Summa Artis? Si algún volumen hasta conserva el celofán.
 
Sí, tiene razón la juventud, he consultado la Summa Artis menos de lo que pensaba cuando la adquirí, también con ahorro y pequeños descuentos, pero sí, me rebelo, en su día me sirvió bastante cuando fuimos con la caravana a Italia, porque descubrí a Palladio y pude admirar alguno de sus edificios. No, no cargué con el tomo en el reducido espacio de nuestra casa temporal, pero había tomado mis notas. También recuerdo mis frecuentes visitas al arte antiguo, y por supuesto al románico, y alguna incursión en el arte oriental. Sí, la Summa Artis era el sumo entonces, y yo la tenía, provocando la envidia de algún estudiante de arte amigo de mis hijos.
 
Lomos de la Summa Artis nuevecitos

 
¿Cuánto tiempo hace que no alcanzo uno de sus volúmenes? He perdido la cuenta, otros intereses y obligaciones han llegado a mi vida.
 
Y lo cierto es que ya ni enciclopedias en papel ni en cederrón, que a ver qué ordenador viene ahora con lector, ni tan siquiera en la Web... ¿Para qué están esas IAs que nos encontramos hasta en las sopas, y por supuesto se nos cuelan las primeras en don Google?

Para finalizar una curiosidad. Por alguna razón guardaba una fotocopia de una página de El País del 9 de diciembre de 1999.  
 
Página de El País

En ella, probablemente un estudiante o escritor vaguete pedía la ayuda con el siguient texto:
 
Para escribir
Estoy detrás de un programa que me ayude a escribir. Que yo le dé cuatro ideas y él me haga una o varias redacciones y que yo elija lo que más me guste. ¿Sabéis algo de esto? El programa para ayudarme a escribir es lo que más me urge. Alberto (mercola@latinmail.com) 

Espero que a estas altura Alberto haya dado con el ChatGPT y esté haciendo escritos sin parar.... y ¿por qué no?, presentándolos a algún concurso.

sábado, 22 de noviembre de 2025

Núm. 315. Una mujer entre hombres, Concha Lagos

Saco de la biblioteca, porque me salta a la vista, la segunda parte de las memorias de Concha Lagos, Prolongada en el tiempo. Confieso que me suena el nombre y poco más. No he leído nada de ella antes, quizá algún poema suelto en alguna de las antologías que suelo manejar. 

Noto enseguida que es un libro para ir tomando notas, quizá demasiadas, alguna cita para guardar en el cuaderno de las citas que nunca se usan.  

Retrato de Concha Lagos
Retrato de Concha Lagos pintado por Anselmo Miguel Nieto (Wikimedia Commons)

Me sumerjo en estas reflexiones de madurez acerca de la vida literaria de buena parte del siglo XX. Es difícil seguir el hilo, si una ha sido espectadora lejana de esa vida a través de los libros de texto y de alguna revista añeja. Como su prosa resulta atractiva, Lagos es una excelente escritora, el paso de las hojas resulta agradable y sigo leyendo el libro, a veces a muy salto de mata.

Aunque no son unas memorias propiamente dichas, pues esas más bien fueron en el libro anterior, La madeja, lectura pendiente, no faltan recuerdos de la infancia, como ese párrafo entero dedicado a los sacamantecas, a los que la niña se enfrenta entre el miedo y la curiosidad: 

Nunca acerté a imaginarle sin hacha, sin cuchillo. Un cuchillo grande y bien afilado, como el de la cocina, o armado con las tijeras de podar de Antoñico, con su hoz o almocafre:

-¿Para qué quería las mantecas?

Maricuela se encogía de hombros:

 -Vaya usted a saber... -y dejaba en suspenso la macabra historia (p. 71).

Buena parte de estas reflexiones giran en torno a su labor en la revista, fuera de toda oficialidad, Cuadernos de Ágora, publicación que sufragó de su propio bolsillo y dirigió, casi siempre manteniéndose ella misma en la sombra. 

Por ella, por aquellos años, vemos desfilar a los principales actores de aquel momento literario, algunos estaban empezando, otros ya eran escritores reconocidos. En algún caso, Lagos llega a quejarse de alguno de aquellos principiantes a los que ayudó, y luego, si te he visto, no me acuerdo. También se lamenta de ese ninguneo al que la sometieron no considerándola una igual entre iguales:

Creo que me miraron como a una insignificante burguesa dotada de cierta economía para poder mantener la revista, la colección, la tertulia literaria (p. 144).

El talento literario tapado por el vil dinero. ¡Qué desagradecidos suelen ser los primeros beneficiados de las generosas acciones!

Más adelante se lamenta: 

Nunca he sabido ofrecer mi propia mercancía, no sé si es orgullo, modestia o tímidez (p. 166).

 ¿Cuántas escritoras, incluso en este siglo XXI, podrían decir eso de sí mismas? 

Sin embargo, si repasamos las páginas de la revista, nos damos cuenta de que Lagos tampoco tuvo buena vista para descubrir a las otras escritoras coetáneas. Hoy sabemos que existieron, que estaban ahí, pero ¡qué pocos nombres femeninos entre esas páginas! La invisibilidad absoluta, incluso para las propias mujeres del mundillo literario.

A pesar de todo, Lagos cree en el valor y el potencial de la palabra, a pesar de las dificultades de la propia palabra para ser comprendida: «Nadie puede comprender una palabra hasta el fondo» (p. 233). 

En otro orden bien diferente, tan cotidiano como el literario, esas tareas domésticas, de las que las mujeres parece que no podemos desprendernos y que ya vimos aparecer en Concha de Marco, aparecen entre sus reflexiones: 

San Isidro es el santo que más envidio, tener ángeles remediadores de las cotidianas tareas sería en verdad gran cosa. Lástima que ya no bajen a este mundo. Como mucho habría que conformarse con algún robot, pero ocupan demasiado espacio. Por fuerza nos crearían un estar incómodo. Imposible compartir con ellos estos ajustados apartamentos. Por supuesto que a las tareas domésticas me refiero. Lo de la pluma no lo considero trabajo, al contrario, en dulce quehacer se convierte, aunque abonado lo sepa de tristezas, de melancolías. Como la abeja voy de la flor al panal, defendiéndome de las espinas, de los glotones zánganos (p. 65)

Preciosa la metáfora final abstrayéndose de los hierros incómodos de los robots para poner sus ojos en la naturaleza. 

¡Y qué de veces hemos puesto nuestros ojos en ese santo madrileño al que los ángeles le hacían la labor!

Rematemos con otro comentario con el que nos sentimos identificadas. ¡Ay, el enhebrar una aguja! Y el final poético que no falte.

Parte de la mañana la he pasado cosiendo. Ramalazos me ha dejado de mal humor. Es tarea que detesto. Ni mi madre consiguió aficionarme. Al terminar, corriendo a mi arco, al reencuentro con el bolígrafo y el cuaderno, segura de encontrar relajamiento en ellos. Además, los ojos van debilitándose. Ni la luz de este Valle puede hacer ya el milagro cuando de enhebrar la aguja se trata. Tampoco el pulso ayuda. Un buen amigo, cariñoso y observador, al ver oscilar temblorosa mis manos me recitó un día este verso: «Comprendí que las manos puedan ser mariposas...». No recordaba el autor. (p. 131). 

Autor: Concha Lagos.

Título: Prolongada en el tiempo. Memorias.

Edición de Rafael Castán.

Editorial Torremozas.

Año: 2024.

Introducción de Juana Murillo.

 


 


 


viernes, 12 de septiembre de 2025

Núm. 313. Ciruelos de Cervera y sus piedras (I)

En Ciruelos de Cervera había estado cuando era joven a las fiestas del Carmen, de bodas un 1 de septiembre, y alguna vez más, recientemente; pero, una vez más, pasear por sus calles y monumentos guiados por las riberizadoras Puri y Milagros es otra cosa.

La visita comienza en el punto desde el que podemos ver, por encima de los tejados y tapias, la Peña Cervera, de la que Ciruelos toma su apellido, un pueblo en los límites de las comarcas de la Ribera, la del Arlanza, y también en los límites del Parque Natural los Sabinares del Arlanza, en el que está incluido. Ciruelos está a una altitud de 1025 m.  

Por encima de los tejados asoma el perfil de la Peña Cerveraele

Ciruelos está en el centro de tres pueblos que suenan en Burgos, y de los que dista aproximadamente 30 kilómetros de cada uno de ellos: Aranda de Duero al suroeste, Lerma al noroeste y Salas de los Infantes al noreste. En invierno apenas viven en él unas decenas de personas, aunque eso no le quita que tenga su vidilla.

 El núcleo de Ciruelos se agrupa en torno a tres calles principales que recorren la población de norte a sur, y la primera parada de la visita es en la ermita de la Virgen del Carmen, situada en la parte más meridional. 

Fuente de piedra adosada a la pared de la ermitasd

Es una ermita de claro carácter popular, pero que se ve muy cuidada por sus vecinos. En su exterior hay una fuente relativamente reciente, realizada con el arco de piedra que se recuperó de una casa. 

No se sabe cuándo se construyó la ermita, pero sí cuando se reedificó, pues de ello da fe la inscripción situada en el dintel de la puerta principal, debajo del escudo del Carmelo, 1887. El interior es amplio y luminoso. En la bóveda, sobre el presbiterio, una serie de pinturas recuerdan motivos y santos relacionados con los Carmelitas. En realidad, todo en la ermita recuerda a quien está dedicada.  

Gayubas

Las labores de los devotos también se dejan ver, como el estandarte blanco de la cofradía, bordado por una señora del pueblo. En el anverso la imagen de la patrona y en el reverso se repite el escudo carmelitano y la inscripción «Todos te amamos». 

Las imágenes de san Antón y santa Marina acompañan a la patrona en la ermita. 

El día de la patrona, el 16 de julio, se celebra en la propia ermita una misa con ofrenda floral, y al sábado siguiente se celebra la procesión con la típica jota en honor de la Virgen.

Otras festividades populares tienen su destino u origen en la ermita, y todavía podemos ver las andas adornadas con gayubas que se han utilizado en la procesión del día de San Roque. Curiosa tradición.

Abandonamos la ermita y nos adentramos en el caserío hasta llegar a la plaza mayor, en la que se destaca la fuente con su pilón, un modelo muy vistoso muy reproducido en la comarca.

Foto en b/n en la que se ve a una joven sentada en el pilón y detrás la enramada

Hubo un tiempo en que por el Día de San Juan los mozos enramaban la fuente en honor de las mozas del pueblo. Estos ramos se repetían en cada una de las casas de las enamoradas. Una fotografía en el museo, que luego visitaremos, recuerda aquellos tiempos. 

La plaza, a pesar de no encontrarse en ella ni el ayuntamiento ni la iglesia, tiene buenos y uniformes edificios, casas de piedra con balconadas de hierro. La construcción en Ciruelos es mayoritariamente en piedra, actualmente vista, al haberse retirado los enfoscados y pasado a la historia las construcciones en ladrillo visto, que duraron poco tiempo.

Casas de la plaza en piedra con balcones de forja

Los ciruelinos siguen manteniendo el gusto por adornar las fachadas con motivos variados, desde las estrellas de seis puntas a placas que recuerdan a los que las mandaron construir y la fecha en la que lo hicieron.

En algunas fachadas se entremezclan esos motivos sin olvidar la solidaridad con Palestina, gesto que veremos repetido a lo largo de nuestro recorrido.

Fachada de casa en la que cuelga una bandera de Palestina. En un motivo decorativo sobre una ventana se lee: "Paz, justicia y libertad"

Mientras atendemos a las explicaciones de Milagros, empezamos a oír una estruendosa bocina que se acerca. Es el panadero, que viene de Tubilla, y la gente empieza a agruparse alrededor de la furgoneta para hacerse con el pan de cada día. Ciruelos, como tantos pueblos y pueblos, se surte de tenderos ambulantes. Para compras mayores, ya se sabe, hay que desplazarse a otros pueblos y llegar hasta Aranda o Lerma.

Seguimos nuestro recorrido por algunas construcciones curiosas del pueblo, como una casa vieja que conserva el dintel de su puerta principal hecho con un único madero curvado, o la casa de las cigüeñas. En esta casa los motivos son claros, dos cigüeñas labradas en piedra bajo la ventana del último piso acechan a sendas culebras situadas sobre los dinteles de las ventanas del piso inferior.. 

Fachada de la casa de las cigüeñas. Centradas y opuestas, dos cigüeñas miran a sendas culebras situadas sobre los dinteles de las ventanas


Edificio amplio y sólido es el actual ayuntamiento, que en otro tiempo tuvo múltiples usos: molino, escuela, cuartel de la guardia civil... La planta de abajo está dedicada actualmente a las dependencias municipales, mientras la parte de arriba está dividida en apartamentos que se alquilan.

Ayuntamiento de Ciruelos de Cervera

La presencia de la casa cuartel en el municipio tuvo importancia social para el pueblo, pues algunas ciruelinas se casaron con guardias civiles y los hijos de estos hicieron amistades entre los demás chicos del pueblo. 

Cada casa de Ciruelos podría contar con toda seguridad alguna historia, la guía nos cuenta alguna peculiaridad, sobre todo en el cambio de uso, pero debemos seguir camino para llegar a la parte más alta,  la más al norte del pueblo, donde precedida por una amplia plaza se encuentra la iglesia de San Sebastián, cuya festividad, se celebra en pleno invierno, el 20 de enero.

 
 

Núm. 314. Ciruelos de Cervera y sus piedras (y II)

Decíamos que la iglesia de Ciruelos de Cervera se nos presenta al final del pueblo, presidiendo una plazoleta. Por fuera presenta un conjunto heterogéneo, destacando su sencilla portada apuntada, con arquivoltas que presentan sencillos adornos vegetales. Dos ventanas ojivales, cuya función no está demasiado clara, se sitúan a su mano derecha. Ningún adorno se observa hasta que no atravesamos su umbral.

Motivos vegetales de las arquivoltas

Es una iglesia amplia, de tres naves, y luminosa, pues en el presbiterio, poligonal de cinco lados, se abren algunos ventanales. Fue por donde se empezó a construir la iglesia.

Cabecera pentagonal con grandes ventanales

Las bóvedas son de crucería con notables nervaduras. Al fondo de las naves laterales se encuentran altares barrocos.
 
Bóveda de crucería. Al fondo altar barroco
 
El retablo, que hasta su reforma en los años sesenta ocupaba esta cabecera, fue desmontado y repartidas sus piezas por toda la iglesia, lo que le da un aire un poco destartalado, como de almacén. 
 
A pesar de ello, pueden apreciarse algunas piezas notables: San Sebastián, bajo cuya advocación está la iglesia; Santa Bárbara, reconocible por la torre; o una curiosa imagen de la Virgen del Carmen vestida con hábito, símbolos carmelitanos y rostrillo de plata.
 
 Santa Bárbara porta en el brazo derecho la torre.


El suelo de la iglesia estuvo lleno de tumbas, estando las de los niños situadas al fondo de la nave de la epístola, junto a la capilla del Nazareno. Esta capilla cuenta con un especial interés. Barroca y separada por una reja de madera cobija en un altar barroco la imagen de gran expresividad de Jesús Nazareno. Esta imagen sale en la procesión del Viernes Santo por la noche, levantando entre los asistentes una gran emotividad. El manto de Jesús fue bordado por la misma artesana que hizo el estandarte de la Virgen del Carmen que hemos visto en la ermita.

Ladera con abundante vegetación, entradas a bodegas y en lo alto una casa
Salimos del templo y lo rodeamos, detrás se alza el cementerio. Al costado de la iglesia nos asomamos al pretil para ver la zona de huertos, con tapia, y huertas al lado del arroyo, la abundante vegetación, las bodegas de enfrente y, allá arriba, una casa rural. 

Por ligeras pendientes, el pueblo es bastante llano, pasamos por una zona donde vemos más casas antiguas, más casas nuevas, todas en piedra, como la que llaman «del caracol», una casa en adobe con entramado de madera, que ha sido comprada por el Ayuntamiento con intención de rehabilitarla. Y en uno de esos recovecos la antigua cilla, donde todavía se puede apreciar una chimenea de cesto.

La cilla, se nos recuerda, era el almacén comunal donde se guardaba el grano para que los años de penuria hubiera con qué sembrar al siguiente, una especie de «seguro agrario solidario».

casa vieja con chimenea de cesto

Llegamos a la zona de los lavaderos, situada en la zona más baja del pueblo, junto al arroyo. Allí, en otros tiempos, diversos edificios -la fragua, la panadería, una carpintería...- convertían el espacio en el gran salón social del pueblo. 

Las tres pilas de los lavaderos
Los lavaderos están formados por tres pilas sucesivas, situadas a nivel de suelo, ante las cuales las mujeres debían arrodillarse. En la primera pila, donde el agua era más limpia, se reservaba al aclarado. El agua provenía de la sobrante de la fuente y el pilón de la plaza.

La ropa se tendía a secar en el propio espacio.

Camino del museo, donde haremos una parada importante, dejamos a un lado el edificio de usos múltiples. En eĺ está el consultorio médico, pero ahora, después de la pandemia, ya solo pasa consulta la enfermera. Para el médico hay que ir a Lerma, recordemos,  a 30 kilómetros de carretera local. Esta es la realidad que nos encontramos cada vez más en la España vaciada. ¡Cómo podemos extrañarnos de que los pueblos se vacíen y solo resistan en invierno un puñado de valientes en ellos! 

Sin duda el museo, dedicado a la escuela, a la juventud, a los días felices y a las marzas, nos muestra otra perspectiva. Un pueblo con escuelas para niños y niñas, niños de primera comunión. Desde hace años, los niños de Ciruelos deben bajar a Gumiel de Izán a la escuela, los recogen en autobús, pero actualmente no baja ningún niño a la escuela. Hay fotos en las que aparecen jóvenes guardias civiles alternando con las chicas del lugar,  y multitud de jóvenes que posaban alegres los días de fiesta luciendo sus mejores ropas:

-Y van todos con gabardina.

-Sí, pero fijaos en la calidad. Y lo mismo los abrigos y trajes de ellas. 

La sociedad imponía sus reglas a la mocedad: «Cuando éramos novios, de la Piedra de la Hiedra, no se podía pasar, era pecaminoso», se lee en un panel. Y esto otro: «La primera vez que entramos al bar nos echaron, y casi nos tiran al pilón por no haber pagado la cuartilla»; la cuartilla o la media cántara, el peaje que había que pagar para hacerse mozo. Y las marzas...

Panel con jóvenes y frases alusivas a su actividad

Porque en Ciruelos, como en otros pueblos de la zona, la última noche de febrero se cantaban las marzas. Hoy se siguen cantando, aunque lo dejan para el sábado, por aquello de ser alguno más. Y para que no se olviden del todo, se las enseñan a los jóvenes en el verano, cuando el pueblo se llena de niños y veraneantes.

Hablando de niños y de fiestas, Ciruelos tiene también su leyenda particular, la leyenda de los confites. Cuentan que un confitero venía con su caballo a las fiestas del pueblo, pero antes de llegar a él, una gran piedra se le cayó encima y allí quedaron el caballo, el confitero y los confites. Desde entonces, si los niños escarban un poco alrededor de la piedra, pueden conseguir algunos de aquellas golosinas que quedaron sepultadas, porque la piedra los cría para ellos, y nunca se acaban.

Dejamos la visita donde la empezamos. Donde en otro tiempo fueron eras y espacios de labor, hoy el pueblo se ha expandido con algunas construcciones nuevas, y sobre todo con el frontón y el polideportivo. Allí, en la explanada junto a el se celebra cada dos años un festival internacional de circo, con una animación muy especial. 

Si líneas arriba hablábamos de la España vaciada, no podemos por menos de alegrarnos de que cada dos años, unos días de junio, el pueblo se llene y resuene más allá de la Peña Cervera.

 

jueves, 28 de agosto de 2025

Núm. 312. La hija del escrutador. La banda sonora de nuestras vidas


Es la segunda novela gráfica que leo, la primera fue La ciudad de cristal, de Paul Auster. 

Si me he acercado a esta ha sido por motivos de amistad, pero sobre todo porque su autora, Pilar Montero Montero, es totalmente fiable a la hora de contar historias. 

Portada del libro. Tonos muy oscuros. Una mujer y unas niñas contemplan desde una cristalera situada en alta una gran sala donde un grupo numeroso de hombros trabajan sobre unos pupitresnbu

 

En este caso, Pilar nos lleva a su infancia en Madrid, infancia que coincide en el tiempo, el espacio y las circunstancias con la mía, porque como le decía a Pilar en un avance, mi padre no tuvo ni cuatro hijos ni cuatro empleos, pero ¡cómo lo has clavado!

El padre de Pilar llegó a Madrid muy pronto a ganarse la vida, luego vino la guerra -le pilló en «zona roja»- y luego, poco a poco, fue remontando como tantos hombres y tantas mujeres de aquella generación. Llegó a tener hasta cuatro empleos, algunos simultáneos, con los que sacó adelante a su familia. Uno de ellos fue el de escrutador de quinielas, que da título a la novela. Felipe Montero, gran aficionado al fútbol, solo acertó una en su vida, una de 11, con cuyo premio pudo comprar una radio.

Estadio Santiago Bernabeu. Vista aérea. Multitud de coches aparcados.
Estadio Santiago Bernabeu-1958

Felipe Montero se casó con Mercedes Montero, una riazana que resultaría fundamental para la trayectoria académica de su hija Pilar, porque Pilar Montero Montero es paremióloga gracias a su madre, al habla de su madre, que, conservada en casa, fue alimentando la tesis y los trabajos académicos de la autora; el último puede leerse en línea: 1329 locuciones de una nonagenaria.

El habla de esta nonagenaria, que nos dejó el año pasado, está muy presente en el texto de la novela que os comento: Sarna con gusto no pica; ni película, ni películo; zascandil, ¡qué cenutrio!...

Iglesia de Nuestra Señora del Manto (Riaza) Fachada principal
Iglesia de Nuestra Señora del Manto-Riaza (Wikimedia Commons

Y sobre todo, las que están muy presentes en la novela, constituyendo la música de fondo de nuestras vidas, son las canciones; tanto las infantiles, Una dola, tela, catola..., como las de la radio, Si yo tuviera una escoba... o aquellos anuncios que tan unidos fueron a nuestra infancia, Quina Santa Catalina es medicina y es golosina.

En los anexos finales, la autora proporciona una serie de enlaces para que podamos oír aquellas canciones, pero ¡qué falta nos hacen!, al menos a los que peinamos más que canas, pues la banda sonora de nuestras vidas va sonando dentro de nosotros, a medida que vamos leyendo. ¿Qué decir de aquellas canciones religiosas que nos enseñaron las monjas en el colegio?, Con flores a María...; ¿qué decir de aquellos villancicos de antes y de ahora, que todavía podemos oír cuando llega la Navidad? A Belén, pastores, a Belén, chiquitos... Las oraciones: Cuatro esquinitas tiene mi cama..., tan ligado todo ello a la cultura popular y a la lengua que aprendimos en casa.

Un libro delicioso lleno de detalles, algunos ya olvidados, como que antes los macarrones había que partirlos antes de cocerlos, que los helados eran polos, que a misa había que ir con velo, o que en llegando Navidad, algunas familias con pueblo recibían un paquete, donde hasta una gallina iba incluida (aquí, creo que se ha pasado la autora dos pueblos y alguna pedanía, ya que las gallinas venían atadas a la cesta, pero cuando volvíamos de las vacaciones en el pueblo). 

Página del libro en el que se ven a niñas jugando en el colegio y en una rodeando una imagen de la Virgen

¡Y qué decir de las ilustraciones! ¡Estamos ante la película de nuestra vida! Felicidades también a Isis A., la ilustradora.

 

 Agosto de 2025

 

Título: La hija del escrutador.

Autoras: Pilar Montero Montero e Isis A.

Editorial: Círculo Rojo.

Año: 2025

ISBN: 979-13-7008-808-8

Disponible en Amazon