El encaje roto toma el título del último de los relatos reunidos por Cristina Patiño Eirín. El volúmen lleva por subtítulo: Antología de cuentos de violencia contra las mujeres. Todos ellos fueron escritos por Emilia Pardo Bazán entre 1883 y 1920. La editora los ha espigado (sic) entre más de seiscientos que la autora publicó a lo largo de su vida.
La violencia contra la mujer parece que ocurre desde que el mundo es mundo, o al mens así nos lo hacen creer. La viñeta del cavernícola que arrastra con una mano a su mujer por el moño, mientras en el otro hombro lleva orgulloso el arma, un basto que no rechazaría ningún rey de baraja, la hemos visto demasiadas veces incluida en todo tipo de literatura y artes. Algo de esto hay también en alguno de los relatos seleccionados:
¡Quisome coger ese condenado! ¡Agarrome del pelo!
grita una rapaciña.
Pero hay violencias más sutiles, violencias que solo entienden y ven las que las sufren, como esa mirada capaz de suspender una boda al pie mismísimo del altar, ¡y gracias a Dios que no llegó a realizarse el matrimonio!
En ocasiones las mujeres, víctimas del maltrato varonil, salen airosas de los trances, bien por sus propias manos o con la ayuda de algún varón que es testigo de los crímenes y quiere remediarlos. A veces las protagonistas dejan con un palmo de narices a sus parejas y les dicen: ¡Ahí te quedas, que me las piro!», pero hay que reconocer que son las menos. La violencia está presente y bajo muchos matices.
Y en esto de no quedarse en la violencia física, ir también a la psicológica, se nos muestra doña Emilia no tanto como una anticipada a su tiempo, algo que se ha dicho, sino como una gran conocedora de la realidad femenina. Hay muchas formas de maltrato, y la autora nos ha dejado en estos relatos, magníficamente bordados, una buena muestra de ello. ¿Qué podemos decir de un revólver que amenaza, que hiere sin estar cargado, solo con su presencia?
La mayoría de los relatos tienen un claro sabor costumbrista, volvemos una vez más a Galicia de la mano de la autora y sus excelentes descripciones, que crean el ambiente ideal para encajar las escenas. Tomamos casi al azar una de esas descripciones:
Al paso tardo de los bueyes, que mugían de nostalgia conforme se acercaban al establo, adelantaba el tío Pedro por el caminito estrecho y escabroso que limitaba de una parte el monte y el río Miño de otra. Apuraba al ganado, porque sin explicarse la razón, aquel día deseaba verse en su hogar despachando su cena, y la noche se había entrado muy pronto, como que corría entonces el solsticio de invierno. El carretero aguijaba a la yunta con la misma vara que le había servido para medir el costillaje de su esposa el día anterior. La luna, asomando entre negros nubarrones, alumbraba medrosamente el paisaje, el agua triste del río, el monte próximo, los árboles decalvados por la estación invernal. Un estremecimiento de pavor heló el espíritu del carretero al acercarse al puente y ver blanquear las tapias de la tejera en la falda de la colina.
Una antología que es un regalo, no solo por el contenido, también por el continente.
Título: El encaje roto.
Autora: Emilia Pardo Bazán.
Editora: Cristina Patiño Eirín.
Editorial: Contraseña.
Año: 2018.