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viernes, 12 de septiembre de 2025

Núm. 313. Ciruelos de Cervera y sus piedras (I)

En Ciruelos de Cervera había estado cuando era joven a las fiestas del Carmen, de bodas un 1 de septiembre, y alguna vez más, recientemente; pero, una vez más, pasear por sus calles y monumentos guiados por las riberizadoras Puri y Milagros es otra cosa.

La visita comienza en el punto desde el que podemos ver, por encima de los tejados y tapias, la Peña Cervera, de la que Ciruelos toma su apellido, un pueblo en los límites de las comarcas de la Ribera, la del Arlanza, y también en los límites del Parque Natural los Sabinares del Arlanza, en el que está incluido. Ciruelos está a una altitud de 1025 m.  

Por encima de los tejados asoma el perfil de la Peña Cerveraele

Ciruelos está en el centro de tres pueblos que suenan en Burgos, y de los que dista aproximadamente 30 kilómetros de cada uno de ellos: Aranda de Duero al suroeste, Lerma al noroeste y Salas de los Infantes al noreste. En invierno apenas viven en él unas decenas de personas, aunque eso no le quita que tenga su vidilla.

 El núcleo de Ciruelos se agrupa en torno a tres calles principales que recorren la población de norte a sur, y la primera parada de la visita es en la ermita de la Virgen del Carmen, situada en la parte más meridional. 

Fuente de piedra adosada a la pared de la ermitasd

Es una ermita de claro carácter popular, pero que se ve muy cuidada por sus vecinos. En su exterior hay una fuente relativamente reciente, realizada con el arco de piedra que se recuperó de una casa. 

No se sabe cuándo se construyó la ermita, pero sí cuando se reedificó, pues de ello da fe la inscripción situada en el dintel de la puerta principal, debajo del escudo del Carmelo, 1887. El interior es amplio y luminoso. En la bóveda, sobre el presbiterio, una serie de pinturas recuerdan motivos y santos relacionados con los Carmelitas. En realidad, todo en la ermita recuerda a quien está dedicada.  

Gayubas

Las labores de los devotos también se dejan ver, como el estandarte blanco de la cofradía, bordado por una señora del pueblo. En el anverso la imagen de la patrona y en el reverso se repite el escudo carmelitano y la inscripción «Todos te amamos». 

Las imágenes de san Antón y santa Marina acompañan a la patrona en la ermita. 

El día de la patrona, el 16 de julio, se celebra en la propia ermita una misa con ofrenda floral, y al sábado siguiente se celebra la procesión con la típica jota en honor de la Virgen.

Otras festividades populares tienen su destino u origen en la ermita, y todavía podemos ver las andas adornadas con gayubas que se han utilizado en la procesión del día de San Roque. Curiosa tradición.

Abandonamos la ermita y nos adentramos en el caserío hasta llegar a la plaza mayor, en la que se destaca la fuente con su pilón, un modelo muy vistoso muy reproducido en la comarca.

Foto en b/n en la que se ve a una joven sentada en el pilón y detrás la enramada

Hubo un tiempo en que por el Día de San Juan los mozos enramaban la fuente en honor de las mozas del pueblo. Estos ramos se repetían en cada una de las casas de las enamoradas. Una fotografía en el museo, que luego visitaremos, recuerda aquellos tiempos. 

La plaza, a pesar de no encontrarse en ella ni el ayuntamiento ni la iglesia, tiene buenos y uniformes edificios, casas de piedra con balconadas de hierro. La construcción en Ciruelos es mayoritariamente en piedra, actualmente vista, al haberse retirado los enfoscados y pasado a la historia las construcciones en ladrillo visto, que duraron poco tiempo.

Casas de la plaza en piedra con balcones de forja

Los ciruelinos siguen manteniendo el gusto por adornar las fachadas con motivos variados, desde las estrellas de seis puntas a placas que recuerdan a los que las mandaron construir y la fecha en la que lo hicieron.

En algunas fachadas se entremezclan esos motivos sin olvidar la solidaridad con Palestina, gesto que veremos repetido a lo largo de nuestro recorrido.

Fachada de casa en la que cuelga una bandera de Palestina. En un motivo decorativo sobre una ventana se lee: "Paz, justicia y libertad"

Mientras atendemos a las explicaciones de Milagros, empezamos a oír una estruendosa bocina que se acerca. Es el panadero, que viene de Tubilla, y la gente empieza a agruparse alrededor de la furgoneta para hacerse con el pan de cada día. Ciruelos, como tantos pueblos y pueblos, se surte de tenderos ambulantes. Para compras mayores, ya se sabe, hay que desplazarse a otros pueblos y llegar hasta Aranda o Lerma.

Seguimos nuestro recorrido por algunas construcciones curiosas del pueblo, como una casa vieja que conserva el dintel de su puerta principal hecho con un único madero curvado, o la casa de las cigüeñas. En esta casa los motivos son claros, dos cigüeñas labradas en piedra bajo la ventana del último piso acechan a sendas culebras situadas sobre los dinteles de las ventanas del piso inferior.. 

Fachada de la casa de las cigüeñas. Centradas y opuestas, dos cigüeñas miran a sendas culebras situadas sobre los dinteles de las ventanas


Edificio amplio y sólido es el actual ayuntamiento, que en otro tiempo tuvo múltiples usos: molino, escuela, cuartel de la guardia civil... La planta de abajo está dedicada actualmente a las dependencias municipales, mientras la parte de arriba está dividida en apartamentos que se alquilan.

Ayuntamiento de Ciruelos de Cervera

La presencia de la casa cuartel en el municipio tuvo importancia social para el pueblo, pues algunas ciruelinas se casaron con guardias civiles y los hijos de estos hicieron amistades entre los demás chicos del pueblo. 

Cada casa de Ciruelos podría contar con toda seguridad alguna historia, la guía nos cuenta alguna peculiaridad, sobre todo en el cambio de uso, pero debemos seguir camino para llegar a la parte más alta,  la más al norte del pueblo, donde precedida por una amplia plaza se encuentra la iglesia de San Sebastián, cuya festividad, se celebra en pleno invierno, el 20 de enero.

 
 

Núm. 314. Ciruelos de Cervera y sus piedras (y II)

Decíamos que la iglesia de Ciruelos de Cervera se nos presenta al final del pueblo, presidiendo una plazoleta. Por fuera presenta un conjunto heterogéneo, destacando su sencilla portada apuntada, con arquivoltas que presentan sencillos adornos vegetales. Dos ventanas ojivales, cuya función no está demasiado clara, se sitúan a su mano derecha. Ningún adorno se observa hasta que no atravesamos su umbral.

Motivos vegetales de las arquivoltas

Es una iglesia amplia, de tres naves, y luminosa, pues en el presbiterio, poligonal de cinco lados, se abren algunos ventanales. Fue por donde se empezó a construir la iglesia.

Cabecera pentagonal con grandes ventanales

Las bóvedas son de crucería con notables nervaduras. Al fondo de las naves laterales se encuentran altares barrocos.
 
Bóveda de crucería. Al fondo altar barroco
 
El retablo, que hasta su reforma en los años sesenta ocupaba esta cabecera, fue desmontado y repartidas sus piezas por toda la iglesia, lo que le da un aire un poco destartalado, como de almacén. 
 
A pesar de ello, pueden apreciarse algunas piezas notables: San Sebastián, bajo cuya advocación está la iglesia; Santa Bárbara, reconocible por la torre; o una curiosa imagen de la Virgen del Carmen vestida con hábito, símbolos carmelitanos y rostrillo de plata.
 
 Santa Bárbara porta en el brazo derecho la torre.


El suelo de la iglesia estuvo lleno de tumbas, estando las de los niños situadas al fondo de la nave de la epístola, junto a la capilla del Nazareno. Esta capilla cuenta con un especial interés. Barroca y separada por una reja de madera cobija en un altar barroco la imagen de gran expresividad de Jesús Nazareno. Esta imagen sale en la procesión del Viernes Santo por la noche, levantando entre los asistentes una gran emotividad. El manto de Jesús fue bordado por la misma artesana que hizo el estandarte de la Virgen del Carmen que hemos visto en la ermita.

Ladera con abundante vegetación, entradas a bodegas y en lo alto una casa
Salimos del templo y lo rodeamos, detrás se alza el cementerio. Al costado de la iglesia nos asomamos al pretil para ver la zona de huertos, con tapia, y huertas al lado del arroyo, la abundante vegetación, las bodegas de enfrente y, allá arriba, una casa rural. 

Por ligeras pendientes, el pueblo es bastante llano, pasamos por una zona donde vemos más casas antiguas, más casas nuevas, todas en piedra, como la que llaman «del caracol», una casa en adobe con entramado de madera, que ha sido comprada por el Ayuntamiento con intención de rehabilitarla. Y en uno de esos recovecos la antigua cilla, donde todavía se puede apreciar una chimenea de cesto.

La cilla, se nos recuerda, era el almacén comunal donde se guardaba el grano para que los años de penuria hubiera con qué sembrar al siguiente, una especie de «seguro agrario solidario».

casa vieja con chimenea de cesto

Llegamos a la zona de los lavaderos, situada en la zona más baja del pueblo, junto al arroyo. Allí, en otros tiempos, diversos edificios -la fragua, la panadería, una carpintería...- convertían el espacio en el gran salón social del pueblo. 

Las tres pilas de los lavaderos
Los lavaderos están formados por tres pilas sucesivas, situadas a nivel de suelo, ante las cuales las mujeres debían arrodillarse. En la primera pila, donde el agua era más limpia, se reservaba al aclarado. El agua provenía de la sobrante de la fuente y el pilón de la plaza.

La ropa se tendía a secar en el propio espacio.

Camino del museo, donde haremos una parada importante, dejamos a un lado el edificio de usos múltiples. En eĺ está el consultorio médico, pero ahora, después de la pandemia, ya solo pasa consulta la enfermera. Para el médico hay que ir a Lerma, recordemos,  a 30 kilómetros de carretera local. Esta es la realidad que nos encontramos cada vez más en la España vaciada. ¡Cómo podemos extrañarnos de que los pueblos se vacíen y solo resistan en invierno un puñado de valientes en ellos! 

Sin duda el museo, dedicado a la escuela, a la juventud, a los días felices y a las marzas, nos muestra otra perspectiva. Un pueblo con escuelas para niños y niñas, niños de primera comunión. Desde hace años, los niños de Ciruelos deben bajar a Gumiel de Izán a la escuela, los recogen en autobús, pero actualmente no baja ningún niño a la escuela. Hay fotos en las que aparecen jóvenes guardias civiles alternando con las chicas del lugar,  y multitud de jóvenes que posaban alegres los días de fiesta luciendo sus mejores ropas:

-Y van todos con gabardina.

-Sí, pero fijaos en la calidad. Y lo mismo los abrigos y trajes de ellas. 

La sociedad imponía sus reglas a la mocedad: «Cuando éramos novios, de la Piedra de la Hiedra, no se podía pasar, era pecaminoso», se lee en un panel. Y esto otro: «La primera vez que entramos al bar nos echaron, y casi nos tiran al pilón por no haber pagado la cuartilla»; la cuartilla o la media cántara, el peaje que había que pagar para hacerse mozo. Y las marzas...

Panel con jóvenes y frases alusivas a su actividad

Porque en Ciruelos, como en otros pueblos de la zona, la última noche de febrero se cantaban las marzas. Hoy se siguen cantando, aunque lo dejan para el sábado, por aquello de ser alguno más. Y para que no se olviden del todo, se las enseñan a los jóvenes en el verano, cuando el pueblo se llena de niños y veraneantes.

Hablando de niños y de fiestas, Ciruelos tiene también su leyenda particular, la leyenda de los confites. Cuentan que un confitero venía con su caballo a las fiestas del pueblo, pero antes de llegar a él, una gran piedra se le cayó encima y allí quedaron el caballo, el confitero y los confites. Desde entonces, si los niños escarban un poco alrededor de la piedra, pueden conseguir algunos de aquellas golosinas que quedaron sepultadas, porque la piedra los cría para ellos, y nunca se acaban.

Dejamos la visita donde la empezamos. Donde en otro tiempo fueron eras y espacios de labor, hoy el pueblo se ha expandido con algunas construcciones nuevas, y sobre todo con el frontón y el polideportivo. Allí, en la explanada junto a el se celebra cada dos años un festival internacional de circo, con una animación muy especial. 

Si líneas arriba hablábamos de la España vaciada, no podemos por menos de alegrarnos de que cada dos años, unos días de junio, el pueblo se llene y resuene más allá de la Peña Cervera.

 

sábado, 9 de agosto de 2025

Núm. 309. La vida de antes en un pueblo de Castilla. Quintana del Pidio (y II)

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Dejamos el Soto atrás para pasar a admirar otra obra de la naturaleza, esta vez domesticada por el hombre; se trata de una parra más que centenaria, anterior a la filoxera, que ocupa la fachada de dos casas de piedra. Un verdadero monumento  natural.

Parra que ocupa la fachada de dos casas.


Rsestos de arquitectura popular, y en nuestro paseo pasamos por la parte trasera de la iglesia, que  nos deja ver algunos restos románicos de la construcción  primitiva; la fábrica actual es de los siglos XVI-XVII. 

Tras este pequeño paréntesis, llegamos frente a la casa de Juan de Alosanz (1609-1679), que fue párroco de Quintana del Pidio y comisario del Santo Oficio. Alosanz, un hombre de su tiempo, dejó constancia de su patrocinio en la iglesia, principalmente en la capilla y el pórtico. Fundó varias obras pías, entre ellas una para dotar doncellas, tanto para el matrimonio como para entrar en religión.  

A la Inquisición se la temía y se temían sobre todo las denuncias de los vecinos que veían en cualquier acto trivial, como preparar el viernes el cocido típico de los judíos para la la comida de los sábados, la popular adafina, una señal inequívoca de ser judaizante. Se refieren algunos sucesos registrados en las actas, como la mujer que fue denunciada por tomar agua bendita con un solo dedo; aunque quizá lo más chocante sea el del vecino que en la romería de San Sebastián oyó a dos mozas a última hora de la tarde decir que no habían ido a besar al santo, y levantándose las faldas les dijo: «Pues besadlo aquí».

En la casa de al lado, perteneciente en otro tiempo a la misma propiedad de Alosanz, estuvo la tienda de comestibles que surtió a Quintana durante el siglo XX. En esta vivienda, en la planta baja, los vecinos todavía recuerdan una serie de cuartuchos estrechos, que bien podrían haber sido las celdas de los presos inquisitoriales en otro tiempo.  

Casa de aspecto rústico, pero renovada recientemente. Delante unas cuantas macetass s
 
Llegamos a la plaza de las Erillas, llamada así porque en otro tiempo en ese lugar hubo algunas eras.  Hoy es una plaza amplia, que alterna jardines y zonas de juegos para niños. A su alrededor distintos edificios, y entre ellos hay que nombrar el sindicato, actual bar y por tanto, el centro social del pueblo.
 
El sindicato, actual bar, con mesas a la puerta

En otro tiempo la taberna era un lugar comunitario, que se sacaba a subasta. Los taberneros estaban obligados a servir el mejor vino, para lo que el concejo realizaba distintas catas por las bodegas. El clarete era el vino de la zona.
 
En ese edificio estuvo la casa del pueblo y después de la guerra pasó a ser la sede del Sindicato Católico Obrero, de ahí el nombre popular de sindicato. Hubo un tiempo en que en ese mismo lugar existía un pequeño almacén donde se almacenaban palos de vid para la replantación de las vides tras la filoxera. 
 
Subimos a la parte más alta del pueblo. Por el camino podemos ver casas de piedra con aspecto señorial, casas de adobe, alguna zarcera que nos sale al encuentro... 
 
Casa tradicional en mampostería. Los cercos de las ventanas están pintados de blanco. Un rosal en la esquina.

La arquitectura tradicional de Quintana, sin tener nada sobresaliente, tiene algo que la hace distinta, quizá esa mezcla sin demasiado orden, donde todavía se pueden apreciar rincones o fachadas que mezclan piedra, adobe y ladrillo.
 
Entre lagares, merenderos y antiguas bodegas, se nos recuerda algunos casos en los que las brujas hicieron su aparición en Quintana. Las brujas eran consideradas como la encarnación femenina del mal; la encarnación masculina era el diablo y un diablillo, un canecillo procedente de las ruinas de la iglesia de Santa Marina de Revilla, encontramos en el dintel de un merendero que edificaron los mozos, piedra a piedra, en los años sesenta del siglo pasado.
 
Canecillo con la figura del diablo.
Una grabación nos devuelve al pasado, a procesos inquisitoriales que tuvieron lugar en Gumiel de Izán y Revilla, mientras se nos recuerda que para que el diablo no enredara en la matanza, era necesario hacer una cruz sobre el picadillo y poner orégano en la gamella.
Lagar. Vista lateral. Se ven las puertas por donde se descarga la uva y rematando la pared más alta, que servía para aguantar el peso de la viga.

 
La zona que en otro tiempo albergó lagares y bodegas es hoy zona de merenderos. Pueden verse algunas zarceras, algunos poyos a las entradas, y la silueta de algunos lagares, que como recuerda Sanz Sanza, se asemejan razonablemente el perfil de una ermita románica. 
 
Dintel del lagar: podón, cruz y reja de arado
 
En un lagar arruinado, que fue lagar comunal, todavía pueden verse en el dintel  lo que para nuestro guía es el escudo del pueblo, heráldica popular, que denominan algunos: un podón, una cruz y la reja de un arado. Los símbolos del trabajo unidos a la religiosidad popular. Allí están representadas esas gentes que rara vez aparecen en los libros de historia, pero que sin embargo, aquellos hombres y mujeres fueron los que construyeron la iglesia, las casas de los nobles y labraron sus tierras y viñas. Este motivo se repetirá en otros lugares, incluida una bodega moderna, que se levanta también en esa zona. 
 
Olmo seco
La ermita de la Virgen de los Olmos da una sensación de tristeza con ese único olmo superviviente y seco de su entrada, la grafiosis se los llevó hace años. Dentro, todo tiene un aspecto un poco desvencijado, y es que una máquina agrícola chocó hace unos meses contra ella produciendo más de un desperfecto. No obstante, podemos apreciar las pinturas de sus techos, su retablo, detrás del cual, en lo alto, se esconde un diablillo -Quintana parece tierra de diablillos- que tardamos en localizar, y mientras nos tomamos un descanso y contemplamos un capitel convertido en benditero, procedente de Santa Marina de Revilla, oímos los versos de Machado: 
A un olmo seco, herido por el rayo...
 ¡Ojalá las lluvias de algún abril vuelvan a reverdecer ese olmo seco de Quintana del Pidio! 

Después de callejear otro rato con dirección al punto de partida, llegamos a las Piñuelas, calle que une la plaza con la ermita y cementerio de Santa Ana. Allí se nos recuerdan las cruces que se ponían en determinados puntos altos para proteger al pueblo. Puestas sobre un mapa, el pueblo aparece protegido en el centro de una elipsis.

Yo rebusco en mis notas, y encuentro el chascarrillo que me recitó Carmen: 

Por las Piñuelas te vi,
por Cantarranas bajar,
las zapatillas romper,
y otras no poder comprar. 

Muy cerca se encuentran dos fuentes para surtir de agua a personas y animales, la una se llama simplemente la Fuente y la otra es la de la Gila. Gila es palabra prerrománica, cuyo significado es  'hondonada húmeda'. Curioso ver cómo se mantiene en la toponimia estos testigos mudos del pasado.

Fuente y pilón a un lado

 Hasta la próxima, Quintana.

domingo, 20 de julio de 2025

Núm. 308. La vida de antes en un pueblo de Castilla, Quintana del Pidio (I)

Lo he dicho mil veces y lo seguiré repitiendo. No es lo mismo visitar un sitio por tu cuenta o que te lo enseñen los del propio pueblo.

De la mano del programa ¿Te enseño mi pueblo?, una vez más he vuelto a Quintana del Pidio. 

Esta vez la visita quiere tener un enfoque diferente: ¿cómo era la vida en un pueblo de Castilla en la Edad Media? ¿Cómo actuaba la Santa Inquisición en ellos? En Quintana algunas piedras nos hablan de lo uno y de lo otro, solo hay que dejarlas hablar a través de Juanjo, el voluntario que nos va a llevar por las calles de su pueblo.

Fachada de piedra con balcón flanqueado por dos escudos nobiliarios

Primer hito a destacar, un caserón bastante bien conservado que encontramos muy cerca de la plaza.  En su fachada hay dos escudos que dan cuenta de quiénes fueron sus dueños, era el edificio del priorato. Porque Quintana, entre otros señores, perteneció durante muchos años al Priorato de Silos. Los frailes necesitaban vino, tanto para el consumo particular como para el sacrificio de la misa, así que encontraron en este pequeño pueblo un buen lugar para su aprovisionamiento. Hoy Quintana cuenta con trece bodegas acogidas a la D. O Ribera del Duero, lo que le da el mayor ratio por habitante de la zona. El caserón, que en otro tiempo recibió diezmos y tercias hoy está dividido en tres viviendas, que han dejado alguna cicatriz en su fachada. 

Ya que hablamos de números, diré que Quintana es un pueblo de menos de 200 habitantes, pero 20 de ellos son de edad escolar. El número de parejas jóvenes es también notable.

Decoración de un cuarterón de la casa del cardenal. Silueta de un árbol flanqueado por dos medias lunas o dos E
Otro caserón, este totalmente en ruinas, nos recuerda quién fue su dueño. Se trata del cardenal Sancha, que tuvo una amplia carrera eclesiástica para terminar en Toledo, donde murió, como arzobispo y primado de España.  Antes, en los años que pasó en Cuba, había fundado una congregación religiosa femenina para el cuidado de huérfanos inválidos y desamparados. A las hermanas se las conoció popularmente como las sanchinas. Hoy la congregación cuenta con unas trescientas religiosas repartidas en unas cincuenta comunidades. En 1899 Pío Baroja y Azorín conocieron al cardenal Sancha y lo convirtieron en personaje literario en Camino de perfección y La voluntad, respectivamente. 

Seguimos nuestro paseo y llegamos a lo que fue la casa de los tercios o tercias, donde se recogía la parte de la cosecha, el tercio, que pertenecía a los señores, y también el pósito. Allí se almacenaba grano de forma comunal para tener con  qué sembrar los años de mala cosecha. Debemos pensar en una economía de subsistencia para la mayoría de aquellos labradores. Lo que podía producir la familia de pan, vino y hortalizas, se consumía en su totalidad, con pocas posibilidades para el ahorro. La existencia de estos pósitos proporcionaban una cierta seguridad para los años siguientes.

Salimos a la carretera y tras unos metros llegamos a un lugar desde el que se puede apreciar buena parte de la vega del Gromejón. Es el momento de recordar el pasado más pasado de Quintana, los asentamientos y restos neolíticos en el entorno de Revilla, poblado del que apenas queda una pared de su iglesia, pues en los años 60 del siglo pasado fueron vendidas la mayoría de sus piedras a la parroquia de Santo Domingo en Aranda de Duero. Otros bienes muebles se repartieron entre Gumiel de Izán y el propio Quintana. El nombre de Revilla saldrá recurrentemente a lo largo de la visita. 

Tres jóvenes se refrescan en la fuente de piedra del SotoR

Y en esto llegamos al Soto, sin duda el lugar más refrescante del recorrido. Allí, sentados a la sombra de los álamos, disfrutamos de la primavera, los ruiseñores nos anuncian el despertar de la vida. 

El mes de mayo era pródigo en ritos, los labradores sabían que estaban en los meses cruciales para las cosechas, ya lo dice el refrán, abril y mayo son las llaves del año. Árboles como los álamos o los olmos se consideraban árboles sagrados, en comunicación directa con las fuerzas de la Naturaleza, mientras que los nogales daban una sombra dañina; para evitar todo mal, había que caparlos, es decir cortar la punta de una rama brotada ese año.  

El primer día de mayo, los mozos no se olvidaban de levantar el mayo, acudiendo a las riberas o al monte a por el árbol más alto; este permanecería erecto durante todo el mes de mayo. A su alrededor se propiciarían pequeñas fiestas y hasta encuentros amorosos. Más tarde llegarían las enramadas.

La noche de San Juan había que pasarla en un lugar elevado, provistos de navajas y cuchillos, cerca del sol para recibir los primeros rayos. Ese día también se pasaba a los enfermos por debajo de árboles considerados salutíferos, el álamo o el ciruelo.

El labrador observaba el comportamiento de las aves, las golondrinas siempre eran beneficiosas, y si gorriones y palomas se acercaban a los charcos es que iba a hacer buen tiempo, pero si revolcaban en los caminos, es que entonces anunciaban sequía. Era preciso, entonces, recurrir a las rogativas. Como parte de las sacralización de los ritos paganos, alrededor de San Marcos, 25 de abril, se clavaría una cruz en un árbol, porque la cruz es vida y trae buen tiempo.

Contra el pedrisco, algo muy temido por los labradores, se recurría a los servicios del nublero, hombre encargado de ahuyentar las tormentas a golpe de campana, o mediante otros mecanismos. 

Antes de abandonar este refrescante lugar, y seguir nuestra visita, podremos disfrutar también del patrimonio inmaterial de Quintana del Pidio, gracias a unas grabaciones realizadas en los años noventa a dos mujeres del lugar, ya fallecidas. Se trata de Pilar Hervás y Carmen Cuesta, que nos van a cantar la versión local del Romance del conde Lino. 

Madrugaba el conde Lino, la mañana de San Juan,
a dar agua a su caballo, a las orillas del mar.
Mientras el caballo bebe, el conde Lino echa un cantar,
y la reina del palacio a su hija mandó llamar.
-Mira, hija, cómo canta, la sirenita del mar. 
-Madre, no es la sirenita, ni lo es ni lo será,
es la voz del conde Lino, con quien me voy a casar. 
-Si te casas con él, hija, yo le he mandar matar. 
-Si le manda matar, madre, mándeme a mí enterrar.
Y a otro día a la mañana, clamores dan en San Juan. 
-¿Por quién clamorean, madre? -¿Por quién han de clamorear?
Clamorean por conde Lino, que muerto en la plaza está.
Ella, como hija de reina, en caja de oro va,
y él,como hijo de conde, en caja de plata va.
A ella, como hija de reina, la entierran en el altar,
y a él, como hijo de conde, tres pasitos más pa tras.
Donde a ellos enterraron, ha nacido un manantial,
donde todos los que enferman, allí se van a curar.
La reina, por ser la reina, también la tocó enfermar;
la reina, por ser la reina, allí se fue a curar.
Donde a ellos enterraron, ha nacido un rosal;
la reina cuando iba a misa, se ha trabado el delantal.
La reina, que está comiendo, a su plato fue a picar,
una pareja pichones, y ella les mandó matar. 
-Vete, de ahí, tú la reina, no te queremos curar.
Cuando éramos chiquititos, tú nos mandaste matar,
cuando éramos rosalitos, tú nos mandaste arrancar,
y ahora que somos santitos, no te queremos curar. 
Rosal

 


                                                                                                                     ... / ...

 

sábado, 17 de mayo de 2025

Núm. 305. Tórtoles de Esgueva: el agua, la iglesia y la reina Juana (y II)

Seguimos nuestra visita pasando por curiosas plazas cerca de donde en otro tiempo se situó alguna de las puertas de la muralla.  Allí, recientemente y por iniciativa de Ángel, nuestro joven guía, se ha reproducido, con alguna concesión en la orientación, una cabaña de pastor. Este tipo de construcciones, en piedra seca, pueden encontrarse aún por toda la comarca y sirvieron de refugio tanto a pastores como a agricultores. Al fondo se aprecia la moderna bodega Buen Camino.

Chozo de pastor. Al fondo la bodega.


Esta bodega tuvo su origen en una curiosa casa del pueblo, que durante muchos años fue hospital para pobres. Con el tiempo pasaría a propiedad privada, donde sus dueños fundaron una bodega. El vino se vendería en una taberna en la plaza del pueblo. Ya en el siglo XXI, al quedarse pequeña la casa familiar, los herederos fundaron la bodega actual. 

La visita, sin duda, adquiere otro tono cuando llegamos frente a la casa en la que se alojó la reina Juana, de cuya época apenas queda un pequeño recuerdo en la fachada. Habríamos pasado sin detenernos ante una casa más del pueblo, de no ser por nuestros guías que nos narran el episodio histórico. 

Semiarco en piedra con decoración de bolas

Maru ante la casa explicando la historia

Allí, nuestra guía, Maru, se mete casi en la piel de la desdichada reina Juana I de Castilla -olvidemos el injusto apodo de la Loca-, para transmitir las palabras de un cronista local, que nos va a relatar cómo fueron los hechos; cómo el respeto y el amor de la hija hacia el padre cambiaron por completo su destino, al confiar en él para entregarle la regencia de Castilla. 

La estancia de la reina en Tórtoles, tracendente para el reino, pero sobre todo para su vida, está presente en el imaginario colectivo de la localidad. De la crónica local, que acertadamente nos acerca Maru, recogemos las palabras finales:

A partir de este encuentro se van a cometer las mayores tropelías contra una reina legítima. Primeramente, el ninguneo de su padre en Tórtoles para llevarse la regencia, y nueve años después su hijo Carlos la va a defenestrar de por vida, confinándola en Tordesillas.

Ventana con persiana verde enrollada, cortinas blancas y maceta con flor roja

En la calle por la que nos acercamos a la plaza hay varias casas en otro tiempo señoriales; hoy los estragos de la división por herencias pueden apreciarse lamentablemente en alguna de ellas. En la mayoría su esplendor pertenece al pasado y una vez más de nuestras bocas sale con sordina un ¡qué pena!

Afortunadamente pequeños detalles de las casas habitadas, como esa maceta que nos saluda desde la ventana, mantienen la esperanza.

Y llegamos a la plaza, flanqueada en su lado norte por la imponente mole de la iglesia, que más que iglesia parece fortaleza. Durante su estancia en Tórtoles, la reina Juana depositó el féretro de su esposo es la iglesia, a donde acudía a misa diariamete.

Fachada de la iglesia con la torre fortificadas
(Iglesia de San Esteban Protomártir- Wikimedia Commons)

Se comenzó a construir por la torre defensiva, a la que se adhirió una iglesia románica, que, más tarde, en el siglo XV, se amplió para construir la iglesia gótica actual, una de las primeras y más importantes de la provincia.

La fachada es sencilla, muestra un gran rosetón en lo alto, y sobre la puerta un sencillo cordón y una pequeña imagen de san Esteban Protomártir, a la que está dedicada.

Vista interior de la nave central y la del evangelio. Bóvedas de crucería. Al fondo el prebisterio con el retablo

El interior de la iglesia es aún más sorprendente que su exterior. De tres naves a diferente altura y planta de cruz latina, apenas apuntada. Las naves constan de cinco tramos; en el primero, junto a la base de la torre, se levanta un soberbio coro. En él se puede admirar un notable órgano del siglo XVIII.

Vista del coro con el órgano a la derecha de la imagen

 Debajo del coro encontramos la pila bautismal, románica.

Pila bautismal románica adornada con sencillos arcos de medio puntoccia

La iglesia cuenta con varios altares. El retablo mayor combina pintura y escultura en madera, con estofados dorados. Tiene unas dimensiones considerables, ya que ocupa todo el testero del ábside. De finales del siglo XVI, es renacentista con tendencia al manierismo. Además de la imagen central dedicada a San Esteban, llama la atención el monumental tabernáculo o sagrario. En las distintas calles los cuadros y las esculturas representan escenas de la vida de la Virgen, de Jesús y de santos diversos. El retablo se corona con un calvario.

 
 
Al lado del evangelio se abre una capilla funeraria, presidida por un altar barroco con columnas salomónicas. Allí la imagen del Crucificado con melena de pelo natural.
 
Las naves del evangelio y la epístola se cierran con sendos altares presididos por la Virgen del Rosario y el Niño Jesús de Praga, respectivamente.  Ahorramos su descripción e invitamos a los lectores a visitar Tórtoles, su iglesia y a detenerse ante altares, imágenes y capilla.
 
De nuevo en la plaza, el edificio del ayuntamiento no pasa desapercibido. Es un soberbio edificio de dos plantas sobre la baja, que se encuentra porticada. Data del siglo XVII, aunque fue reconstruido en el XVIII. A lo largo de su historia ha albergado distintas funciones. En la actualidad alberga el consultorio médico y en la planta sótano, con entrada por una calle lateral, la biblioteca.

 
La visita a Tórtoles termina en una plazoleta donde se halla otro edificio importante en la vida actual de sus habitantes. En su origen fue albergue de peregrinos, luego escuela paara niños y niñas -hasta cien escolares llegó a haber-, y en la actualidad es el centro social, donde tienen lugar distintas actividades. 
 
Ha sido una mañana agradable, muy agradable gracias a nuestros guías. En la mochila, aparte de los recuerdos y las fotos, nos llevamos a casa un paquete de magdalenas, para seguir disfrutando de ese pueblo.

Mayo de 2025 

viernes, 9 de mayo de 2025

Núm. 304. Tórtoles de Esgueva: el agua, la iglesia y la reina Juana (I)

El agua, las fuentes, y el verde están por todas partes en Tórtoles de Esgueva. La sensación de frescor y el sonido del agua es constante durante toda la visita, pero no nos adelentemos y vayamos por orden.

Regato que baja por una pendiente entre una abundante vegetaciónaia-r

En punto esperaban los guías, Ángel y Maru, junto al mayo, que, apenas un par de días antes, habían pinado (levantado) a pulso los jóvenes y no tan jóvenes del pueblo.

Un grupo de hombres levanta el mayo a pulso.
(Pinado del mayo- Ángel Álvarez)

La visita a Tórtoles de Esgueva, dentro del programa «¿Te enseño mi pueblo?», se inicia con los datos demográficos y prácticos del Tórtoles actual, que, pese a ser un pueblo que no llega a los 500 habitantes, cuenta con todos los servicios. Más tarde se situará la localidad en los tres espacios geográficos de los que forma parte. Espacios distintos, pero que comparten mucho de lo que es esta zona de Castilla: el valle del Esgueva, la Ribera del Duero y la comarca palentina del Cerrato, que tiene su prolongación en los pueblos limítrofes burgaleses, por lo que Tórtoles está en el llamado  Cerrato burgalés.

Más que agrícola, Tórtoles tuvo en otro tiempo una gran importancia ganadera con numerosos rebaños de ovejas. Con la lana de las ovejas, se fabricaban paños y mantas, de ahí el seudogentilicio de pelaires que se da a los habitantes de la localidad. Tórtoles tuvo dos batanes, hoy arruinados, y de toda esta labor textil y ganadera, junto a otros oficios antiguos, quieren dejar recuerdo los murales a un lado del frontón.

Murales: rebaño de ovejas, batán y lavandera

Seguimos a nuestros guías camino de la parte alta del pueblo, acompañados por un buen olor a pan, proveniente de la panadería, que, además de buen pan, elabora unas excelentes magdalenas caseras. Doy fe.

Nos detenemos en un paraje donde la naturaleza se muestra generosa, abunda el agua, los árboles... El continuo paso del agua en otro tiempo ha dejado su surco en una pared de piedra caliza, donde pueden apreciarse todavía algunas pequeñas estalactitas. 

Los romanos eligieron el lugar para su asentamiento, precisamente, por su agua abundante, dejando en herencia unos cuantos canales para el regadío, y, ¿cómo no?, el sistema de calefacción por glorias, tan popular en toda la Ribera. Al fondo nos espera un gran edificio, se trata de un molino del siglo XVIII, que perteneció al convento, y parte abajo de donde nos encontramos se hallaba uno de los batanes del pueblo, hoy rodeado de maleza.

A la derecha roca con estalactitas, al fondo el molino
Sin duda el monumento más importante del pueblo, junto a la iglesia parroquial, es el monasterio de Santa María la Real. Es propiedad privada y, por lo tanto, no puede visitarse, pero, ante su portada y mediante fotografías, se nos facilitan los principales datos y se mencionan las principales estancias: la capilla de los fundadores, el claustro... El complejo cuenta con una superficie de aproximandamente diez mil metros cuadrados, y además del monasterio, hoy complejo hotelero en venta, cuenta con una quesería artesanal, también cerrada, y una residencia de ancianos de 34 plazas en funcionamiento.

El convento fue habitado por monjas benedictinas de clausura desde su fundación, en el siglo XII, hasta el XX. En 1977 las monjas se trasladaron a una nueva construcción en Aranda de Duero, a donde trasladaron algunos de los bienes muebles. 

Puerta del monasterio flanqueada por dos cipreses
Puerta del monasterio (Wikimedia Commons)

Quizá lo que más interese en la actualidad de este convento sea la leyenda que habla de las propiedades de su fuente para curar la ictericia, ya que estando en el lugar las huestes de Fernán González batallando con las de Abderramán III, la ingesta de las aguas de su fuente curó de ese mal a las tropas cristianas. En agradecimiento a este hecho, considereado como «milagroso», Fernán González mandó construir una capilla, sobre la que más tarde se levantó el monasterio.

Aunque no se cuente en la visita, leyenda o no leyenda, esta agua milagrosa ha atraído durante siglos a enfermos de la comarca, aquejados del llamado mal de amarillo, la ictericia. Las monjas aceptaban una limosna y mandaban que el enfermo fuera a misa durante ocho días y rezara unas oraciones ad hoc. Al cabo de ese tiempo el enfermo quedaba curado.

En nuestro recorrido circular alrededor del convento, pasamos por el parque de los Caños, con abundante vegetación, agua y caños donde abrevar el ganado.

Capitel con motivos geométricos.

En nuestro camino hacia la ermita de San Cebrián o del Cristo, por la parte alta del pueblo, podemos apreciar todo lo que Tórtoles es, y observar la mole de su iglesia con aspecto de fortaleza. La ermita tiene un gran valor emotivo para los tortolicos, pues hacia ella dirigen sus pasos el día de Viernes Santo. De origen románico, la construcción actual es muy posterior. Cuenta con tres naves; sus columnas se rematan en capiteles con decoración floral-geométrica. Está presidida por la imagen del Crucificado en un altar barroco. La imagen de san Cebrián se sitúa en un lateral.

Icono de San Cebrián

Desde el cerro conde se sitúa, que sube al páramo, se aprecia bien la cuesta de las Atalayas, aunque en el pueblo se conoce como las Revueltas. Allí se cree que pusieron los moros sus puntos de vigilancia para controlar todo el valle del Esgueva. De la presencia árabe en el pueblo, quedan algunos recuerdos en la toponimia, como Fuente la Mora o Guadameya, hoy una marca de vino.

Seguimos nuestro camimo callejeando por lo que fueron los distintos barrios. En uno de esos puntos nos paramos, porque hemos llegado a la calle de las Tapias, calle en pendiente -los locales la llaman Arrastraculos-, terminada en un arco. Esta calle une los dos barrios, el primitivo, medieval, de calles intrincadas, y el más moderno, ya construido en la Edad Moderna, donde podemos encontrar algunas casas palaciegas.

Fijémonos en la capillita que la piedad popular ha colocado en uno de los muros del pasadizo.

Pequeña imagen de la Virgen de Fátima y florero

De Tórtoles de Esgueva fue el obispo de Zamora, Ángel Molinos Tobar (1721-1786). Su casa está en la calle Mayor; aunque ha tenido distintos usos, como prueba un gancho de carnicero al lado de una de las puertas, presenta un aspecto noble con balcones y dos escudos en su fachadas. Dentro se conserva la escalinata y el báculo del obispo en las puertas.

Vista parcial de la casa del obispo: puerta, ventana, balcón y escudo,a

En esta calle mayor se pueden apreciar también algunas casas en ladrillo visto, material que empezó a utilizar la mediana burguesía para sus casas a finales del siglo XIX y se prolongó durante buena parte del XX. Las fachadas solían adornarse con motivos geométricos.

Fachada de ladrillo visto rojo. Adornos romboidales en el mismo material, sobresaliendo del plano

 
Igualmente, en otras fachadas podemos encontrar molduras remarcando los vanos y otros adornos, con voluntad indudable de dar prestancia a las contrucciones

 

Fachada de casa con los balcones enmarcados por molduras blancas. Igualmente adornos de rombos en blancoeoessd

Los numerosos manantiales de los que se rodea el lugar, sin duda surtieron de agua para el consumo a la población durante siglos, pero fue en 1924 cuando esa agua se canalizó y llegaron las fuentes públicas al pueblo. La primera se instaló, como no podía ser de otra forma, en la plaza. Esa fuente se trasladó luego a la puerta del Sol para evitar su consumo directo por un vecino; el conflicto se resolvió bastantes años después al hacerse una réplica en la plaza.

Fuente con pila redonda y dos caños, puede leerse el año, 1924

Aprovechamos el agua de la fuente para tomarnos un descanso en el paseo. 

Volvemos enseguida.