lunes, 14 de septiembre de 2026

Núm. 324. La muy catastrófica visita al zoo

En las bibliotecas, al menos en las de Madrid, suele estar siempre prestado; de hecho me tocó esperar algunos meses en la biblioteca de mi barrio para que me llegara el turno. También me lo habían recomendado algunas amigas: «Es divertido, te arranca sonrisas». Lo de divertirse y sonreír nunca está de más, así que vamos a ello.

Ha sido el primer libro que he leído de este autor, Joël Dicker, del que dicen que sus libros anteriores presentan tramas complicadas. No es el caso de este, que en palabras de su autor, ha sido escrito para que lo puedan «leer y compartir todos los lectores, sean como sean y estén donde estén, de los siete a los ciento veinte años».

Algunas voces dicen que este deseo universal le ha llevado a escribir un libro para niños, un libro para niños que pueden leer los adultos, al estilo de otras obras universales. Desde luego no es el caso y omitiremos las comparaciones, sean o no sean odiosas.

Dicker, supuestamente, ha tomado prestada la voz de unos niños autistas, en distinto grado y con distintas características, para hacer una especie de crítica social del mundo de los adultos, los padres y profesores, principalmente, pero no solo estos. Los niños quieren, en sus características poco comunes -«especiales», según el lenguaje políticamente correcto y «rarunos», según los demás niños-, representar, de alguna forma, a los niños con discapacidad e incluso a todo el universo infantil, cada uno con sus peculiaridades, todos diversos, todos diferentes.

El propósito puede ser loable, pero el resultado resulta un poco simplón, me resisto a calificarlo como infantil, por mucho que el autor haya querido infantilizar el libro a través de las preguntas que se hacen los niños. 

El libro encierra una pequeña trama policiaca, ¿quién ha sido el que ha inundado la escuela especial de los niños? Los niños, naturalmente, son los encargados de descubrirla, y ese punto, el resultado de la investigación, quizá sea de lo más decepcionante del libro, aunque hay que reconocer que sabe mantener la intriga a través de las sucesivas catástrofes, hasta llegar a la anunciada en el título.

¿Y si no te ha gustado mucho el libro, para qué lo comentas en el blog?, se preguntará alguno de mis pacientes seguidores.

Pues, paciente lector de mi blog, si he llegado hasta aquí es para hablar de las traductoras, María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego, que han sabido mantener en castellano ese reto que le presentaba el lenguaje coloquial del original francés.

Solo tengo testimonios indirectos de esos logros, así que no pondré ninguno de mi cosecha, pues no tengo el original francés, pero uno de los méritos de este libro es que se lee como si hubiera sido originalmente escrito en nuestra lengua. Y esto, que no se note que es una traducción, es de lo mejor que se puede decir de un traductor.

Muy de agradecer que sus nombres figuren también en la portada del libro. 

 

Jielbeaumadier gorilla gorilla gorilla femelle madrid 2014

Título: La muy catastrófica visita al zoo

Autor: Joël Dicker

Traducción: María Teresa Gallego Urrutia y Amaya García Gallego

Editorial: Anagrama

Año: 2025 

 

  

domingo, 9 de agosto de 2026

Núm. 323. La clase de griego


 Houghton TypW 520.96.241 - Alphabetvm Græcv, de Bry, 1596 

 

Algo tiene el agua cuando la bendicen. 

Cuando dieron el premio Nobel de literatura a la coreana Han Kang en 2024, por algo sería.

La clase de griego me la recomendó una amiga: «Es una novela para filólogos». Bueno, es cierto que las explicaciones lingüísticas acerca del griego antiguo pueden atreaerte algo, pero sobre todo es un libro atractivo para los amantes de la buena literatura, para los que buscan el placer de pasear los ojos por párrafos sorprendentes. Las páginas se llenan de frases bien estructuradas -una reconocida mención a la traductora, Summe Yoon-, metáforas, imágenes, que nos transportan a otros mundos.

Era una noche de domingo en que la luna llena se escondía tras los racimos de nubes negras para asomarse cada tanto. 

 No se quedan atrás las imágenes realistas de un pequeño apartamento en Seúl. ¿Vivir al lado de un bosque frondoso puede ser un inconveniente?

Aparte de estar en la planta baja del edificio, el salón daba a un bosque frondoso. Se había decidido a alquilarlo precisamente porque le gustó que se pudieran contemplar los troncos de los enormes árboles, pero no pensó en las sombras que proyectaban en el salón incluso en pleno día.

La protagonista femenina, víctima de una crisis familiar, que la ha privado del hijo y del habla, decide apuntarse a lecciones de griego antiguo en una academia privada en Seúl, donde reside. 

Nada sorprendente para mí. Tuve un compañero japonés, que había aprendido latín, y estaba empeñado en que todos los que hablábamos una lengua romance, franceses, italianos y españoles, lo entendiéramos cuando nos soltaba esas frases en lengua muerta. Nos costó convencerlo de que nuestras respectivas lenguas maternas, aun herederas del latín, se habían separado lo bastante como para no entender ni papa de lo que nos decía, a menos que alguien hubiera estudiado, como él, esa lengua.

Ella trata de no perderse nada de lo que él dice, pero es incapaz de concentrarse en cada una de las palabras. Las frases se le clavan en los oídos, como un largo pescado cortado en rodajas, sus sufijos y desinencias aún sin desescamar.  

El protagonista masculino es el profesor. Había crecido en Alemania, a donde su familia se había trasladado siendo él muy joven, allí había estudiado y ahora volvía al Seúl natal en un momento complicado de su vida, se estaba quedando ciego. 

Resplandor.

Penumbra.

Sombra.

No solo eso, el anuncio de la muerte de un amigo, que pudo ser algo más, le da un empujón hacia ese final: 

¿Qué tiene de malo? Aprende braille y ya está. Escribe poemas haciéndole agujeritos a un papel. Aprende a convivir con un magnífico perro labrador.

Pronto el interés por la lengua de las primeras páginas de la novela se vuelca en el interés por los personajes protagonistas. Hay unos personajes secundarios, los otros alumnos, que se limitan a ser un mero «decorado», quizás el único fallo de la novela. Ya que están habría que haberles dado un poquito más papel.

Un accidente junta las vidas de profesor y alumna fuera del aula, una calurosa tarde de julio. El resto y el día y buena parte del día siguiente la emplean en descubrirse, en «conocerse», como dirían en la prensa rosa. 

Amor contenido, que va creciendo lentamente.

Algo se despertó entre nosotros.

Los capítulos finales nos llegan en un formato algo distinto y hasta cierto punto sorprendente: frases cortas, algo parecido a versos rotos..., esa forma entrecortada en la que ella se comunica con él escribiéndole en la palma de la mano, como si fuera sordociega. 

En la palma

temblorosa,

un punto

tibio, 

Ella no puede hablar, él no puede leer lo que ella podría escribir, pero encuentran la forma de expresar sus sentimientos. 

La metáfora de los dos en el fondo del mar, donde ninguno ve, y la forma en la que emergen, no puede resultar literariamente más lograda.

Y al final el lenguaje.

Cuando por fin pronuncio la primera sílaba, cierro con fuerza

los ojos,

convencida de que cuando los abra todo habrá terminado.  

  

Pinus densiflora forest in Seoul, Korea

 

Título: La clase de griego

Autora: Han Kang

Traductora: Sunme Yoon

Random House

2023