A los clásicos, y al Barroco, siempre hay que volver.
¿Por qué?
Porque nadie como ellos para ahondar en lo que la palabra literatura significa para los sentidos. Nadie como ellos para sacarle todo el deleite a las palabras y a sus posibles combinaciones.
En este caso lo hacemos de la mano de doña Mariana de Carvajal, una de esas autoras que no suele incluirse en los libros de texto, y de su única obra conocida, Navidades de Madrid. Noches entretenidas (1663).
La edición en papel que manejo viene ilustrada por Inés Vilpi, editada por Ana Rossetti y publicada por Malas Compañías. Un libro con bonita tipografía, agradable de leer. Sin embargo, hay una buena edición digital comentada, publicada por la Junta de Andalucía.
Vayamos al grano.
Siguiendo la tradición de reunirse a contar cuentos para entretenerse, los habitantes de una casa de malicia (seguir el enlace para saber sobre ellas) se disponen a pasar juntos las Navidades. Aparte de compartir por turnos ricas viandas, por turnos también van divirtiéndose compartiendo relatos, canciones y bailes, pues entre ellos están presentes estas gracias, ahora diríamos habilidades.
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| Fachada lateral de casa de malicia en la calle de los Mancebos |
Los relatos son ocho novelas cortas sazonadas con abundantes composiciones líricas. Relatos de amor y enamoramiento que terminan felizmente en boda. Ellas son bellas sin excepción, discretas las más de las veces, y solo en pocas ocasiones se antepone la gracia intelectual a la física. Aunque luego cambia bastante el cuento, sorprende la presentación que se nos hace de la heroína del último relato:
Ludovico, rey de Escocia, tenía una hija llamada Lisena. Su florida y hermosa juventud no pasaba de los dieciséis años. Era tan clara y aguda de entendimiento, que ponía en admiración a quien la escuchaba. Era poco inclinada al casamiento cuanto afectuosa a la caza, pues era su continuo ejercicio penetrar los montes y fatigar los valles y, aparte de esto, tan recatada y virtuosa, que pidió a su padre por merced que no se copiaran retratos de su belleza.
Joven de dieciséis años, aguda de entendimiento, que gustaba de la caza. Realmente original, pero era bella, no lo olvidemos. Como se suele señalar por la crítica, el principal valor de las mujeres en los Siglos de Oro era su belleza. Todas sin excepción lo eran.
Ellos también, no nos engañemos, apuestos y de buen talle, además de valientes y nobles. Como además eran ricos, el conjunto no podía fallar, pero no hagamos crítica social desde la perspectiva del siglo XXI, los valores de estos relatos están sin duda en el empleo del lenguaje.
Se podría decir que la mayor parte de los sustantivos llevan antepuesto su correspondiente adjetivo, no solo para describir a las personas, sino también a las cosas y hasta a las accione. Veamos parte de la descripción del jardín de la casa donde transcurre la acción, como hemos dicho una casa de malicia en las proximidades de El Prado:
Tenía dos copiosas fuentes, que lisonjeaban las matizadas flores y menudas yerbas con sus cristalinos raudales. En la una estaba una ninfa de bruñido y cándido alabastro, arrojando por ojos, boca y oídos, rizados despeñaderos de sus gigantes, que, trepando con impetuosa violencia hasta las vides, volvían a la anchurosa vasa desparcidos en menudas hebras de escarchada plata. La otra se adornaba de un hermoso peñasco de remendados jaspes, poblados de conchas y caracoles, mariscos embutidos de atanores sutiles de lata, arrojando en trabada escaramuza hermosa tropelía de menudo aljófar.
Las imágenes empleadas en la descripción de las damas no pueden ser más acorde con los versos de los poetas de aquellos tiempos. Son tan abundantes los ejemplos que pondremos solo uno, una personificación de la mismísima luna, que se nos muestra escondida entre metáforas.
descubrió la hermosa Cintia su plateado rostro, y a los confusos rayos de su breve luz
En cuanto a las composiciones líricas, la mayoría imitando la poesía popular en octosílabos, son también una buena muestra de poesía barroca de todos los géneros, dignos sus versos de figurar en alguna antología.
Dime, amor, qué puedo hacer,
pues yo me dejo obligar
con el favor.
Amar, morir y callar.
Autor: Mariana de Carvajal y Saavedra
Título: Navidades de Madrid (Noches entretenidas)
Edición: Ana Rossetti
Ilustraciones: Inés Vilpi
Editorial: Libros de las Malas Compañías
Año 2021

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