«Que no me lo quite», digo yo.
«Muy saludable por las mañanas», dijo mi médica en la última consulta.
Delante de la panapastelería de mi barrio, suelen poner un letrero con patas -nunca supimos si este cosu tenía su nombre-, en el que suelen colocar algún tipo de reclamo. El actual me llamó especialmente la atención.
EL CAFÉ
NO ES UNA
BEBIDA,
ES UN
MOMENTO
(Me permito corregir, naturalmente, ortografía y puntuación.)
Pocos reclamos de este tipo le hacen falta al establecimiento, pues su mostrador- cafetería y sus mesas están siempre llenas, sobre todo a esas horas de la mañana, o de la tarde, en que uno se toma ese momento para sí mismo, o para sí y para otros; amigos, familiares...
Durante el juicio del Procès, el juez Marchena recriminó a la filósofa Marina Garcés, que dijera tener pendiente un café con uno de los acusados, el señor Cuixart.
¡Ay, esos cafés pendientes con los amigos y conocidos que posponemos y posponemos!
Hace algunos años, un conocido y tradicional café de Madrid puso en práctica otro tipo de cafés pendientes; se trataba de dejar pagado un café para el que no lo pudiera pagar. Ignoro cuánto duró aquella sana costumbre o si todavía sigue. Creo que duró poco tiempo, pero fue bonito mientras duró.
Reconozco tener muchos cafés pendientes con algunos de mis amigos, muchos momentos con ellos, algún día espero poder tomarme ese café tranquilamente.
Y sí, no nos vamos a olvidar de mencionar a esos amigos que acostumbran darte los buenos días virtuales con una estampita, que con frecuencia trae su café incorporado.
A mis amigos.


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