Mostrando entradas con la etiqueta coplas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta coplas. Mostrar todas las entradas

miércoles, 4 de febrero de 2015

Número 64. Solía que andaba


Vieja expresión que todavía está viva en el habla de la Ribera del Duero.

Te cuento su historia en la revista de mi pueblo: Gomelia


Molino del Suso (por Concha Arias)
.

sábado, 15 de febrero de 2014

Número 40. Un texto viejo: esas viñas

Esas viñas de la Ribera del Duero 

Esas viñas que ves, ¡oh viajero que visitas nuestras tierras!, alineadas como disciplinados escolares antiguos, están con nosotros desde el tiempo de los romanos.

En las postrimerías del siglo IV podía verse al dios Baco abandonar, en carro tirado por dos amansadas panteras, a la caída de la tarde, su casa patricia de Baños de Valdearados. Iba a visitar sus viñas, aquellas que infatigables colonos habían levantado aclimatando plantas, llegadas desde los confines del Mediterráneo, sobre terrenos arcilloso-calcáreos, poco aptos la mayor parte de las veces para otros cultivos. Al llegar el fresco otoño, esas vides destilaban lo mejor de sí mismas y sabían llenar copas y cálices de cálidos vinos jóvenes.

Ocurrió, precisamente, en noviembre de 1972, cuando el vino de ese año había terminado de cocer en los tinos de la bodega cooperativa y contaba los días que quedaban para San Andrés —por San Andrés, el mosto vino es—, cuando un arado sacó a la luz el mosaico romano de simbología báquica más grande, 66 metros cuadrados, de la Península Ibérica. Aquel hallazgo, además de un hito arqueológico, constituyó todo un símbolo del despegue y pujanza que los vinos de la Ribera del Duero iban a tomar en los años siguientes.

Tarde entró la viña en la economía romana, pero ya en casa, los romanos supieron apreciar el gran valor que tenía para sus economías:
Si me pides ( dijo Caton) mi parecer sobre el mejor fundo rural , he aqui lo que pienso. La viña que es buena , es el mejor de los bienes raices. Despues de ella viene la huerta de regadío
Praedium quod primum siet , si me rogabis , sic dicam : vinea est prima si vino multo siet , secundo loco hortus irrigatus )1
Desde antiguo se sabe que las tierras fuertes y arcillosas no son aptas para la viña, ya que esta crece mejor en terrenos secos y ligeros; de ahí, que en los valles en torno al Duero, sean los terrenos elevados, las laderas, los considerados más idóneos, aunque dado el gran avance de este cultivo en los últimos años y las tendencias de la nueva agronomía no sea raro ver viñedos en terrenos bajos, casi lindando con el borde del agua. Pero los antiguos aconsejaban no invertir el orden natural de distribución de cultivos...
 Nec vero terrae ferre omnes omnia possunt : 
 Nascuntur sterieles saxosis montibus orni:
 Littora myrtetis laetissima : denique apertos
 Bachus amat colles... 2

Vuelve el dios Baco a su casa satisfecho de su paseo, le acompañan Pan, que toca la siringa, Ariadna, que lleva en un cántaro el vinum primarium, fruto de la primera destilación, y el sacerdote Dioniso; un ambiente festivo de música y danzas se siente entre el cortejo... entrada del cortejo... 

Un largo periodo de declive de la viña sigue al periodo tardorromano, el valle del Duero, prácticamente despoblado, ha visto cómo su población debía replegarse hacia los valles del norte, donde la viña, por ser terrenos más fríos, se da peor. Viejas plantas sobreviven en el valle del Arlanza, como nos lo demuestra los testimonios esculpidos en piedra en la iglesia visigótica de Quintanilla de las Viñas, la viña no se ha ido del todo, incluso en las épocas más sombrías ha seguido con nosotros...

Pero en los albores del siglo XI son empujados los árabes definitivamente más allá del Duero, la frontera se consolida, vuelven los colonos a repoblar las tierras que abandonaron con anterioridad y monjes de Cluny vienen a plantar raigones de fe renovada en los campos esquilmados por tiempos de lucha; y comienza la viña a consolidarse en el valle del Duero para no volvernos a dejar. Sufrirá vaivenes, sufrirá enfermedades, distintos avatares pasarán sobre ella, a las viejas plantas se unirán variedades nuevas, se ensayarán nuevos métodos de cultivo y elaboración de vinos...

Paisaje ribereño con viña en primer plano

Irán los monasterios haciéndose con tierras y pagos, sus bodegas deben llenarse en los otoños —el sacrificio de la misa necesita del preciado licor—, los labradores podan las cepas en copa, los racimos son ofrecidos antes, incluso, de que las viñas ciernan. Pero no solo se llenan los cálices; de las bodegas que horadan cerros y los subsuelos de algunos pueblos comienzan a subir jarros gozosos que serán imprescindibles en las fiestas... Se dan a la Virgen advocaciones relacionadas con la nueva riqueza: «de las Viñas», «de la Vid» (aunque lo que tenga en la mano la elegante imagen gótica sea una manzana)... Y cantan festivos y joviales los ribereños:
 La Virgen de las Viñas
 tiene un racimo,
 las uvas que se esgranan
 las coge el Niño3.
Y los santos tienen que intervenir a veces, como Jesucristo en las bodas de Caná, para multiplicar el vino en las cubas que los años malos no consiguen llenar. Así —cuenta la tradición—, de forma milagrosa, llenaba la beata Juana, madre de Santo Domingo de Guzmán, las cubas de la bodega familiar de Caleruega, vino que se repartía más tarde a los pobres.

Hoy, aquellos primeros siglos de impulso económico propiciados por los monasterios guardan un recuerdo en los nombres de algunas bodegas y en algunas marcas de vinos: Pago de Capellanes, Cillar de Silos, Dehesa de los Canónigos, Hacienda Monasterio...

Como hemos dicho más arriba las tijeras del podador comenzaron a labrar preciosas copas, ya en las propias cepas; poda en copa, idónea para resguardar los racimos de los rigores agosteños y prolongar su estancia en la viña, pegados a la tierra, alimentándose de las esencias de siglos, hasta bien entrado octubre.

Había que darse prisa, entonces, para que las primeras heladas no echaran a perder la cuidada labor de todo un año. Las viñas se llenaban de alegres voces, los niños no acudían a la escuela, las mozas hacían frente a los lagarejos con dignidad y hasta con un poco de altivez, los cestos se iban llenando del fruto y ya en el lagar, pies recios sabían sacarles, a aquellos prietos granos, lo mejor de su fruto, el líquido más preciado, el que iba a parar a la mejor cuba para ser destinado al sacrificio de la misa. Y aunque tradicionalmente se bebía un vino clarete (el «ojogallo» que ha llegado hasta nuestros días) el mejor tinto se reservaba para pagar en especie las rentas a los monasterios.

Con la llegada de la Edad Moderna, la producción se extiende lo bastante como para generar excedentes, el campesino busca la forma de aumentar sus rentas y los mercados y ferias de las provincias limítrofes (Segovia o Palencia) o los importantes pueblos serranos (San Leonardo o Quintanar) reciben los caldos de la Ribera.

Y así, alternando las tierras de pan llevar con el cultivo de sus viñas, llenando las cillas de los monasterios, las bodegas propias y vendiendo los sobrantes por las ferias próximas, los ribereños alcanzaron un cierto desahogo económico. Quizás, como muestra de ese agradecimiento a la viña, podemos ver como las columnas barrocas de sus altares se pueblan de racimos dorados, es el triunfo del barroco, del dorado y un poco también de la vida muelle, que desembocó en un círculo de penuria, de escasez del alimento básico (el pan), que fue preciso romper desde arriba:
El Señor Obispo Don Bermardo Antonio Calderón, persuadió y dio arbitrios a los pueblos en el año de mil setecientos setenta y tres, para que dexando de plantar viñas, fomentaran la agricultura y la sementera, y hicieran plantíos, pero hallando en los naturales muchas resistencia por estar muy gustosos con el trato del vino4.
Siguió la Ribera cultivando sus vides, salpicando sus majuelos de nogales, almendros y otros frutales, que si bien estorbaban algo la cosecha de vino, daban sombra y postre a sus dueños. Aprendieron los niños, a edad temprana, a invitar a tallos tiernos a sus novias, en las tardes calurosas del mes de julio... Aprendieron también a invocar el favor de los catalizadores externos soltando vilanos al viento con rumbo a la mejor heredad.
Pintauvas5, pintauvas,...
que vayas a pintar mis uvas,
a mi viña de...
Colgaron los devotos y cofrades racimos de las tallas de sus santos el día de la fiesta: Santo Domingo, San Roque, acogieron junto a sus mantos los frutos tempranos, apenas enverados, de las cepas más tempranas... Por la Virgen de agosto comenzaron a pintar las uvas, a madurar por la de septiembre, que sabía recoger amorosa en sus novenas los rezos de aquellos sus hijos que seguían dependiendo en gran medida del fruto de la vid:

Campos de doradas mieses,
viñas de frescos racimos,
en fianza te los dimos,
para que su guarda fueses.
Guárdanos todos los meses,
en invierno y en estío,
concédenos vino y pan6.
Así, de una forma doméstica, familiar, fue asentándose el paisaje de nuestra infancia: pequeños majuelos que trepaban por las laderas, aprovechando los rincones más recónditos de los chorros, alternaban con las tierras de cereal para formar un damero irregular, verdiamarillo que iba volviéndose ocredorado a medida que avanzaba septiembre. Frutales salpicaban, entonces, nuestras viñas: perales, manzanos, cerezos, nogales y almendros... y en las tardes de verano viñas y majuelos recibían la visita de sus cuidadores que iban a recoger los frutos tempranos... Se aprovechaban las casetas, pequeñas y rústicas construcciones de adobe o piedra, para guarecerse de las intempestivas tormentas, casetas que el propio viñador habrá construido con sus manos para calentárselas cuando se le quedaban ateridas los fríos días invernales de la poda. Cabañas de la ribera, «más de una exploración de anatomías dice el escritor ribereño Pascual Izquiedo en su Guía de la Ribera del Duero se realizó bajo su techo y alguna historia de amor adolescente fue consumada en aquel ámbito iniciático7».

A finales del siglo XIX, un forastero se instala en Valbuena de Duero, trae con él, igual que siglos atrás habían hecho los monjes de Cluny, nuevas plantas de la vecina Francia: cabernet-sauvignon, merlot, malbec... Comienza, en silenciosa labor, a elaborar un vino tinto «Único», que pronto se convertirá en un mito, pero que sin embargo, tardará casi un siglo en tirar de los otros vinos de la zona. Vega Sicilia fue única y sigue siéndolo pero a su sombra, en los años 80, poco después de que el dios Baco se levantara de su sueño, nuevas generaciones de bodegueros, hijos y nietos de aquellos viticultores de antaño, empiezan a apostar por una elaboración seleccionada de caldos, a partir de la variedad autóctona más extendida en nuestro país, el tempranillo, que aquí, en la Ribera, recibe los nombres de tinto fino o tinta del país. Las viejas uvas del país de nuestros abuelos empiezan a cuidarse con mimo, a seleccionarse y a dividirse los días de la vendimia entre lo «blanco» y lo «negro».

 Se ensayan nuevos cultivos, se traen variedades seleccionadas para mezclar con las autóctonas, se empieza a cuidar la viña, a mimarla... Llegan dineros nuevos de lugares viejos con sólida tradición vinícola —la Rioja—, se plantan nuevas viñas. Ya no se aprovechan solo los rincones, aquellas tierras poco aptas para otros cultivos... Como en siglos pasados, el vino empieza a poderle al pan, se extienden las podas en espaldera y para mitigar los rigores de agosto, el agua, gota a gota, ayuda a refrescar la planta, lo justo, que la viña requiere solo la justa y más de la cuenta solo sirve para dañarla.

El tiempo, tradicional enemigo del viticultor, empieza a ser incluso domesticado... Pero las modernas técnicas de estudio de los suelos, la tecnología que impide la helada o aminora los efectos del pedrisco, solo hace que refrendar lo que de siempre se sabía, que las grandes vinos tintos se elaboran en zonas frías, en condiciones extremas, a veces rayando el desastre.

Desaparecen los viejos frutales de las viejas viñas, desaparecen las viejas cabañas, la vista se pierde en un mar verdioscuro cuando llega el verano... En la retina de los poetas se mezclan el viejo damero y los nuevos espacios abiertos, resistiéndose a olvidar el viejo paisaje:
 Esta tierra inmortal, tierra de vino,
 tierra de pan, tierra de campos sola,
 otero arriba al mar, la mar, la ola
 del cielo azul inmenso sobre el pino8.
Se vuelve a subir a los desvanes, a la llegada de los otoños, en busca de los viejos garillos; la uva debe seguir cortándose a mano, debe ir llenando poco a poco, en esa tarea en la que con frecuencia siguen participando hasta los niños más pequeños, los canastos, cunachos y cestos. Las modernas bodegas, que añoran las viejas piedras en sus fachadas, provistas de la más moderna tecnología reciben satisfechas los prietos racimos y las barricas de roble nuevo guardan sus aromas para criar recios caldos, de los que sin duda también gustaría el dios Baco.
Dejan los vendimiadores tras sí un manto dorado en la tierra hollada y las viñas comienzan a adormecerse, a plegarse sobre sí mismas, a prestarse gustosas a las tijeras del podador... Pasan el invierno, quietas, apenas destacan en el paisaje, hasta que la primavera vuelve a estallar en sus yemas:
 Por la Cruz, la viña reluz.
Se inicia un nuevo ciclo, un ciclo que se repite año a año desde que la historia sabe guardar memoria de ello.

Notas:
1. Citado en  CARBONELL y BRAVO, Dr. F.: Arte de hacer y conservar el vino. Edic. fács. por el INSTITUT CATALA DE LA VINYA I DEL VI, (reimpr. de la edic. de 1820), 1992.
2. Ídem. «Indudablemente no todas las tierras pueden producir de todo. Los olmos, estériles, nacen en montes pedregosos, en el litoral mirtos frondosos, pero Baco prefiere los collados» (T. de E. Cilla)
3. Estrofa del Cancionero popular arandino.
4. Citado en CALVO PÉREZ, Roberto y Juan José CALVO PÉREZ: «Faenas agrícolas 3: Las Bodegas» en Cuadernos del Salegar [en línea], n.º 19, 1998. . [Consultado 02/06/2000].
5. Pintauvas: palabra con la que se denomina en algunos pueblos de la Ribera al vilano de cierto cardo que vuela libre en las tardes de verano. La tradición popular dice que ayudan a pintar las uvas, de ahí el juego infantil que consiste en atraparlos y enviarlos en dirección a la viña propia.
6. Estrofa de Los gozos de la Virgen del Río. Gumiel de Izán (Burgos).
7. IZQUIERDO, Pascual: Guía de la Ribera del Duero. Roa de Duero (Burgos), Consejo Regulador de la Denominación de Origen Ribera del Duero, 1995, pág. 79.
8. De un poema de Jesús Hilario Tundidor.



Copyleft © 2000 María del Carmen Ugarte.  Puede copiarse, distribuirse o modificarse bajo los términos de la GNU Free Documentation License, Version 1.1, o cualquier otra version posterior. Conservar este copyleft.

domingo, 15 de diciembre de 2013

Número 38: La perdiz y la nariz

Los refranes más clásicos siguen vivos, y es fácil encontrárselos en la vida cotidiana.

Por ejemplo, hoy en el mercado, en el puesto de los pollos, una señora le pregunta al pollero, un chico de treintaipocos años, acerca de la conveniencia de comprar ya las perdices. Duda de si llevárselas en ese momento, si congelarlas, si... Al final parece decidirse por una reserva para la semana siguiente, pero no obstante, cautelosa, pregunta si le aguantarán una semana.

El pollero contesta resuelto: «Dice un refrán antiguo que la perdiz, en la nariz, que quiere decir que tiene que oler, que es cuando mejor está.»

La perdiz, en la nariz

Guardo el refrán bien guardadito en la memoria, para al llegar a casa ampliar información y me encuentro que son múltiples las referencias y los libros de cocina y de caza que recomiendan seguir al pie de la letra este refrán, a la hora de preparar la caza, pero es sin duda Sorapán de Rieros, médico del siglo XVII, el que nos deja un excelente artículo sobre las peculiaridades de esta pieza gastronómica. 

Tapar la nariz,
y comer la perdiz.

Comienza su disertación Sorapán, diciendo que la perdiz es comida de nobles, y el refrán invocado a menudo, para a continuación, dejarnos citas tan sabrosas como las que siguen:
Es la perdiz el animal más libidinoso de quantos se conocen, y tanto, que cuando es tiempo de concebir, ciegos de ferbor que padecen, fácilmente engañados por un reclamo, son cazados los machos; y si sus hembras las perdizes, no esconden los huevos, tontos se los quiebran, sin advertir lo que hacen.
 Y si los machos se ciegan fácilmente por el amor, ¿qué decir de las hembras?
Dize Plinio, en el deximo de la natural historia, que la perdiz hembra se hace preñada con solo el ayre que le toca del macho, y algunas vezes, con solo oyr su voz. Pero Aristóteles, libro tercero de la generación de los animales, capítulo primero, no dize que con la voz se hazen preñadas las perdizes, sino con el olor del macho, y esto es más conforme a razón.
Estas, cuanto menos, curiosas explicaciones, son compartidas por otros sabios de la Antigüedad:
Platina es del parecer de Aristóteles. Pelean animosamente los machos por el amor de las hembras, las cuales, con gran cuidado, esconden, y encubren los huevos, para que no sean de otro animal ofendidos. Purganse las perdizes, cuando sienten el vientre ocupado, comiendo una hoja de laurel, como testifica Plinio. No se halla jamás unto, ni enjundia en estas aves.  
No terminan aquí las maravillas y propiedades atribuidas a las perdices, pues son el ingrediente principal de numerosos remedios. A los curiosos en estos temas, animo a hojear el libro de Sorapán, siguiendo el enlace de la bibliografía, pero ahora quedémonos en las propiedades de la carne de perdiz, y por qué hay que dejarla que se pase un poco, que esté manida, como decía Sorapán:
Que la perdiz de su naturaleza es de carne seca, pero templada entre calor, y frialdad, deste parecer es Saboranola, Paulo, Platina, Avicena, y el gran maestro Galeno; por la cual sequedad, los perdigones nuevos, que son menos secos, dan loable mantenimiento al cuerpo: pero cuando ya son de edad mayor, manifiestamente secan, por lo cual detienen el vientre, no son difíciles de cocer en el estómago, y dan constante, y loable sustento, crían buena, y mucha sangre. De suerte que compiten con la carne de gallina, y aun ha habido quien diga, que son las perdices de mejor carne, principalmente hablando de las pechugas [...] Siendo pues duras, áseles de buscar remedio, que enmiende aquella falta, el cual remedio es que estén muy manidas, y es necesario que estén, tanto si son viejas para que se enternezcan, que han ya de comenzar a oler mal. Esto pues es lo que nos enseña el refrán, diciendo, que la perdiz, para que sea tierna ha de oler,de suerte que sea necesario tapar la nariz cuando se come.
Ya debió parecerles algo exagerado a los coetáneos de Sorapán este taparse la nariz, porque a renglón seguido el eminente médico aclara:
Adviértase aquí que es el perdigón de suyo tierno, y nuevo, no ha de ser tan manido como dice el refrán, y si fuere perdiz vieja conviene que esté bien manida, pero no tanto que el olor cause enfado. Porque lo que dize este refrán de tapar la nariz, es modo, y exageración que da a entender, que la carne de perdiz es la que necesita ser más manida, y la que más se puede conservar por su sequedad. 
¿Cocida o asada? Pudiera paracer que mejor cocida, es decir estofada o guisada, que asada, pero no eran de esta opinión los doctos galenos gastrónomos de nuestros siglos de oro.
Algunos considerando la sequedad de la carne de las perdizes, las comen cozidas, pero engañánse mucho, porque las pechugas cozidas son mas secas, que las assadas, y assi en su natural preparacion que se assen, no se cuezan. Advirtiendo tambien que conviene, para que tengan mejor punto, y esten mas tiernas, que han de yr a la mesa poco mas que a medio assar, y bien manidas, como enseña el Refrán, y el doctissimo Vega en su arte medicinal.
Para finalizar una coplilla que nada tiene que ver con cómo han de comerse las perdices, pero sí de sus posibles efectos: 


Una recién casada,
se comió una perdiz,
y en la tripa le hacía,
chipi chi, chipi chi.


Actualización 

(Sobre el comportamiento de la perdiz en los bestiarios. Notas facilitadas por Santiago Maspoch Bueno, 119-01-2014)

Las primeras noticias acerca de la lascivia de la perdiz se remontan a Aristóteles: Unos (animales) son muy dados al acto amoroso, como, por ejemplo, el género de las perdices y de las gallinas, y otros son castos como, por ejemplo, el género de los córvidos (488b: Historia de los animales).
Eliano, ya hacia el III d.C., desarrolla la noticia: el macho, con lo lujurioso que es, no deja que la madre pase el tiempo ocupada en la crianza de los polluelos. ¡Tan incontinente es la especie de las perdices machos! Cuando las hembras consiguen librarse de ellos y se entregan a poner los huevos, los machos la emprenden unos con otros… Entonces, el macho derrotado es montado por los demás machos (Historia de los animales, III, 16).
San Isidoro de Sevilla vuelve sobre el asunto: La perdiz es un ave falaz e inmunda, pues el macho monta al macho y se olvida de su propio sexo, empujado por la lujuria (Etimologías, XII,7,63)
Y con esa visión negativa entra la perdiz en los bestiarios: Es un pájaro astuto y repugnante. El macho monta al macho, y así el apetito sensual dominante olvida las leyes del sexo (Bestiario de Cambridge, 136).
No es sólo el macho el lujurioso, sino también la hembra: siempre que esté bajo los efectos del impulso sexual… si se encuentra a favor del viento que viene del macho, queda preñada (Aristóteles, 560b:Historia de los animales). Y al llegar a los bestiarios, la noticia se transforma así: Tanto atormenta el deseo a las hembras, que basta que hacia ellas sople el viento procedente de los machos, para que queden encintas por el olor (Bestiario de Cambridge, 137)
Datos sobre la caza de la perdiz se dan en Ausias March: poran-se’n fer avantajosos llaços, / prenints perdius / e tortra o bequada (XLII,31-32: se podrán fabricar lazos ventajosos para coger perdices, tórtola o becada).
Y sobre la apreciación de la carne de la perdiz, en Brunetto Latini, maestro de Dante, cuyo Libro del Tesoro de afán enciclopedista es tempranamente traducido al catalán: Perdiu és ocell que sovent és cercat per la bondat de la sua carn (CLXII: la perdiz es pájaro al que se suele buscar por la bondad de su carne).
Por fin, en uno de los fragmentos más conocidos del Libro de buen amor del Arcipreste de Hita, la cantiga de la serrana del puerto de Malangosto, el caminante es obsequiado con perdices en un banquete previo al pago del peaje sexual:
Diome…
Mucho gaçapo de soto,
Buenas perdizes asadas
Fogaças mal amassadas
E buena carne de choto (968c-g)

Notas

1. Se conserva la ortografía original. 

Referencias

Sorapán de Rieros, Juan (1975): Medicina española contenida en proverbios vulgares de nuestra lengua. Antonio José de Lucas (ed.) Madrid: Imprenta Cosano. [Vista parcial a través de Google Books, ]. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

Número 32: Hasta San Fermín...

Corre estos días por Twitter y Facebook un nuevo refrán que llega con ganas de quedarse: 


Hasta San Fermín, con bufanda y calcetín.

Hasta los meteorólogos oficiales, esos que anuncian el mal tiempo antes de las vacaciones y los puentes largos, más que nada por fastidiar un poco el turismo, se han hecho eco de él, y así veíamos a Mónica López hablarnos de este nuevo refrán con el desparpajo al que nos tiene acostumbrados.


Los 140 caracteres de Twitter han dado para algo más, siendo bastante fácil encontrar la génesis:



De los creadores de Hasta el 40 de mayo no te quites el sayo, llega Hasta San Fermín, con bufanda y calcetín.

«De los creadores de»: el pueblo sigue creando refranes, de cero, y basándose en otros, porque desde siempre han acostumbrado los refranes a llevarse la contraria entre ellos o ir a por el y tú más. Veamos algún ejemplo antiguo:

Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, y si vuelve a llover, vuélvetelo a poner.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, y si es de Albacete, hasta el cuarenta y siete. 
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo; y hasta San Juan no te quites el gabán. 
Hasta la Ascensión no te quites el jugón. 
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el ropón, y si lo tienes malo compra otro mejor.
Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, y si junio es ruin, hasta el fin. 

La lista será larga, pues probablemente en cada pueblo hayan querido añadirle su coletilla particular, como ocurre en Ademuz:


Hasta el cuarenta de mayo no te quites el sayo, ni esquiles la pollineja (fuente: Badare)1

En cuanto a las prenda que no hay que quitarse, el sayo, el jubón o jugón, el ropón, el gabán... todas ellas nos remiten a otros tiempos en los que esas prendas estaban de moda y servían para protegerse del frío o de la lluvia. 


1 de junio en Burgos: cocina de leña con puchero

Volvamos a San Fermín y recordemos con qué decía la canción que había que ir a esas fiestas: 
A Pamplona hemos de ir,con una media, con una media.
A Pamplona hemos de ir,con una media y un calcetín.

Sí, con una media y un calcetín, aunque haya quien prefiera cambiar la media por la bota: con una bota y un calcetín.

¿Bufandas, botas, medias o calcetines? 

Mantengámonos fieles a la tradición, pero no desdeñemos las versiones de fusión:

Si llega el cuarenta de mayo y no te has quitado el sayo, llegarás a San Fermín, con una media y un calcetín.

Actualización del 09 de junio del 2013: 

Sigue el frío y la lluvia y el refrán se va consolidando con curiosas variantes que nos remiten a las fiestas de verano en el País Vasco: 

Hasta la Virgen de Begoña, quitarse el refajo ¡ni de coña!
Llega Celedón y nosotros con edredón.

(Gracias a Natalia del Sastre por estas dos variantes llegadas desde Basauri)

Bibliografía
  • BADARE: base de datos sobre refranes del calendario y meteorológicos en la Romania. Universidad de Barcelona. [En línea]:  (http://stel.ub.edu/badare/).

Notas:

(1): Actualización 10 de junio del 2013.

miércoles, 3 de abril de 2013

Número 31: Mal de muchos...

Me incluyo entre los que dudan a la hora de rematar el refrán y no se deciden por si fue antes el huevo o la gallina: 


¿el consuelo es para todos, o solo para los tontos?

Pancartas en una manifestación con quejas sobre la falta de vivienda

No faltan razones para la duda, pues desde que este refrán está dando vueltas por el mundo castellano, la vacilación ha surgido tanto en boca del pueblo como en la boca de los eruditos.

En la Edad Media el refrán rezaba Mal de muchos, gozo es, así lo recoge el Marqués de Santillana, y así lo encontramos explicado en el Seniloquium;
Mal de muchos, goso es.
Quizás este proverbio se diga, porque quien tiene multitud de pecadores como cómplices, no es castigado por la Iglesia. Lo confirma Agustín en el libro II de Contra la carta de Parmenio. Cuando se constatan las pretensiones desmedidas de muchos se debe disminuir algo en severidad. Agustín lo explica en la Carta a Bonifacio. Cuantas veces cae en falta el pueblo o una masa, puesto que a todos por ser multitud no se les puede castigar, suele levantarse la mano. La severidad debe exigirse sobre las faltas de unos pocos. Así lo aconseja Agustín en la Carta al obispo Aurelio. Un delito cometido por una gran masa del pueblo se minimiza enormemente.
Este proverbio lo dicen quienes son amonestados a la penitencia y buscan aliados en el castigo, gozosos de encontrarse muchos semejantes a ellos. De ahí que las amenazas no les atormenten, ya que las sufrirían con muchos. Agustín lo comenta en la Homilía sobre la penitencia. Sirve de consuelo a los familiares y vecinos de los asesinados ver el castigo y el dolor de los asesinos. Alguno se consuela a sí mismo, cuando ve perecer a otros con él. Existen otros que voluntariamente prefieren perecer, si destruyen con ellos a su enemigo.
El mal se está asimilando aquí al pecado, a la mala acción, pero mal puede referirse también al daño sufrido en propias carnes, como vemos en los consejos que un padre da a su hijo —Refranes famosísimos y provechosos glosados— donde encontramos en el capítulo de cómo debe guardarse de los malos vicios:
De este dal dal yo merezco el mal. Y como por ellas fueres caído en algún mal, busca otros que hayan pacido por donde tú paces con quien tú puedas razonar y consolar, que
Aquél es buen cirujano, que ha sido acuchillado, y
Mal de muchos conorte es. No te mates ni te desesperes por cosa muy terrible que contecer te pueda, que
A todo hay remedio, sino a la muerte.
Conorte viene de conortar: animar a uno amonestándole y dándole consejos sanos y buenos; es decir que el mal de muchos oscila aquí entre el pecado y el daño sufrido, siendo en cualquier caso bueno juntarse con otros que hayan «pacido» en los mismos lugares, porque en ello se encuentra consuelo: Mal de muchos, consuelo es, dice el zaragozano Pedro Vallés.

Mal de muchos, gozo es, insiste Hernán Núñez, y Correas resume y amplía la perspectiva: 
Mal de muchos, gozo es. Mal de muchos, conhorte es

dice con una doble formulación; pero la palabra conhorte, también escrita conorte, como ya hemos visto, o conforte, como escribirá más tarde la Academia, aparece como clave para explicar dentro de la circularidad otros refranes relacionados:
Mal ajeno pone consuelo.De no verse en lo mesmo, y porque «Mal de muchos, gozo es» o  «... conorto es». 
Todos los duelos, con pan son buenos.
Este es el refrán viejo; quiere decir que con pan tienen conorto y consuelo. 
En este punto todo parece llevarnos a que efectivamente el mal de muchos venía a ser consuelo si no de todos al menos de la mayoría, pues no faltaba la ironía tal como nos manifiesta esta copla de Rojas Villandrando (1603) tal como nos recuerda Iribarren:
Sáqueles un alguacil

arrastrando del pescuezo,

que mal de muchos es gozo

y duelos con pan son menos.
Baltasar Gracián en El Criticón parece querer poner las cosas sus sitio cuando cuestiona la veracidad de algunos refranes antiguos en un supuesto bando: 
—Un bando que manda echar el coronado Saber por todo su imperio de aciertos.
—¿Y a quién destierran? ¿Acaso al Arrepentimiento, que no tiene cabida donde hay cordura, o a su grande enemiga la Propia Satisfación?
—¿Publícase la guerra contra la envidiosa Fortuna?
—Nada de eso es —les respondieron— sino una crítica reforma de los comunes refranes.
—¿Cómo puede eso ser —replicó Andrenio— si están hoy tan recibidos que los llaman Evangelios pequeños?
—Recibidos o no, llegaos y oíd lo que el pregonero vocea. Atendieron curiosos, y después de haber prohibido algunos, oyeron que proseguía así:¡Quemados que estuvieran los nidos encubridores y las redes de las arañas de las escribanías, atentas a coger la mosca del mal aconsejado pleiteante! Aquello de Dios me dé contienda con quien me entienda, sin duda que fue dicho de algún sencillo; los políticos no dicen así, sino con quien no me entienda ni atine con mis intentos ni descubra de una legua mis trazas. El dormir sobre ello es una necesidad muy perezosa: no diga sino velar.
Ítem se prohibe como pestilente dicho, mal de muchos, consuelo de todos; no decía en el original, sino de tontos y ellos le han adulterado. 
Esta redacción del refrán se conservó en los años venideros y así lo recoge la versión del diccionario académico de 1831:
Mal de muchos, consuelo de tontos Refrán con el que se niega que sea más llevadera una desgracia cuando comprende a crecido número de personas. Los que tienen contraria opinión dicen Mal de muchos consuelo de todos.
El gran paremiólogo Sbarbi es de parecida opinión según recoge Iribarren:
Mal de muchos, consuelo de tontos. Nosotros añadiríamos: y de discretos. Niega que sea más llevadera una desgracia cuando comprende a crecido número de personas. Los que tienen contraria opinión dicen: Mal de muchos, consuelo de todos.
Rodríguez Marín (1926), al recoger este refrán, hace una simbiosis de ambas formas: Mal de muchos, consuelo de todos —o de tontos, y añade una glosa aportando cómo se siente este refrán en la Toscana: Mal comune, mezzo gaudio, que indudablemente conecta más con la primera versión recogida, que con la segunda.

Modernamente Celdrán Gomariz (2009) parece inclinarse por la versión de los tontos, ya que no puede producir ningún consuelo la desgracia de muchos. Aporta como refrendo otra serie de refranes en la misma línea, que, aunque menos citados, no dejan de presentar un interés: Mal ajeno no pone consuelo; Mal ajeno no cura mi duelo y Mal ajeno no me causa desvelo, añadiendo una copla para reforzar este sentimiento:
Ni a mí me alivian tus males,

ni el que lo padezcan otros;

que mal de muchos fue siempre,

el consuelo de los tontos.
Cantera Ortiz de Urbina (2012) prefiere separar claramente ambos refranes atendiendo por un lado a la línea clásica:
Mal de muchos, consuelo / gozo / conhorto es.Se dice para referirse a quienes, al darse cuenta de que se trata de un mal que afecta a muchos, parecen sentir algún alivio para sobrellevar el suyo.
Pero decantándose claramente por la supuesta modernidad:
Mal de muchos, consuelo de bobos / tontos.Se dice, con bastante razón, para poner de manifiesto cuán necio es consolarse de su propio mal por darse cuenta de que ese mismo mal afecta a otros. 
Ahora bien, más allá de lo que digan los especialistas y como hemos repetido en más de una ocasión, el verdadero significado de un refrán, el que le da el pueblo, solo lo podemos ver viendo cómo lo usan los hablantes, y en el caso que nos encontramos no faltan ejemplos ni en un sentido ni en el otro. ¿A qué atenernos? 

Todo parece indicar que ambos refranes, como apunta el profesor Cantera, conviven y gozan de buena salud en nuestra lengua, aunque no faltan las vacilaciones y reflexiones como nos muestra el siguiente fragmento encontrado en la Red:
La falta de autoestima«Mal de muchos, consuelo de todos»Puede ser una de las consecuencias de la pérdida del empleo: la caída de la autoestima y de la confianza en uno mismo. En estos casos, Bucay aconseja cambiar la manida pregunta de «¿y por qué a mí?» por «¿y por qué no me iba a pasar a mí» y, además, recurrir a la sabiduría popular. El experto recuerda que el refranero castellano dice «Mal de muchos consuelo de todos», una frase que se ha transformado -erróneamente, según el psicoterapeuta- en «Mal de muchos consuelo de tontos». Asegura que una persona sí puede consolarse al saber que no es el único en vivir una situación delicada (http://www.diariosur.es/20091128/sociedad/pasar-20091128.html, consulta: 03/04/2013).
En otro testimonio, un comentario a  una entrada en el blog de Jiménez Losantos, se mantiene la misma tesis de que ha de volverse al sentido primitivo de que la compañía consuela. Tras resumir lo que se sabe de ambas versiones del refrán (probablemente siguiendo a Iribarren), el comentarista concluye:
Luego no es achaque de tontos, sino cosa de todos, aunque se haya querido corregir o ridiculizar esa inclinación llamando tontos a todos los que la sigan. Ahora bien: que a la gente le gustan las catástrofes, sean naturales o tertuliables, está a la vista de todos, día a día y casi hora a hora, en la televisión (http://blogs.libertaddigital.com/blog-de-federico/para-el-verano-lecturas-decepcionantes-y-reconfortantes-11411/2.html, consulta: 03/04/2013).
En otros idiomas, ya hemos visto el ejemplo aportado por Rodríguez Marín, parecen inclinarse también por la compañía como consuelo, así ocurre en inglés: Two in distress makes sorrow less, o en portugués: Mal de muitos, consolo é; pero no faltan las voces discordantes, como en francés:  Malheur de plusieurs, consolation d'idiots.

Quizá, lo mejor a estas alturas sea tomar por la calle del medio e irnos a la modernas versiones:


Mal de muchos, epidemia
o

Mal de muchos, consuelo de frikis. 

Bibliografía 

  • Cantera Ortiz de Urbina, Jesús (2012): Diccionario Akal del refranero español. Madrid: Ediciones Akal.
  • Celdrán Gomariz, Pancracio (2009): Refranes de nuestra vida. Con su explicación, uso y origen. la vida cotidiana. Barcelona: Editorial Viceversa.
  • Correas, Gonzalo (1627 = 2001): Vocabulario de refranes y frases proverbiales, ed. Louis Combet, revisada por R. Jammes y M. Mir, Madrid: Castalia. Nueva Biblioteca de Erudición y Crítica, 19.
  • Iribarren, José María (1994): El porqué de los dichos. Pamplona: Gobierno de Navarra. 6.ª ed. 
  • Núñez, Hernán (1555 = 2001): Refranes y proverbios en romance. Edición crítica de Louis Combet, Julia Sevilla, Germán Conde y Josep Guia. Madrid: Guillermo Blázquez, Editor; 2 vols.

    martes, 15 de enero de 2013

    Número 28: El veinte de enero, San Sebastián el primero

    Alrededor de la festividad de San Sebastián, que se celebra el 20 de enero, se construyen una serie de refranes, con réplicas y contrarréplicas, de las que podemos encontrar curiosas variantes no solo entre los distintos pueblos, sino incluso a nivel personal.

    Veamos uno de estos ejemplos, que situamos en la Ribera del Duero según nos muestra la viñeta de humor gráfico publicada el 20 de enero del 2008, en la que se ve como dos niños juegan con espadas y escudos ante la atenta mirada de un preceptor religioso:


    —¡El veinte de enero, San Sebastián el primero!
    —¡Detente varón, que primero es S. Antón!
    —¡Detente, vasallo, que primero es S. Hilario!

    A lo que el cura vigilante añade satisfecho:

    ¡Esto era enseñanza y no la de ahora!!

    Pese a que el orden en el que aparecen los distintos santos, o sus festividades, induce a pensar en una ordenación cronológica, en realidad tenemos que pensar en la importancia que estos santos tienen para los distintos pueblos o incluso los distintos barrios, como veremos a continuación.

    La festividad de San Sebastián se celebra en numerosos pueblos de España. Suele ser una festividad ligada a los hombres, con su cofradía, procesión y prácticas asociadas, para celebrar por todo lo alto esta fiesta a tan solo unos pocos días de las últimas celebraciones navideñas. A pesar del frío y los rigores que suelen concurrir en esos días, los más fríos del año, la fiesta de San Sebastián propiciaba la visita de familiares, los bailes en los salones cerrados y la degustación de los primeros chorizos y lomos de la matanza; luego, sin duda, vendrían otros santos, pero

    El veinte de enero, San Sebastián el primero.
    De los santos frioleros, San Sebastián el primero.
    Procesión de San Sebastián en Caleruega (Fuente: caleruega.blogspot.com)

    Unos días antes, el 17 de enero, nos encontramos otra festividad muy popular en numerosos pueblos de España, San Antonio Abad, conocido popularmente como San Antón, patrono de los animales y también de los chicos, de los hombres; de ahí que estos celebren a su santo patrón con especiales meriendas con los amigos, en las que no faltaba tampoco el choricillo guardado de la reciente matanza expresamente para ese día. 

    No debe extrañarnos, por ello, encontrar fáciles réplicas al mencionado refrán:

    El veinte de enero, San Sebastián el primero. «Detente, varón, que es primero San Antón».

    Ahora bien, ya hemos dicho que nos encontramos ante un caso más de rivalidad entre los pueblos, por lo que no debe sorprendernos encontrar otras variantes, como las que recogen Cantera Ortiz de Urbina y Sevilla Muñoz (2001:16):

    A veinte de enero, San Sebastián el primero. «Detente, bruto,  que es primero San Canuto»,

    celebrándose San Canuto el 7 de enero. 

    O este otro, que requiere explicación  adicional:

    A veinte de enero, San Sebastián el primero. «Detente, varón, que es primero San Antón».«Hombre, mira lo que dices, que primero es San Felices; y si vamos a las leyes, primero son los Reyes».

    Este San Felices, en realidad San Félix presbítero, de Nola (Italia), se celebra en algunos lugares, pero parece entrar en este refrán más por la fuerza de la rima que por su importancia. Sin embargo, no nos dejemos engañar. 

    Decíamos que pese a la aparente ordenación cronológica de estas variantes, esta lógica se rompe con la irrupción en las series de San Vicente, que se celebra el 22 de enero, con variantes que hemos recogido en los pueblos ribereños de Quintana del Pidio (Burgos)  y Alcozar (Soria): 
    El veinte de enero, San Sebastián el primero.
    Detente, varón, que el primero es San Antón.
    Detente, detente, que el primero es San Vicente. 

    ¿Cómo puede ser «primero» San Vicente que San Antón? La respuesta es sencilla, y es que hay que atenerse a la importancia de las fiestas y no a su orden en el calendario.

    En un ambiente pastoril, las fiestas de Navidad, fiestas protagonizadas en buena parte por pastores, estos dejan sus refugios en el campo y pasan los días del crudo invierno en los pueblos, aprovechando para divertirse, no es de extrañar que las fiestas se prolonguen durante todo el mes:

    Para el 20 de enero, San Sebastián el primero.
    No, detente, detente, que primero es San Vicente.
    Ah, no, detente, varón, que primero es San Antón.
    No tengas tantas leyes, que primero son los Reyes.
    No tengas tanto cariño, que primero es el Día del Niño (González Muñoz, 1997)

    Antes de despedirnos, nos vamos a Valencia, donde los llamados porrats o porrates, ferias celebradas bajo la advocación de un santo, van recorriendo los barrios donde están las distintas iglesias. En un artículo del Abc, de los años 30 del siglo XX encontramos bien descritas estas ferias y también la clave de la importancia de los distintos enclaves: 

    Todavía ha llegado hasta nuestros días, ponderando la importancia de los antiguos porrates, unos pareados, con los cuales varios interlocutores pretenden fijar la prioridad de estos porrates:
    Dice uno:
    De los porrates de enero,
    el primero es San Valero.1
    Y contesta otro:
    Detente, varón,
    mero es San Antón.
    Y replica un tercero:
    Detente, detente,
    el primero es San Vicente.

    Volvemos a San Sebastián y a Burgos, a la localidad de Quintana del Pidio, donde San Sebastián se celebra de una forma especial,  y donde Juanjo Calvo nos recuerda este año una coplilla en la que el suplicio sufrido por el santo romano se entremezcla con los mejores deseos para las suegras en una fusión una vez más de la religiosidad popular y el humor más negro:

    Glorioso San Sebastián
    todo lleno de saetas
    como tu alma, mi alma,
    como tu cuerpo, mi suegra.

     Bibliografía

    Cantera Ortiz de Urbina, Jesús y Julia Sevilla Muñoz (2001): El calendario en el refranero español. Madrid. Guillermo Blázquez, editor.
    González Muñoz, José María (1997): «Paremiología del Alto Tietar», Paremia, 6, pp. 287-290.
    Llorente Falcó, T (1934): «Los «porrrats» valencianos», Abc, 03/02/1934, pp 6-7.
    Martínez Kleiser, Luis (1945): El tiempo y los espacios de tiempo en los refranes. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez.

    1 La festividad de San Valero se celebra el 29 de enero, San Antón el 17 de enero y San Vicente el 22 de enero.

    martes, 8 de enero de 2013

    Número 27: En enero, florece el romero

    Flor temprana donde las haya, las florecitas azules del romero empiezan a colorear con las primeras luces de enero.



    Romero florecido. Foto tomada en Gumiel de Izán el  4 de enero del 2013
    Ya lo canta uno de nuestros villancicos más populares:
    La Virgen lava pañales,
    y los tiende en el romero,
    los angelitos cantando,
    y el romero floreciendo.
    Cuenta la leyenda que Dios premió al romero con esas florecitas tempranas y azúles en agradecimiento por recibir y perfumar los pañales que la Virgen tendía.
    Los ingleses, y siempre según la etimología popular, cuentan algo similar para justificar el nombre de este arbusto en inglés, rosemary. Siguiendo a los folkloristas, la Virgen tendería su manto azul sobre un romero de flores blancas, volviéndose azules, y pasándose a denominar la planta de ese modo rosa de María.

    La diosa griega Afrodita, flor del mar, está presente también en la etimología del nombre de la planta: ros (rosa) y marinus (del mar), la rosa del mar, propia de ambientes mediterráneos.

    Conocida desde la Antigüedad por sus múltiples propiedades curativas —El romero, de virtudes está lleno— saca partido de su homónimo para construir una adivinanza que nos habla de ellas y de la importancia de su perfume:
    Mi nombre es de peregrino
    y tengo virtud notable,
    me encuentras en los caminos,
    y mi olor es agradable.
    El abanico de enfermedades capaces de aliviar o prevenir el romero es amplio, pero el maestro Correas supo resumirlas en una famosa sentencia: Mala es la llaga que el romero no la sana.Cultivada o silvestre, se prodiga en coplas por todos los pueblos de España:
    A la flor del romero,
    romero verde;
    si el romero se seca,
    ya no florece.

    En cualquier caso no olvides que quien va al monte y no coge romero, no tiene amor verdadero.


    Actualización 

    (29 de enero del 2013)
    La superstición sobre las propiedades del romero llega también a Internet en forma de cadena.
    Como es habitual no se debe cortar la cadena pues los bienes se convertirán en desgracias.
    Al principio del texto de la cadena, que reproducimos más abajo tal como la hemos recibido, aparece un refrán incompleto, Que salga lo malo y entre lo bueno, parte de una jaculatoria que tiene por lo menos dos versiones:
    Santo romero, santo romero, que salga lo malo y entre lo bueno
    o
    Día del romero, que salga lo malo y entre lo bueno.


    Te mando el romero y un abrazo...
    Maceta con romero

    ..Que "salga" lo malo y "que entre" lo bueno!!
     ¡¡ Hoy es el día del Romero y tienes que leer este mensaje desde el principio para que se cumpla el refrán!!! ¡¡¡ Si recibes esto el refrán en ti se hará realidad si es que lo necesitas y pronto verás que tu vida cambia para bien !!! Si cortas la cadena el refrán puede cumplirse pero al revés...
    Tienes que enviarlo a ocho personas que quieras
    ¡ Aprendí, que quien no te busca, no te extraña
    y quien no te extraña, no te quiere.
    Que la vida decide quien entra en tu vida,
    pero tú decides quien se queda.
    Que la verdad duele una sola vez
    y la mentira duele siempre.
    Por eso, valora a quien te valora
    y no trates como prioridad a quien te trata como una opción...
    Quien te lastima, te hace FUERTE;
    quien te critica, te hace IMPORTANTE;
    quien te envidia, te hace VALIOSO;
    y a veces es divertido saber que….
    aquellos que te desean lo peor...
    tienen que soportar que…
    ¡¡¡ te ocurra lo MEJOR !!!
     ¡Espero el mío!!