RelucenVersos repescados del primer poema que abre la segunda parte de Brillante.
conmutadores de lacre
contra el flashback,
de lo que todavía desconozco.
Una amiga, seguidora y muy very fan de este cuaderno de bitácora, me dice que rara vez hablo de música, y yo le recuerdo mi eterna disculpa: tengo una oreja enfrente de la otra, lo cual no quita para que dentro de mí resuenen algunos sonidos; y por alguna asociación de esas extrañas que produce la poesía, este librito me trae a la memoria esa canción de Sabina que se ha convertido casi en himno de muchas cuadrillas que hace tiempo que peinamos canas.
Elijo esta versión, cantada a dúo hombre-mujer, porque durante mucho tiempo nos alegró los bytes cotidianos, y de vez en cuando está bien acordarse de los compas, de Juan y Ninos, porque éramos compañeros y sin embargo, amigos.
Añado también, para lo de la cultura, que a otro lector de Brillante, le trae también a la mente esta canción, aunque en la versión de Los Secretos, versión que no conocía y que agradezco. Bueno, ya solo nos queda que el señor Lobato nos confiese que efectivamente, que además de todas esos precedentes literarios con los que explícitamente nos regala, se inspiró también en las desgarradas canciones del aspirante a Nobel español, y digo esto porque ayer volví a oír esa alusión a cuenta del Nobel de Dylan, en claro menosprecio no solo al autor americano sino también a todos los letristas y cantautores que en el mundo son.
¡Va por ellos! ¡Va por todos los poetas en la sombra!
Bien, la poesía toca fibras, ya lo he dicho, y algunas tocan resortes según voy avanzando en el encuentro amoroso, antes de llegar al desamor, del poeta con su amada, palabras que recuerdan el futuro: «te besé mañana»...
Lamentablemente el mañana es bien distinto, porque en algún lugar lo has dejado claro:
Perdóname:Pues me vas a perdonar tú, pero de mi vida no tienes por qué ocuparte, no soy tuya.
quiero ocuparme de tu vida.
Me vuelvo con mis hermanas a la Puerta del Sol, a gritar a la luz de una vela, no de desamor, sino de impotencia, porque son muchas las caídas en este año, cuenta tramposa que pone el marcador a cero cada 1 de enero:
Esta cifra,Releo tus versos en mal momento, será el azar, quédate con ellos, esos que como Sabina comenzaste a escribir... Mi cuerpo guarda buen recuerdo de esas heridas a las que aludes, no son metáforas:
desconecta el prototipo de otra fase,
tu azar exacto,
la desconfianza.
Porque
ya no quedan hendiduras
donde escribir
deseo volver
a tu perfume.
Indico una pesadillaSí, los zapatos rojos de mis hermanas, mudos testigos de tus maltratos:
conectada a su vestido rojo
...
Asumo¡Basta ya!
que vive dispuesta para llorar.
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| Imagen tomada de Las de Sol |
Perdóname, fui a releer tus versos seguramente en muy mal momento.
Comentario para el club de lectura La Acequia.
