Mostrando entradas con la etiqueta #poesía. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta #poesía. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de enero de 2023

Núm. 280. Tierra desde la tierra

 

 


«La poesía es uno de los muchos refugios, uno de los muchos espacios de libertad que todavía nos quedan.»

Son palabras que pronuncia uno de los asistentes a la presentación del poemario Tierra, de Marian Giménez. 

He disfrutado de Tierra como debe leerse la poesía, en eso estábamos todos de acuerdo: abriendo el libro un poco por donde caiga, leer un poema, despacio, pensando en las palabras, dejándose acariciar por el ritmo, fundiéndose con el todo...; luego, si acaso, leer uno más, y como mucho otro, y cerrar el libro hasta el día siguiente.

Quizá, por la propia estructura física del libro, leamos más de una vez, más de un día, el mismo poema, quizá pasemos una y otra vez por el Skyline de Tetuán:

Conozco a gigantes que no les importa mecerse 

con el viento.

Se desprenden de sus frutos maduros, alimentan

y siembran de nuevo.

Acogen a la gente.

En la página anterior, Marisa. Marisa abraza el tronco de una morera, la morera de Tetuán, en un juego de luces y sombras. Las luces iluminan una calle con coches todavía con vida, las sombras, las sombras...

Cuando mira el sol ponerse desde el Canal

o desde su casa expropiada

convierte los últimos rayos de luz

en los primeros del día siguiente.

Tierra es un canto a la esperanza desde la lucha. La lucha que nace de la tierra, porque tierra somos y antes de volver a ella, tenemos que dejar un mundo lo suficientemente habitable para los que vienen detrás. Una lucha que pasa por la austeridad consciente de que no podemos consumir ni un átomo más de lo necesario, que no somos sus dueños, que somos una más de sus criaturas.

En algún lugar, existe el silencio sin velocidad.

 

Marian nos revela su comunión con la naturaleza en los Montes de Toledo, de donde es originaria, nos hace partícipes de esa esperanza del agua que brota en lo alto y se despeña por espacios no hollados por pie humano:

Las ondinas y señoras de las aguas cuidan con esmero 

las aguas profunda de tu misterio.

Las mujeres, los cantos a las mujeres, que conforman la tercera parte del libro. Las mujeres fecundas, que salen de la tierra para «parir alegría», para llegar a la solidaridad de que formamos parte de ese todo y ese universo, que el futuro es nuestro, que está en nuestras manos:

Querida hermana, quisiera contarte que tus flores están con nosotros.

 


Los poemas entran por todos los sentidos, por todos los poros de nuestra piel, y nuestras pupilas buscan en esas fotografías, que tan sabiamente acompañan a las palabras, el complemento de todo ese infinito mensaje. 

Inmejorable simbiosis para un libro de poemas.

Enero de 2023   

 

Autor: Marian Giménez

Título: Tierra

Edita: Los Cordeles de la Dehesa, 2022

Nota: Las ilustraciones corresponden al propio libro.

domingo, 19 de enero de 2020

Núm. 219 Diario de tierras baldías

Muchos de los poemas de Juan José Calvo Pérez no tienen ni puntos ni comas. Solo la marca de final de verso, el salto de carro, parece querer indicarnos que hay que pararse un momento antes de seguir. Frases independientes, con inicial mayúscula, tal como marcaban los cánones antiguos para el verso, y que nos obligan, o mejor nos permiten, hacer propios esos versos cuando los leemos, interiorizándolos, y respirar a nuestro ritmo, porque a poco de empezar a leer nos damos cuenta de que sus versos son también nuestros.

Muro de la iglesia de Revilla, Quintana del Pidio al fondo


Adentrarse en las tierras baldías resulta fácil, al menos para aquellos que hemos nacido en ellas, porque enseguida se hacen tremendamente reconocibles.

Sauces, chopos, robles, encinas... salvia, tomillo, romero... espigas, algún rebaño... y las viñas.

Quizás convenga ir de un tirón hasta el final, avanzar casi sin respirar, y allí,
solo bajo el salce
Con un gintonic en la mano 
leyendo las explicaciones de cómo han nacido esos versos, volvamos hacia atrás para darnos cuenta de por qué es posible sentirse totalmente acompañado por el amigo en la soledad de los terrenos baldíos.
Volviste a los caminos
Caminos de tu infancia
La ermita de San Juan
El roble del Olmedo
Las ruinas de Santa María de Revilla
El río Gromejón y sus molinos.
Conducidos por la palabra, precisa, justa, tan justa que a veces se nos hace escasa, volvemos no solo a recorrer los caminos, sino a revivir las historias que en ellos ocurrieron.

Caminos que se bifurcan en un paisaje de ribera: cereal, viñas y algunos árbolessi

Estremece volver a subir otra vez hasta el páramo, allí donde las puestas de sol nos ofrecen la más maravillosa película que pueda filmarse en los días de julio, y sentir cómo el silencio de la noche y la sombra de las encinas avanza, nos envuelve, y bajo las estrellas y «el camino sereno trazado por la Vía Láctea» volver a sentir un tremendo escalofrío al vivir aquello que vivimos muchos años atrás.
¡Despertad a las encinas y a los robles!
¡Despertad a las jaras y al tomillo!  
La historia de julio termina con un deseo implacable, necesario:
 Y que no cese el canto profundo de las cigarras.

Foto en blanco y negro. Al fondo las ruinas de la iglesia de Revilla


Vuelvo al principio, vuelvo a Santa María de Revilla, que tantos recuerdos nos trae y que tan bien resume lo que sentimos cuando visitamos esas piedras, milagrosamente salvadas:
Son las piedras de la aldea despoblada.
Piedras de pajares y corrales,
bodegas y establos,
de la iglesia y los hogares.

En mitad de la ladera, con una vegetación pobre y sin árboles, se abren las puertas de las bodegas sin ninguna


* * * * *

Diario de tierras baldías
Autor: Juan José Calvo Pérez
Diseño de la portada y contraportada: Rodrigo Sanjurjo Añibarro, con fotos de Rafael de la Sota Cuesta.
Letrame Editorial
Septiembre, 2019.
ISBN: 978-84-17990-86-2

jueves, 8 de noviembre de 2018

Número 197. Un poema de Gerardo Diego


Toca hacer limpieza en el cuarto del fondo, ese cuarto donde has ido acumulando capas y capas de apuntes, revistas, libros... y ponerse a hojear algunos ejemplares que no te acordabas haberlos guardado, ¡por algo sería!, un poema que habla de la primavera, y que sin embargo, a mí se me antoja tremendamente otoñal:


Marzo marcea, Abril se abre.
Mayo delira, El Corpus sangra.
Árboles de primavera.
Árboles del soto.
Árboles del bosque.
Árboles de la vida.
Árboles, árboles, árboles.
Daos prisa, yemas, hojas,
savias, resinas, impaciencias,
capullos mínimos, flores, fragancias,
sombra movibles, toldos indecisos,
nubes errantes, lluvias de la sierra,
aguas felices, arroyos, albercas rizadas,
cotas de malla, agujas,
acequias y barandas y deslices y escuchos.
¿Cómo fue el milagro, muñones, codos, varas quebradizas?