lunes, 20 de junio de 2011

Número 17: Refranes sobre molinos en tiempos de don Quijote (II): Molinero maquilandero

En la entrega anterior, habíamos visto cómo el agua terminó yendo al molino, ahora el molino ya está en marcha...

... y ha de parar lo menos posible porque El molino y el castillo, quien lo quiere, vélelo de contino (Correas),  ya que El molinero velando gana, que no estándose en la cama (Correas). 

Tampoco suele tener el molinero mucho tiempo para la diversión, ni siquiera para la charla, siguiendo siempre al maestro Correas: Quien tiene molino y pie de altar, no te sientes con él a solazar y Con quien tiene molino que andar, no te pongas a solejar.

En la Edad Media ya comparaban, en comparación que hoy calificaríamos claramente com machista, las fatigas que hacían pasar tanto molinos como mujeres: Siempre requieren uso, mujer, molino y huerta encontramos en el Libro de buen amor, que resumió Correas en Al molino y la mujer, andar sobre él. Fuera o no fueran comparables mujeres y molinos, lo cierto es que la molinera tampoco estaba ociosa.  
En lo tocante a la molienda, el molinero no contaba con amigos:  Más vale aceña parada que amigo molinero, recordaba Hernán Núñez,  y Correas insistía en la necesidad de madrugar para ir al molino y estar allí en el momento del turno: Quien va al molino y no madruga, los otros muelen y él se espulga, reformulado en el siglo XX por Rodríguez Marín en Quien al molino ha de andar, cúmplele madrugar. Una vez en el molino había que tener paciencia: El que está en la aceña muele, que el otro va y viene (Correas), mientras que por parte del molinero, no siempre sobrado de clientes ni de agua para mover la rueda, su actitud no podía ser más clara: Sea mi enemigo, y vaya a mi molino (Correas). En definitiva, Que muela el molino, sea salvado, sea trigo (refrán sefardí). 
Víctor Pàmies prefiere una interpretación diferente del refrán catalán Qui matina fa farina, y deja libertad al individuo para distribuir su tiempo a lo largo de la jornada (actualización: 30-04-2014).

Las maquilas 
No le quiero molinero,
y porque le llaman
el maquilandero.
Que le quiero labrador,
que coja los bueyes
y se vaya a arar,
y la medianoche 
me venga a rondar...
cantan por tierras de Burgos, pregonando la mala fama de los molineros siempre ávidos de maquilas y dispuestos a maquilar más veces de las necesarias, otra vez labradores y molineros enfrentados, ahora por el beneficio de la molienda:
Bendígote, saco, y un celemín te saco; vuélvote a bendecir, y sácote otro celemín; cuanto te molieres pagarás lo que debieres (Correas).


Distintas medidas para el trigo



El molinero cobraba su trabajo en especie, quedándose con una parte, maquila, del trigo que debía moler. No había una cantidad fija, el porcentaje en verano era mayor que en invierno y la maquila se hacía a ojo, de ahí que la gente sospechara que el molinero se quedaba frecuentemente con más de lo debido:
No fíes en maquila de molinero ni en ración de despensero
recogió el maestro Correas.


La práctica de la maquila, con o sin sisa, dejó en la lengua algunas curiosidades, como Hecho de maquilas, es decir poco a poco, porque muchos pocos hacen un mucho, tacita a tacita, que diríamos hoy.

Y hablando de tazas hasta hace bien poco existía en muchos pueblos de España la costumbre de los garbanzos torraos, garbanzos tostados con a los que se les añadía yeso, y que servían de aperitivo en los días festivos: «Garbanzos torraos, raídos por colmaos», voceaban sus vendodores estando la ganancia en entregar una taza colmada y recibirla raída, es decir al ras, sin colmatar, estando la ganancia en el aumento de volumen que experimentaba el garbanzo y en esa pequeña cantidad que iba engrosando la ganancia del torraero.

Volvamos a nuestra maquilas: De maquilas se hicieron estas pilas, y de maquilones estos mesones, se hizo eco Rodríguez Marín ya en el siglo XX, y abundó sin dejar a dudas: Quien dijo maquilar dijo robar. La poca honradez atribuida a los molineros como a otras profesiones viene de antiguo: Cien sastres y cien molineros y cien tejedores son trescientos ladrones (Correas). 


Numerosas son las variantes que encontramos del refrán De molinero cambiarás, pero de ladrón no saldrás, refrán que ha ido adaptándose a los nuevos tiempos y hoy día es fácil encontrarlo aplicado a los políticos.

Corría el año 2006 y se celebraba la fiesta de Las Mondas en Talavera de la Reina: Desfilaban las carrozas cargadas de los primeros frutos que iban a ofrecer a la Virgen, como desde tiempo inmemorial habían sido ofrecidas a la diosa Ceres. Los representantes de los municipios de la zona pasaban provistos de la vara de mando a ocupar su sitio en las gradas que tenían reservadas, los espectadores de a pie comentaban: 
Carroza Las Mondas. Talavera de la Reina (2006)
—Mira, ¡qué orgullosos van algunos!
—No puede ser que haya tantos, serán los titulares más los chupones.
—Algunos no han quitado ni la etiqueta a la vara, por si acaso.
—¡Ay, amigo! Cambiarás de molinero, pero no de ladrón.
Mientras tanto, más o menos por las mismas fechas,  en el foro de la sede virtual de un pueblecito de la provincia de Burgos, un forista recordaba: 
Juanjo, decían nuestros abuelos: «Cambiarás de molinero, pero no de maquilador». Lo realmente importante es que el pueblo sea dueño del molino y que sepa moler. Mientras arrendemos el molino con nuestro voto y dejemos que nos muelan el grano, las cosas seguirán igual, sea quien sea el molinero (Tubilla del Lago  / ¿Qué opinan los pancarteros del « no a la guerra» de la victoria de Bush?)
Vamos, la versión clásica del No hay pan pa tanto chorizo que  estamos viendo estos días en nuestras calles.
Cartelas reinvindicativas de la Asamblea Popular de Tetuán
Aún más, las operadoras telefónicas tampoco se salvan de este Quien te maquila te esquilma (Rodríguez Marín), como podemos ver en este intercambio reciente en Facebook (15/04/2011):
Eso, eso, a comunicarnos con tan tan y adiós Facebook :-)
Al menos haríamos música y eliminaríamos a unos cuantos ladrones.
Recuerda: de molinero cambiarás pero de ladrón no saldrás. Mal por mal, Telefónica funciona en Tubilla.
—Pero hay que hacer algo para que no maquilen tanto.  

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